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la nave de los locos / OPINIÓN

Moncloa ladra, el PP se suicida y Vox cabalga

Foto: PHOTOGENIC/CLAUDIA ALBA/EP

La derecha finolis del suicida Casado se pone exquisita: no pactará jamás con Vox. Cree que vivimos en 2000 o en 2011, en los años de las mayorías absolutas de Aznar y Rajoy. Pero aquel tiempo pasó. Mientras el Gobierno agita el espantajo de la 'ultraderecha' y el PP se desangra, los de Abascal engordan su saco de votos. La cosa, ciertamente, promete

21/02/2022 - 

Como Vladimir Nabokov diseccionaba sus mariposas con la precisión de un entomólogo experto, así este humilde cronista pretende desentrañar las causas y las consecuencias del crecimiento electoral de Vox, manifestado en las recientes elecciones celebradas en Castilla la Vieja, donde pasó de uno a trece procuradores en las Cortes regionales.

Este observador, que pretende ser imparcial en sus juicios, se pregunta cómo es posible que el partido proscrito, la organización maldita de la política nacional, siga sumando apoyos de manera rápida y sostenida.

Vox no era nada hace tan sólo cinco años. Hoy es la tercera fuerza política del país. No parece haber tocado techo. Esto es sumamente extraño si se lee y escucha lo que se dice del partido liderado por el señor Santiago Abascal. Se les ha llamado “fascistas”, “nazis”, “populistas”, “extrema derecha”, “ultraderecha”, “machistas”, “homófobos”, “reaccionarios”, “franquistas”, “racistas” y ¡hasta “españolazos”! La izquierda y los medios subvencionados que sustentan al Gobierno justifican estos calificativos en aras de un cordón sanitario, de la alerta antifascista y de no sé qué más cosas en defensa de la escuálida democracia. Todo obedece a una estrategia de criminalización, incluido el lanzamiento de piedras en los mítines.  

El líder de Vox, Santiago Abascal, en el Congreso de los Diputados. Foto: EDUARDO PARRA/EP

Este modesto escribidor, con pocos pero fieles lectores, insiste en preguntar: ¿cómo un saco de mierda fascista, como así describen a Vox sus adversarios, no deja de ganar respaldo en la población? ¿Cómo es posible? ¿Qué está fallando?

La política, un pacto con el diablo

Convendría dejar los juicios apasionados, orillar cualquier enfoque sectario y atreverse a abordar el fenómeno de Vox con frialdad quirúrgica. En política hacen mal negocio quienes confunden sus deseos con la realidad. La política —ese pacto con el diablo, tal como lo definió Max Weber— es lo que es y no lo que nos gustaría que fuese. Un político debe someter su acción al principio de realidad. De lo contrario, debe ganarse la vida impartiendo seminarios sobre inteligencia emocional.

Después de darle no pocas vueltas al asunto, este escrutador de la vida nacional concluye que la izquierda y la derecha finolis y suicida del pobre Casado, conocida por orinar heno de pravia, son culpables del ascenso de Vox. Los socialistas, por liderar el Gobierno más abyecto, falsario y torpe de los que nacieron desde 1975; y los conservadores por maltratar, insultar, despreciar, ignorar, ningunear, humillar y sodomizar a su electorado, que no se merece lo que le están haciendo.

Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado. Foto: ISABEL INFANTES/EP

La derecha hiperbólica de Abascal tiene el apoyo del 15% del electorado. Son cuatro millones de votos, y subiendo. En 2016 sacaron 47.000 sufragios. Es posible que entre sus votantes actuales haya familias que perdieron a uno de los 130.000 muertos por coronavirus;  empresarios que cerraron sus negocios en 2021; víctimas de un encierro ilegal durante la pandemia y enemigos de los toques de queda y del pasaporte covid (un documento de factura mussoliniana), tan autoritario como ineficaz. Otros votarán a Vox porque se han empobrecido con la subida de la luz, los carburantes y los alimentos básicos; esperan dos años para ser operados, los crujen a impuestos o temen que sus segundas residencias sean okupadas.

Vox maneja las emociones de sus votantes

Vox conoce el peso de los sentimientos en la decisión de sus votantes. Su saca de votos engorda cada vez que el Gobierno del presidente maniquí pacta con los filoetarras para excarcelar a terroristas de ETA, y se niega a hacer cumplir la ley en Cataluña para proteger a las familias que pretenden escolarizar a sus hijos en castellano. Y, como recuerdo, el nefando indulto a los golpistas que lo sostienen en el poder.

Vox llevó la ilegalidad del confinamiento al Constitucional, y ganó el recurso. Extraño que un partido fascista defienda las libertades individuales. Este partido, a juicio del analista escéptico que escribe estas líneas, es la voz de los ofendidos y humillados del Gobierno socialista, de esa media España que contempla cómo se tergiversa su pasado, se ridiculizan sus símbolos y se menosprecia su tradición. Su electorado, en líneas generales, coincide con el “macizo de la raza” del que habló Dionisio Ridruejo: católicos, pequeños comerciantes, funcionarios, agricultores, profesionales liberales, toda una clase media depauperada que ve el futuro con miedo e incertidumbre.

“Vox ha sabido interpretar la rabia de esa España a la que la izquierda le perdona la vida por considerarla inferior en términos morales e intelectuales”

Vox ha sabido interpretar la rabia de esa España a la que la izquierda oficial le perdona la vida por considerarla inferior en términos morales e intelectuales, igual que hacían los intelectuales de Hillary Clinton con los paletos que acabarían votando a Trump.  

No serán flor de un día

Este pobre escribidor aventura que lo de Vox no será flor de un día, pero puede morir de éxito como Ciudadanos. Vive un momento dulce porque aún no ha gobernado. Cuando lo haga, sus promesas pasarán por la trituradora de la realidad, y traicionará a sus electores, en mayor o menor medida, como todos los hacen.

Pedro Sánchez en el cierre de campaña del PSOE para las elecciones de CyL. Foto: PHOTOGENIC/CLAUDIA ALBA/EP

Su programa, efectivo y retórico, es valiente en lo territorial al proponer el desmantelamiento del Estado autonómico; osado el discutir los tabúes de la izquierda cultural; demagógico en la inmigración, que requiere una política de pincel fino y no de brocha gorda, y nada convincente en lo social, ahora que han descubierto a Julio Anguita y quieren sumar votos entre los obreros. Uno duda de que el matrimonio Espinosa de los Monteros sea un reclamo eficaz para las clases trabajadoras.

¿Y el líder? Santiago Abascal, niño mimado de Esperanza Aguirre, es audaz y valiente, como demostró en sus tiempos de amenazado por ETA. Posee una oratoria eficaz y primaria, pero carece de un bagaje cultural e intelectual consistente. Tiene contradicciones vitales que no ha resuelto: es gran defensor de la iniciativa privada pero ha vivido del erario público; exalta la familia tradicional, pero no dudó en divorciarse para casarse de nuevo, y es conocido por su ardor guerrero, cuando se salvó de hacer la mili.

Fijando su mirada en el futuro, el cronista pronostica que en los próximos meses el Gobierno y sus corifeos continuarán demonizando a Vox como parte central de su plan para seguir en el poder. En el fondo, los señores Sánchez y Abascal se necesitan, como se necesitaban Miterrand y Le Pen en los años ochenta. El Gobierno seguirá ladrando y los de Vox cabalgando. ¿Esto será bueno para el país? El observador carece de la fiabilidad del señor Tezanos para presagiar el futuro, y prefiere dejar su respuesta en suspenso.

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