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ALMUERZOS POLIGONEROS

L’esmorzar en el polígono industrial

Martillos hidráulicos en lugar de baldosas ídem. Servilleteros metálicos que agradecen, con aspereza, tu visita. Cacaos con corfa. Carajillos de Terry. Calendarios de pared. Los almuerzos poligoneros son un asunto serio

Por | 06/09/2019 | 5 min, 27 seg

La V30 hacia el sur, a su paso por la CV-400, puede ponerse sencillamente increíble a primera hora de un lunes de la primera semana de septiembre -algo así dijo Bukowski de la autopista Harbor cuando trabajaba en una fábrica de encurtidos en Los Ángeles-. Un paredón rojo de luces de freno, el helicóptero de la DGT zumbando en el cielo, la fuerza humana del sector secundario serpenteando por las comarcales rumbo a distintos polígonos industriales. Y sobre las 10:00, el éxodo a la Tierra de Canaán de los estómagos famélicos: el bar del almuerzo

Pataquetas y genética

Entre las naves de Fuente del Jarro, Paterna, está el Restaurante Chorros -así, sin artículo-. Estamos ante una promesa de satisfacción de los instintos alimenticios más primarios, un mostrador con borboteantes fuentes de fritura, embutido y carnes a la brasa -pollo a la brasa con pimiento y ajoaceite, obligatorio salvo que tengas que cerrar un acuerdo multimillonario más tenso que la guerra comercial entre EEUU y China-. Hay revueltos con todo, patatas orgiásticas, anatomía porcina, huevos fritos yaciendo en aceite. Y el pan, -oh, el pan- es de pataqueta. 

Francis y su hermana son herederos del know how del Chorros: «somos una empresa familiar, llevamos 22 años trabajando en hostelería. ¿Sabes de la cultura del esfuerzo de Mercadona? Pues eso me hace pensar en mi padre, le ha dedicado toda la vida muchas horas y mucho esfuerzo. Se nota».  Sobre la otra cultura, la del almuerzo, una sentencia biológica: «en València el almuerzo es algo sagrado. Puedes no desayunar, puedes no comer, puedes no cenar… pero el almuerzo no se pasa. Hay que almorzar. Es esencial y necesario. Va en nuestros genes». 

Placer poligonero

En el polígono La Pascualeta, nombre delicioso que indudablemente recuerda a uno de los puntos de abastecimiento de almuerzos de la capi, se encuentra Llamàntol Restaurant. 

Juan  lleva 8 años recitando las especialidades con acogedora vocación de camarero: «en el expositor tenemos lo típico y además las sugerencias del día, como carne de caballo con ajos tiernos, luego el Hispano, el Genaro (huevo, queso, tomate rallado y mayonesa) o el Alustante (fondo con tomate rallado natural, unas cortaditas de lomo y el pan vuelta y vuelta a la plancha). A ver cómo te digo, yo no tengo de costumbre almorzar, soy de Cuenca, que si almuerzo ya no como. Me llama mucho la atención, es que lo tenéis como sagrado. Te acuestes a la hora que te acuestes, se queda para almorzar».

Ampa es la dueña de Llamàntol e integrante de #LaCulturadelAlmuerzo, colectivo que cartografía y reconoce los almuerzódromos de la Comunitat. Cuando te habla del sentimiento colectivo que se desarrolla en el almuerzo sonríe como se debe sonreír, joder, con los ojos luminosos y alargando las comisuras hasta el infinito. «Es una cosa que está muy arraigada. La gente que viene de fuera se sorprende, esto no se encuentra en otras ciudades. Y aquí pues la verdad es que tenemos mucha costumbre de almuerzo». Me habla del pan, nos entendemos. Por circunstancias veraniegas han cambiado de proveedor. El de ahora es más ligero, de miga aérea pero envolvente, exterior fino, crocante y con liviano sabor a cereal.

Los almuerzos de Esmorzaret

Joan Ruiz, el intrépido barhunter y gourmand más conocido como Esmorzaret, señala las directrices para cumplir con tan valenciano deber: «En los almuerzos de polígono no buscas el glamour del mejor local, decoración o ubicación perfecta, tampoco buscas florituras, innovaciones en los bocadillos o el producto gourmet de moda, lo que buscas es practicidad y por eso, empapado de esa filosofía, voy a ir al grano:

1) Fácil aparcamiento y mesa libre aunque el local esté en hora punta (de ahí que los locales sean grandes, algunos despachan al día entre 300-500 almuerzos).

2) Rapidez y eficiencia, tienes que volver al trabajo y el fichar no entiende de placeres.

3) Producto bueno y contundente, que sean ingredientes básicos cocinados de manera sencilla (a la brasa, plancha o frituras), no quita que los clientes no busquen un mínimo de calidad, si no no vuelven y las malas noticias corren como la pólvora.

4) Predominan los bares con exposición de surtido para que el cliente se monte el bocata a su gusto.

5) El bocadillo normal es como mínimo de media barra, hay que reponer fuerzas y llegar al medio día.

6) Un buen televisor siempre ayuda a estar enterado de la última noticia, desconectar de tus compañeros o abrir debate con ellos.

7) Las litronas de cerveza y el vino de la casa con gaseosa hacen acto de presencia si varios piden lo mismo para beber.

8) No en todos sucede pero, a diferencia de los bares de ciudad, muchos mantienen la tradición del "gasto" (el cliente se puede llevar el bocadillo y solamente se les cobra la picaeta, el café y la bebida).

9) Y como no, el pack almuerzo debe constar de picaeta, bocadillo, bebida y café a precios populares.

En pocas palabras, el almuerzo de currela debe ser: Contundente, bueno, barato y rápido. Personalmente recomiendo el Asador Artesanos (Xirivella), Chorros (Paterna), Los Abetos (Torrente) y Bar Sol Casa Natalia y María (Torrente)».

El cremaet, el colofón pop

Detrás de la barra, debajo de un póster conmemorativo del Valencia CF, flanqueado entre la cafetera y la caja registradora, se encuentra el consabido arsenal de espirituosas que juraré no haber catado previamente a conducir entre un polígono y otro, señor agente. Con ellas que se elabora el cremaet, trifásico café que aporta el punto de coraje necesario para terminar la jornada laboral. El cremaet es el ortodoxo colofón, la pócima que eleva el espíritu de todos los currantes, desde el tornero fresador de Almussafes hasta el del comercial con más carisma pasando por el artista Dani Belenguer aka Bearoid aka parte de Alavedra, que ha prometido por la gloria del blanc i negre con patatas, dedicarle y dedicarnos una oda pop al cremaet.

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