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EL MURO / OPINIÓN

Las inquietudes del 'Pela'

Las playas se van llenando y algunos ayuntamientos han visto en ellas su negocio. Tanto que alquilan su primera línea. Dicen que para evitar la guerra de las sombrillas. Animar la bancarrota del sistema parece el objetivo. Tanto como vaciar la hucha de las pensiones mientras los morosos nos deben 16.000 millones. Hay más trabajo precario y eventual, por supuesto, para silenciar la movilidad exterior

10/07/2016 - 

Como están próximos los días de vacaciones, la pasada semana decidimos acercarnos a nuestro modesto apartamento en la playa para poner la casa en marcha. Este año, al igual que el pasado, los días de “descanso” serán breves. Es nuestro sino. Para algo somos autónomos y apenas tenemos derechos ni privilegios. En cuanto nos descuidemos tendremos que estar de nuevo al día con el papeleo, las cuotas correspondientes y en orden para continuar sobreviviendo. Nosotros sí somos Hacienda y Estado. No podemos saltarnos ningún escalón o vendrán a buscarnos. Nos califican como el motor de la economía.

Sin dudarlo y como siempre por estas fechas, he decidió acercarme a saludar a Jacinto “El Pela” -le llaman así porque su familia se ganaba la vida vendiendo peladillas en las ferias de la comarca-. Es un tipo duro. Así le ha hecho la vida. Jacinto es listo, muy listo aunque dejó los estudios y su apariencia opine lo contrario. Ha hecho dinero a base de esfuerzo. Lo suficiente para ir tirando. Sabe por viejo aunque sea diablo. Hasta su rodilla es más fiable que una agencia de meteorología. Le gusta la vida, disfruta del clima de la zona y desconfía de las alabanzas. Un día decidió no salir de su población y vivir al margen del ruido mediático.

En una ocasión intentaron auparle a la política. Como sabían que tenía cierto dinero, una gran capacidad analítica, poder de persuasión y una mente prodigiosa, aunque en el colegio se rieran de él por su acento y su aspecto poco ortodoxo para la capital, lo fueron seduciendo hasta que cayó. Aceptó acudir a una reunión de un partido del municipio, pero sin compromisos. Lo sentaron en la primera fila. Él escuchó paciente los monólogos huecos. No estaba cómodo con el ambiente pero aguantó por cortesía. Hasta que harto de escuchar al nuevo líder y recién elegido alcalde, al que conocía bien antes de saltar a la política tras llevarle durante años los productos de su campo para que aquel hombre que trabajaba en la descarga de camionetas los pusiera en la línea de limpieza, levantó la mano. Hubo un silencio.

-Di “Pela”, ¿quieres preguntar algo?

-Sí. Quisiera saber para qué necesita el alcalde un coche de alta gama y un chofer a su disposición todo el día si este pueblo es tan pequeño que se acaba pronto, preguntó dejando atónitos a los asistentes.

-Es que me muevo mucho, contestó el alcalde desatando una gran carcajada entre sus acólitos.

Jacinto se levantó. Durante semanas, meses, el mismo grupo de vecinos que lo adulaba dejó de saludarle. Eso tienen las pequeñas poblaciones. Cuando hay que repartir todo vale. Son cómplices. Pero así es él.

-¿Traes algo nuevo de la capital para mí que no me entero de nada?, preguntó mi antiguo compañero de colegio. Y no me hables de elecciones ni de mandangas que estoy saturado con lo que me cuentan.

-Pues que el mismo día que se cerraba el plazo para presentar las liquidaciones mundanas de Hacienda el Gobierno hizo pública la enésima lista de morosos con el fisco. Incluye más de trescientas personas físicas con una deuda conjunta de más de setecientos millones y más de cuatro mil personas jurídicas con una deuda superior a los quince mil millones. Yo no estaba en ella, bromeé ingenuamente. 

-¿Has visto si está la constructora que me estafó?, preguntó raudo.

A Jacinto le expropiaron un campo de tomates y pimientos con el argumento de que en su lugar iba un jardín público que jamás se urbanizó. Le obligaron a vender por cuatro duros otro próximo que dedicaba a cultivar sandías. Con eso y otros apaños vivía la familia. Sin embargo, le amenazaron con la ruina ya que todo a su alrededor estaba en manos de los constructores y a él le iban a hacer la vida imposible si no cedía. Para aquellos terrenos, según el nuevo Plan General de Ordenación Urbana diseñado por el actual alcalde y antes descargador de basquets, existía como proyecto una gran zona urbana con rascacielos turísticos a precios desorbitados y pantalanes de lujo en las laderas del río. 

Hoy es un inmenso solar. El pueblo iba a convertirse en el nuevo santuario de la riqueza. El Dorado de la comarca, vendían las inmobiliarias actualmente quebradas. Nunca lo verán. Pero nadie sabía ni se preocupaba por el tema de las comisiones. Para algo estaban todos servidos de una u otra manera o a la espera de lo suyo.

-Ni idea, “Pela”, pero seguro que saldrá de estas. Lo más normal es que sus negocios estén enmascarados en empresas pantallas localizadas en Panamá. Allí nadie irá a preguntar. Faltan inspectores Además, amigos hay en todas partes, contesté sin saber qué más podía argumentarle al respecto.

-Aún me deben dinero, sentenció. Estoy convencido de que jamás lo veré. Así que ni terrenos, ni nada. Estoy enganchado como esos de las preferentes, cuotas y desfalcos. Varios de por aquí ya están muertos. No pueden rechistar. Los que roban siempre resultan iluminados por el más allá. ¿Algo más a tener en cuenta?

-Pues que apenas un día después de las elecciones nos enteramos de que el Gobierno había vuelto a meter la mano en la hucha de las pensiones. No cobraremos nada cuando seamos más viejos, añadí. Ya sabes, ahora lo definen como pensiones mixtas. O lo que es lo mismo, guarda todo lo que puedas que en su día no te llegará más que lo justo, si es que llega algo. En la hucha esa había sesenta y siete mil millones que garantizaban en algo nuestro futuro. En pocos años el arcón se ha quedado con treinta y cuatro mil millones menos. Y las cotizaciones a la Seguridad Social apenas crecen con lo que…Dicen que a este paso en tres años no queda ni para chuches, sostuve intentando quitar tensión.

-¿Adónde ha ido a parar el dinero?, preguntó sin pestañear bajo su sombrero de paja.

-Aseguran que a pagar deuda española, le informé. Ya sabes, debemos más que lo que genera nuestra economía interior. Lo debemos todo. Dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, pero a mí no me preguntaron si podían gastárselo en tanta inutilidad. 

-¿Y nadie ha protestado por allí? ¿Es que están todos locos, dormidos, ciegos…? preguntó sorprendido. 

No supe qué contestar. Así que desvíe el tema. Le hablé de nuevos y múltiples registros en ayuntamientos por mordidas, corrupción policial y otros pelotazos. De la llegada a Júpiter de una sonda, del brexit y la retirada cobarde de quienes habían montado el follón, de los líos de la selección española de fútbol…Apenas me hizo caso. Opté por la familia para trampear.

-¿No me cuentas nada alegre?, soltó. Pues el Rubén ha encontrado trabajo estos meses en una heladería de la zona. Cobra 500 euros al mes. Pero eso sí, se los gana. Trabaja de doce a doce y luego limpia, quita las mesas y recoge. Está contento. “Eso es mejor que vivir del campo”, ha justificado el chaval. El otro continúa fuera.

-Bueno, como sabrás, ha descendido estos meses un poquito el desempleo. En verano se contrata más de forma temporal aunque las condiciones sean mínimas. Sin embargo, según los últimos datos oficiales, desde que comenzó la crisis más de trescientas cincuenta mil personas han dejado el país buscando un futuro mejor o simplemente un futuro. Como tu hijo Jacinto, le recordé.

-Sí. Él está de movilidad exterior, que es como llaman ahora buscarse la vida. Aquí de nada le ha servido ser farmacéutico y microbiólogo o hablar dos lenguas. Con lo que me costó. Él practica tanto la movilidad exterior que de camarero en Londres encontró un trabajó en Oslo de profesor de español. Ahora está en Berlín con un contrato por horas en un laboratorio que investiga cosas raras. No vendrá hasta Navidad. Le exigen productividad, si no puerta sin derechos. El otro día me contó que había leído en un periódico que la alemana esa que tanto manda le había dicho a nuestro presidente que ya tardaba en formar Gobierno. Como se lo debemos todo, pues decide y manda. 

-Ya ves, eso es lo más reciente. Ah!, se me olvidaba. En pocos días los nuevos diputados tendrán cartera de piel para sus papeles, móvil y tableta para seguir de cerca nuestros asuntos. Son gratuitos. Pero seguro que nos lo arreglan todo en cuanto se pongan a lo suyo. Además, como hace calor pronto se irán de vacaciones. Tú tranquilo, intenté convencerle. Habrá Ejecutivo. Pero para nosotros nada cambiará.

-Seguro, seguro. Aquí, por si no lo sabías, acaban de adjudicar la primera línea de la playa. Se alquilan tumbonas y sombrillas. Por delante de ellas nadie se puede poner. Eso no te alejará de pagar tus impuestos. De paso han llenado el paseo de terrazas, puestos ambulantes y urinarios. Ya han montado la feria infantil en donde estaba el jardín y el parque público. No te quejes. El sol aún no se alquila.

-Es el progreso, contesté para seguirle el paso. Pero prepárate que vienen recortes drásticos. Se lo habían callado. Nos vamos a enterar, sentencié. Además, según contaban por ahí, los del Fondo Monetario Internacional han lanzado como gran idea que a cada uno de nosotros nos expropien el 10% de nuestro patrimonio para hacer caja. Y Bruselas ya dice que vayamos pensando por dónde meter la tijera.

-Eso siempre es previsible. Ya me lo creo todo. Cuando estés del todo instalado avisa. Nos iremos a pescar pero, aunque el mar está esquilmado, no olvides pagar el canon de la licencia para poder tirar la caña desde la orilla, no sea que te multen. Me voy a pasear con los perros. Al menos ellos son fieles y no traicionan. No hablan, por tanto tampoco mienten Y que no te molesten mucho con las verbenas que este año seguro que hay barra libre. 

-Gracias por avisar. Pero, como sabes, soy autónomo y he de ganarme la vida como pueda. Me crujen a impuestos. No quiero que me azoten todavía más. Así que no sé cuánto tiempo estaré por aquí. El país merece mi dedicación. -Reímos- Y yo, al menos, dormir sin preocupaciones. Es lo menos que podría desear. Ya no somos protagonistas ni en el fútbol. ¡Qué lástima no ser islandeses!

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