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desfiladero recupera "la pista atlántica" y "el proyecto cíclope"

Miguel Calatayud: «Si soy el padre de la nueva escuela valenciana es por edad, no por mérito»

No quiere que se le cite como la referencia de la Nueva Escuela Valenciana, pero se tiene que aguantar porque lo fue. La reedición de La pista atlántica y El proyecto cíclope demuestra que, treinta años después de publicarse, su forma de entender el dibujo sigue plenamente vigente

23/05/2021 - 

VALÈNCIA.- Miguel Calatayud (Aspe, 1942) está considerado el padre de la Nueva Escuela Valenciana, un papel que ni ha buscado ni ha querido explotar. Simplemente, empezó antes que los demás y abrió camino a base de explorar qué tipo de cómic —entonces tebeo— quería hacer. Sus planteamientos, sus pasos hacia adelante, conllevan toda una reflexión de cómo funciona la imagen, con una influencia importante del cine y la publicidad. Ahora, Desfiladero Ediciones reedita una de sus obras maestras, La pista atlántica, que hizo en 1984, junto a su sucesión natural, El proyecto Cíclope.

— En muchas entrevistas te preguntan por el origen de tu pulsión artística. A mí no me interesa tanto eso, sino en qué momento ves que tu estilo o tu propuesta pueden ser, de alguna manera, trascendentes y que pueden tener su espacio propio. 

— Nunca fui demasiado consciente de esto. Siempre pienso que empeñarse en un estilo, en una distinción, suele ser un poco peligroso porque es forzar y te lleva a un resultado falso. Para mí, el verdadero hallazgo se basa en la evolución, en el ir viendo cosas. Y de esas cosas te das cuenta de que hay algo. O sea, primero está percibir, ver lo que se hace y, de ahí, extraer lectura y conocimiento. Luego, llega un momento en que, tanteando, te das cuenta de que hay determinados resultados que te interesan mucho más que otros, que conectan más contigo. Realmente esto consiste en una lectura de la realidad: la estudiamos pero nos apartamos de ella. Porque la realidad no interesa, o al menos a mí. Por eso 'lo mío' siempre son deformaciones y transformaciones que, partiendo de un estudio, llegan a algo que ya nada tiene que ver con aquello, sino que ya es propia invención. 

¿En qué momento se produce todo eso? Es difícil de determinar, porque yo creo que eso se va introduciendo. Yo tuve la suerte de empezar trabajando para Madrid y entonces, en la revista Trinca, permitían que yo hiciera unas tontadas, porque aquello se salía de lo que se podría aceptar como cómic al uso. Tampoco es que gustara, y tuvo muchas dificultades, pero yo me fui haciendo con una serie de elementos para poder distanciarme de la realidad: primero, aparté mi estudio de la típica percepción de la figura y la anatomía perfecta del cuerpo humano. Había que transformar. Y, segundo, utilizar la línea como un elemento envolvente de todo. Porque a mí lo que me apetecía era crear y encontrar una forma de entender la imagen donde todo se sometiera a una visión personal. No solo hablo de figuras sino de arquitecturas, decorados... Y que todos cumplieran estos mismos principios de alejarnos del realismo y, en todo ello, que la línea tuviera un mismo valor. Hablo de una línea que podría ser semejante a la firma personal de uno. 

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— Pero, basta hojear algún número de Trinca para darse cuenta de que tu propuesta es diferencial. Debías sentirte muy seguro de tu propio trabajo, porque la revista era una de las pocas puertas a las que asomarse profesionalmente en aquella época. 

— Más que sensación de seguridad, a mí lo que me movía era la oportunidad de poder apartarme del trabajo habitual del cómic y presentar algo que conectara con marcas comerciales, con el cine animado... Pero no creas que yo estaba muy seguro. Yo pensé que aquello no tendría continuidad, pero que era una fórmula de ruptura. Y sobre todo, era una auténtica broma. Quería enfrentarme a las grandes firmas como Alex Raymond y, en lo local a productos como El Guerrero del Antifaz (que yo respeto y me divertía mucho). A la hora de acceder a aquello pensé que había que tomarlo un poco en broma. Y eso me costó un cierto problema, porque, claro, en la revista recibían opiniones de que aquello era una tontería. 

* Lea el artículo íntegramente en el número 79 (mayo 2021) de la revista Plaza

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