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DECANO DEL COLEGIO DE ABOGADOS DE VALENCIA

Rafael Bonmatí: «La Administración está tiesa»

Escogió la abogacía para seguir los pasos de su padre. La profesión le ha reportado grandes momentos de satisfacción, pero también le ha permitido escarbar en la miseria humana. «Este es un oficio donde ves el pus del alma», dice

27/08/2016 - 

VALENCIA. Aficionado a la novela histórica, asegura que su trabajo tiene poco de cinematográfico y mucho de «artesanía» con el cliente. Tres décadas en el despacho familiar le permitieron afrontar con aplomo las elecciones a decano del Ilustre Colegio de Abogados de Valencia (ICAV), institución que lidera desde hace más de un año. En este período ha tenido que encarar las protestas del turno de oficio, el problema de la digitalización y hasta un cambio de Administración. Su gran promesa electoral, la que le llevó a arrasar en los comicios, fue rebajar las cuotas un 10%...

—... y la llevó a cabo.

— Sí. Me comprometí a la reducción de un 10% de la cuota colegial durante los dos primeros años, y en el tercer trimestre de este mandato ya la hemos conseguido. Así se mantendrá durante 2016 y luego, si puedo, la volveré a bajar.

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— Aún sigue siendo más alta, por ejemplo, que la del Colegio de Madrid.

— Al final la cuota está en relación con los servicios que prestas. En la cuota del ICAV está incluido el seguro de responsabilidad civil que cubre hasta 300.000 euros por siniestro. Entonces, si de_ actas los distintos conceptos, no es tan alta. Pero si se puede minimizar, se hará.

— Lo agradecerán aquellos abogados que no están en su mejor momento.

— Somos una parte de la sociedad y un reflejo de lo que ocurre en ella. Como otros autónomos, estamos sometidos a las vicisitudes de la vida. A veces te va bien, otras no entra nadie por la puerta. Sinceramente, pienso que hay demasiados abogados. En general, en España están sobredimensionados los universitarios.

— Ya fue diputado y vicedecano del ICAV, ¿por qué se presentó al decanato?

—Pensaba que ya había cumplido con mis obligaciones colegiales, pero... (ríe). Una vez que estás fuera, te vuelven a ofrecer entrar y una situación te lleva a otra. Cuando te das cuenta, estás en unas elecciones donde te elige el 70% de los votantes.

— ¿Cómo compagina el cargo con la abogacía?

— Con mucho esfuerzo personal, pero es a lo que me comprometí. Es temporal, un mandato limitado en el tiempo. Me implica salir del despacho a las dos de la madrugada y, desde que soy decano, también trabajo todos los fines de semana, absolutamente todos.

— ¿Cuál es su siguiente gran reto al frente del ICAV?

— Queremos acometer una reforma en el área formativa y la Comisión Deontológica.

— ¿Entre sus prioridades no se encuentran los pagos atrasados del turno de oficio?

— Es un tema que ya hemos abordado conla nueva Administración autonómica. Diría que la tensión se ha reducido bastante. Se ha aumentado el presupuesto y vamos a seguir negociando un nuevo decreto. El problema del turno de oficio es el de la Administración de Justicia en general, que está infradotada presupuestariamente, porque nunca, ni la sociedad ni los políticos, lo han considerado un servicio público.

— Entonces, ¿no es partidario de la privatización del turno?

— Espero que nadie sea tan animal de llegar a eso. No es la solución, ¡ni mucho menos!

— ¿El ICAV refrendaría una huelga como medida de presión para agilizar el cobro?

— El problema es que el abogado de oficio, legalmente, no tiene derecho a huelga. Yo siempre estaré del lado de los colegiados, seré el primero. Pero muchas veces, con una huelga lo que se pone en juego es la libertad de los ciudadanos, y eso es sagrado.

— Habla de buena relación con la Generalitat, ¿han llegado a un acuerdo económico?

— La relación es fantástica. Lo que pasa es que el movimiento se demuestra andandoy la voluntad se demuestra presupuestando. De momento, estamos en economía de guerra y la Administración está tiesa. Nos han dicho que pueden llegar hasta donde pueden llegar, y es un incremento de la justicia gratuita en un veintitantos por cien, que está muy bien.

—¿Qué trato les profesaba el anterior Consell?

— De maltrato y ninguneo.

— Ante tantos escándalos de corrupción política, la gente ha depositado sus últimas esperanzas en la Justicia. ¿Se la juegan con casos como el de Imelsa?

— Debemos ser el último recurso. Las responsabilidades hay que exigírselas a los políticos que han sido unos asquerosos. Es una vergüenza todo el guarrerío que hay montado, es para correrlos a gorrazos de aquí a Lima. Claro que hay que meter en el trullo a los asquerosos, pero también hay que contar con mecanismos que impidan llegar a esto.

— ¿Está a favor de la independencia absoluta del Poder Judicial?

— La Justicia es un poder del Estado, también de la ciudadanía, y se deposita en los jueces. A partir de ahí, no creo que el control deba estar sólo en sus manos, es demasiado importante. Sin que signifique que estar politizada. El juez, por como está diseñado nuestro sistema legal, es independiente.

— ¿Informática y Justicia son términos antagónicos?

— Informática y Justicia nunca se han entendido. Siempre hemos ido décadas por detrás de la sociedad, porque no sabemos lo que es cambiar ordenadores o actualizar aplicaciones desde hace ocho o diez años. Los equipos con los que trabajamos están obsoletos y no soportan los nuevos sistemas operativos, como LexNET. Tampoco funcionan las impresoras, habrá acceso a la fibra en uno o ningún juzgado... en fin.

— ¿La digitalización sería el remedio a los retrasos en la Justicia?

— ¡Qué va! Es uno de los muchos problemas de la Justicia. Hay otros de gestión, de organización de la propia Oficina Judicial, donde hay competencias estatales, autonómicas, municipales. Entre unos y otros, la casa sin barrer. Por ejemplo, no hay movilidad funcionarial, de forma que llegas a un juzgado abarrotado y otro está vacío.

— ¿Por qué se hizo abogado?

— Por el ejemplo de mi padre y el amor a la profesión que él transmitía.

— ¿Cuáles han sido las mayores satisfacciones que le ha reportado esta profesión?

— Dentro del derecho, lo más bonito, con diferencia, es el ejercicio de la abogacía. Es variado, te permite estudiar, ganarte la vida, pero sobre todo, ayudar a los demás. Muchos asuntos te convierten en confesor del cliente, es un trabajo prácticamente artesanal. Aunque también tiene a veces su parte menos agradable porque, como decía mi padre, el médico ve el pus del cuerpo y el abogado ve el pus del alma.

(Esta entrevista se publicó originalmente en el número de abril de la revista Plaza)

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