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Las novelas que Blasco Ibáñez nunca acabó

Dentro de la colección de Noguera Fabra hay dos documentos que destacan por su importancia: el fragmento de una novela desconocida hasta la fecha y un  reportaje o relato breve sobre la Primera Guerra Mundial, quizás el embrión de un relato que nunca vio la luz

16/01/2021 - 

VALÈNCIA. Encontrarse hoy en día documentos que pertenecieron al novelista Vicente Blasco Ibáñez, uno de los referentes de la literatura española de finales del siglo XIX y principios del XX, es un suceso de gran trascendencia para la cultura y en especial para los seguidores del novelista, sobre todo si entre ese material hay fragmentos que podrían convertirse en obras póstumas. Es el caso de  dos textos que hay en la colección presentada recientemente a la Asociación Vicente Blasco Ibáñez por Pilar Madaleno Noguera, quien junto con su familia custodia el material que durante quince años guardó su tío Lorenzo Noguera Fabra en una notaría valenciana.

Se trata de dos textos, uno manuscrito y otro redactado a máquina. El rastrillo es uno de los grandes hallazgos. Su contenido tiene las características de un reportaje-novela, escrito a mano por el mismo novelista en el campo de la batalla del Marne, donde pudo infiltrarse como corresponsal gracias a la mediación del presidente de Francia, Raymond Poincaré.

Cabe reseñar que está incompleto pero quizá se puede considerar como un texto preparatorio de una novela, dado que no lo incluyó en los nueve tomos de la Historia de la Guerra Europea de 1914, publicada por la editorial Prometeo entre ese año y 1920. Una hipótesis es que Blasco pensara incluirlo en la novela El quinto jinete, que anunció que escribiría pero que nunca vio la luz. Así lo recordaba la necrológica publicada por El Sol, según la cual el escritor «trabajaba en una obra que pensó titular La juventud del mundo, pero que, de acuerdo con los editores ingleses y americanos, habría de titularse El quinto jinete».

El texto se compone de treinta y cinco hojas tamaño medio folio, y está escrito probablemente con pluma estilográfica. Algunos párrafos son legibles mientras que en otros la secuencia de lo que narra el escritor se interrumpe porque hay correcciones y tachaduras del autor, lo que dificulta la lectura. Esto es lógico, si se tiene en cuenta que hacía sus anotaciones de pie y en pleno campo de acción. La primera hoja es una presentación que Blasco tituló Al público y pudo haber sido de dos o más hojas, dado que la continuidad de sus palabras se quedó interrumpida en la primera, en la que se puede leer lo siguiente:

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«Forman estas páginas un libro de horrores como no los pudo soñar la imaginación más perversa y monstruosa. 

Siguiendo el curso del presente relato, el lector creerá estar ojeando la vetusta crónica de algún monje contemporáneo de Atila o Tamerlan, que en el silencio de su celda confía al pergamino con indignación y miedo los crímenes de las hordas bárbaras, las leyendas amedrentadoras que acompañan a su salvajismo, la desesperación de un mundo entregado a la muerte, sumido en la sangre, coronado por el incendio y del que parece haber huido para siempre la bondad, el derecho y la justicia.

Y sin embargo, el presente…».

Hasta aquí llega el texto de la primera hoja. El escritor valenciano no solo publicó en los nueve tomos de la Gran Guerra crónicas ilustradas con imágenes, dibujos y láminas alusivas a la contienda; también en su producción literaria hay novelas ambientadas en el conflicto bélico como Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916), Mare Nostrum (1918), Los enemigos de la mujer (1919) —las tres obras llevadas posteriormente al cine— y cuentos dispersos que los editores reunieron bajo el título Cuentos de guerra.

En la primera hoja en la que se desarrolla El rastrillo, Blasco ofrece la siguiente descripción:

«Detrás del ejército de los aliados que ocupa una línea de quinientos kilómetros (el frente de batalla más grande que se conoce en la historia) existe una segunda línea de curvas sueltas conocidas con el nombre de “el rastrillo”.

Este ejército-rastrillo, como lo indica su nombre, evacuara lentamente a espaldas del verdadero ejército, examinando, removiendo, desmesurando todo lo que esto deja detrás. Regimientos y baterías ocupados en repeler al enemigo y deseosos de anunciar mi pérdida de tiempo, no puede detenerse a explorar del terreno que ganan. Su única misión es ir adelante. 

A continuación pasa el rastrillo sobre la tierra reconquistada y saliéndose de los caminos registra los campos y los bosques, penetran en las cuevas, no deja un repliegue sin examen.

Este segundo ejército está compuesto por gentes que juzgan y fusilan si es necesario; de ambulancias y hospitales de la Cruz Roja, gendarmes y gendarmes acostumbrados a husmear el campo para el descubrimiento del enemigo».

El resto del texto sigue hablando del papel que desempeñaba el ejército conocido como ‘el rastrillo’, en cuya historia menciona luego la participación e intervención de fuerzas francesas y alemanas. Para Cifre Ferrándiz, presidente de la asociación, queda claro que estos fragmentos, aunque incompletos, son inéditos, dado que «el novelista escribía tantos artículos para publicarse en diversas publicaciones, que incluso muchos no los guardaba y los consideraba flor de un día, para alivio del lector». 

 En relación a la otra obra inédita de Blasco Ibáñez, por las características de la historia que se ha leído, es posible que se trate de una novela, ya que menciona personajes y poblaciones donde esta se desarrolla. El legajo suma 34 hojas de tamaño medio folio que están escritas a máquina —probablemente por algún secretario del escritor y corregidas en tinta por él mismo—, pero desgraciadamente no tienen título y está incompleto porque faltan hojas.

La posible novela

La primera hoja del texto tiene el número uno en romano, lo cual indica que es el inicio de la posible novela y es legible, al igual que la segunda, que no es secuencia de la primera y en la no se aprecia el número. La siguiente está tan borrosa que solo se leen unas pocas palabras. Lamentablemente, el texto encontrado no contiene la novela completa, dado que hay un faltante de hojas importante, pues de la tercera página la historia salta a la número 133 y termina en la 167, sin que lo que aparece como último párrafo se pueda considerar el final.

De la lectura a partir de la página 133 la historia se comprende un poco más. El personaje principal es un hombre de treinta y cuatro años llamado Agustín, quien fue albañil y padeció hambre y miseria. Era soltero y rico, pero egoísta, ambicioso, perverso y, aunque gozaba de bienes como huertos de naranjos y limoneros en una inmensa vega ubicada en Alcantarilla, en la región de Murcia, tenía pensamientos negativos, como su resistencia a casarse por temor a que le arrebatasen su posición.

«¡Nunca se casaría! ¡Nunca consentiría que aquellos bienes suyos fueran a  parar, desde sus manos, quizá a las de su viuda, a las de otro hombre, a las de sabe Dios qué granuja o astuto buscador de bienes de la tierra.

Un egoísmo espantoso, bárbaro, vivía en el fondo del corazón de Agustín, alimentado constantemente por el recuerdo de sus días sin pan y sin lecho».

 En ciertas partes, la historia tiene algún matiz divertido y pícaro cuando el ‘amo’ Agustín sostiene una charla con Nicolasa, la guardiana de su finca, una mujer mayor y gorda que intenta impedir que el ‘señorito’  busque sexo con cierta libertad: «Vamos, que no debiera irse con mujeres malas que le pueden pegar alguna enfermedad. En Murcia, señorito, es una exposición». Ante lo cual le sugería buscarse «un apaño… ¡una mujer honrá… que no tuviera exposición!»… ¡Como ella misma!

De acuerdo con Roberto Cifre Ferrándiz, presidente de la Asociación Vicente Blasco Ibáñez, este material inédito se debe revisar a conciencia para detectar los vacíos de la historia y trabajar en su posible reconstrucción y edición, completando el resto de la novela con la experiencia de algún especialista en la obra del afamado escritor valenciano, como los hay entre los miembros de la Asociación. «Siempre que eso se advierta para no estafar moralmente al lector», subraya Cifre.  

* Este artículo se publicó originalmente en el número 75 (enero 2021) de la revista Plaza

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