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CUANDO ÉRAMOS RICOS / OPINIÓN

La Feria de las vanidades

5/07/2021 - 

VALÈNCIA. Ha costado tanto, que no me acabo de creer que todos los problemas de Feria Valencia estén resueltos. Escepticismo es lo mínimo que uno puede mostrar cuando esta es la ¿tercera? ¿cuarta? ocasión en la que se nos ha dicho que sí, que ya se ha encontrado la "fórmula de la Coca-Cola" –Natxo Costa dixit– para que Feria Valencia deje de ser un engendro jurídico y su millonaria deuda sea asumida por la Generalitat, como si no llevásemos años pagándola en el presupuesto autonómico.

La solución ha sido nacionalizarla. Tantos años discutiendo si era pública o privada y al final resulta que solo había que asumir que si Feria Valencia nos cuesta cada año 30 millones de euros, nos la quedamos para hacer con ella lo que consideremos. Porque lo que no estaba nada claro era que la Generalitat pagase la millonaria ampliación de 2012, bajo sospecha por unos sobrecostes que nunca serán aclarados, y al final fuera el Ayuntamiento de València el que se quedase esos pabellones financiados por todos.

En la Conselleria de Hacienda lo tenían asumido desde hacía tiempo, pero llegar hasta aquí ha costado lo suyo. Porque si cuando la discusión entre administraciones se encona incluso cuando son del mismo color, que es lo que pasaba con el PP, no digamos cuando intervienen varios partidos, que es lo que pasa ahora con la Nau y el Botànic. Y si al juego de vanidades se suman empresarios que también quieren decir la suya, la cuestión adquiere tintes tragicómicos.

El desgaste reputacional del Botànic con Feria Valencia no debería hacernos olvidar que fueron los desmanes del PP los que casi la hunden

Precisamente este lunes se cumplen justo cuatro años desde que el Ayuntamiento, la Generalitat y Feria Valencia presentaron el protocolo de intenciones que definía los compromisos asumidos por cada una de las partes para que el recinto fuera autosuficiente y la Generalitat recuperase lo invertido en él. Según el mismo, la Conselleria de Hacienda tenía que encargarse de traspasar la deuda de la Feria a la Generalitat, la de Economía tenía que definir el modelo de funcionamiento (consorcio, fundación, empresa...) y el Ayuntamiento aceptaba ceder el uso del recinto con una concesión demanial.

Pero una pandemia y cuatro años después, al final ha sido el departamento de Vicent Soler el que ha solucionado la deuda y todo lo demás. Tal vez ha faltado diligencia y destreza para desarrollar el plan, pero lo que seguro no ha ayudado ha sido el hecho de que el PSPV y Compromís hayan hecho de Feria Valencia uno de los escenarios favoritos de sus batallitas.

Representantes del ayuntamiento, la Generalitat y Feria Valencia, el día que presentaron el protocolo de intenciones para reestructurar Feria Valencia

Porque de todos los marrones heredados del PP, ninguno como Feria Valencia ha sido peor gestionado por el Consell en cuanto al daño autoinfligido a su propia imagen. El desgaste reputacional del Botànic con este asunto ha sido tan sostenido y prolongado que no debería hacernos olvidar que, en realidad, fueron los desmanes del PP, que con su uso y abuso de la Feria engordó el millonario agujero que casi la hunde.

Nunca está de más recordar que, cuando éramos ricos y Feria Valencia iba como un tiro, los jefes colocados por los populares no se cortaron en tirar de visa para cargar al recinto vuelos en primera, hoteles de lujo, regalos para políticos o entradas para la Fórmula Uno y los toros durante más de una década de desenfreno que ni siquiera cesó con la llegada de la crisis de 2008.   

Si al final de toda esta historia prospera la integración en el sector público instrumental de la Generalitat (¡otra empresa pública!), será justo reconocer la disposición del alcalde de València, Joan Ribó, para dar un paso que Rita Barberá nunca hubiera consentido, el de aceptar que si la infraestructura ferial la paga la Generalitat, es justo que se la ceda sine die para hacer con ella lo que considere sin mermar el patrimonio municipal.

También la implicación del subsecretario de la Conselleria de Economía, Natxo Costa, que si algo ha demostrado ha sido estar comprometido con la continuidad del proyecto ferial y siempre ha tenido en cuenta los intereses de los sectores empresariales implicados, aunque no haya dado con la fórmula para definir el modelo.

Y por supuesto el esfuerzo de la secretaria autonómica de Modelo Económico, Mako Mira, para conseguir que bonistas y obligacionistras tragasen con la subrogación de la deuda por la Generalitat y ahora con la creación de la mercantil como solución que permita a Feria Valencia operar con la agilidad que necesita para volver a crecer libre cargas.

Rafael Climent y Natxo Costa. Foto: KIKE TABERNER

Pero mucho me temo que la creación de la sociedad mercantil Feria Valencia SA o como se llame finalmente no será el último episodio de un serial del que aún quedan muchísimas cuestiones por aclarar. Por lo pronto, la Conselleria de Economía tendrá que concretar la ayuda de hasta 9,2 millones de euros que no acaba de sacarse de los dedos, porque Feria Valencia lleva meses pagando las facturas con cargo al FLA y con toda la plantilla en ERTE.

Además, se pondrá a prueba la firmeza de la Conselleria de Hacienda para ejecutar el pretendido ajuste de estructura y personal para adaptarla a la realidad del escenario postpandemia y habrá que ver de qué manera se optimizará el uso de cada metro cuadrado del recinto. 

Y uno de los temas estrella será el equilibrio de fuerzas en la nueva empresa, comenzando por decidir quién ocupa la presidencia, en la que se ha prometido dar juego a los empresarios. Lo que está claro es que esta nueva etapa pondrá a prueba la capacidad de unos y otros para aparcar egos y vanidades y aprovechar el potencial del recinto. Confiemos en que atinen.

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