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¿Pacto de socios o juego de tronos?

Todo va bien... hasta que empieza a ir mal. Es cuestión de tiempo. Esta regla no escrita es válida para todos los ámbitos de la vida y, por lo tanto, también para el mundo de los emprendedores. Al  principio, un proyecto es ilusión, pero no hay que olvidar que un día será un negocio

20/02/2019 - 

VALÈNCIA.- Las empresas son como los matrimonios. La primera vez que pones en marcha un proyecto con tu socio piensas que durará toda la vida pero resulta que un día os enfadáis, aparece un tercero y el negocio puede volar por los aires. Como todo en la vida, pensar en frío es una de las mejores soluciones y ese es el motivo por el que el pacto de socios es un elemento imprescindible para los emprendedores desde el primer momento en que ponen en marcha una compañía. «No es importante, es fundamental e imprescindible en una startup», recalca Antonio G. Asturiano, del despacho valenciano especializado en startups Aktion Legal.

«Hoy en día, entre un 10% y un 15% de los cierres de nuestros clientes es por conflicto de socios y porque no tienen un buen pacto», lamenta Luis Gosálbez, socio director de Metricson, despacho especializado en asesoría a startups. Este documento es un acuerdo suscrito por todos los socios de un negocio con el objetivo de regular las relaciones internas de la empresa y garantizar que los conflictos se resuelvan. En él se regula la gestión, la administración de la compañía, la prestación de los emprendedores, la salida y la desvinculación, y la venta de las participaciones. 

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En definitiva, se trata de uno de los pilares fundamentales del buen funcionamiento de una startup y debe reeditarse cada vez que entra un nuevo socio, como en las rondas de financiación. «Tenemos procedimientos penales y civiles abiertos en los que se matan porque no tienen un pacto de socios», lamenta Gosálbez. Por su parte, José María Vidal, director de la oficina de Metricson en València, señala que «cuando estamos muy enfadados, si no tenemos un documento que nos ponga ciertas cortapisas nos enfrentamos en el juzgado o por la calle. El pacto de socios sirve para canalizar ese conflicto, atenerte a algo y tener claro los mecanismos para solucionarlo».

Sin embargo, aunque es un elemento primordial, no vale cualquier negociación. No entender o no fijarse en las cláusulas firmadas puede provocar que te salga el tiro por la culata después de tanto trabajo. «No tener un pacto de socios hecho y proponerle al inversor que haga el suyo es un gran error», insiste G. Asturiano. «No hay que atender a los argumentos de la confianza, de ‘soy tu amigo’, de ‘yo no te haría eso’. Tú negocia y juega con tus cartas, no con las del resto de los fundadores», recalca el socio director de Metricson. 

«Un emprendedor te dice que quiere incorporar la cláusula de arrastre, por ejemplo, pero eso puede ser lo mejor o lo peor que te pase»

«Un buen día  llega un inversor que quiere tener mayoría y, si es listo, se mete a dos fundadores en el bolsillo, les sube el sueldo y al tercero que le den. Eso pasa. De hecho, en rondas de series A y B asesoramos al emprendedor para que mantenga su silla en el consejo», señala. Igualmente, Vidal recalca que «siempre hay un componente de ajenidad del emprendedor que dice, ‘esto no es lo mío’. Soy experto en negocio y no en temas legales, y ya escampará este contrato de  veinticinco páginas. Pero es muy importante leerlo con cariño y entenderlo bien», añade 

Lo de prestar atención al contenido del pacto de socios no es gratuito. Y es que no es tan difícil juntar dos cláusulas y que las circunstancias hagan que te quedes sin empresa y sin dinero. «Un emprendedor te dice que quiere incorporar la cláusula de arrastre, por ejemplo, pero eso puede ser lo mejor o lo peor que te pase», insiste Vidal. Esta cláusula obliga a todos los socios a vender si se cumplen determinadas condiciones y, según cómo se plantee, puede llevarte a deshacerte de tu empresa aunque no quieras. «Hay compañías que le ceden el derecho de arrastre a un inversor que tiene un 2%», señala. De hecho, según explica Gosálbez, no sería la primera vez que un pacto recoge que cualquier socio puede ejecutar la cláusula y obligar a vender a todos los demás. 

Quedarte sin empresa y sin dinero

«Imagínate que yo tengo el 80% de la empresa y tú el 20%. Regulamos el ‘arrastre’ para que los dos tengamos ese derecho. Tú con tu 20% puedes vender mi 80% a una valoración de la empresa de 100.000 euros. ¿Y por qué? Porque a lo mejor la compañía vale un millón de euros, yo me llevo la parte proporcional y tú te llevas, por un acuerdo bajo mano, la parte que falta con el comprador. Hay mil trucos de estos y los vemos todos», avisa Gosálbez. 

Si es importante mirar las cláusulas que se incluyen, no menos importante es tener en cuenta cómo confluyen entre ellas. Y es que, este documento puede ser tu mejor baza o tu peor pesadilla si no está bien hecho. Solo hay que recordar el caso de Get Satisfaction, una startup nacida en Silicon Valley en 2007 y adquirida por Sprinklr en 2015 por 50 millones. La compañía iba bien, cerró una ronda de financiación de seis millones de euros, cerró una nueva ronda de financiación de diez millones y aumentaron su valoración hasta los 50 millones. Esto provocó que los fundadores se diluyeran y redujeran su porcentaje de participación. 

Sus fundadores ni tomaron la decisión de vender ni vieron un euro de la venta. El problema llegó con la cláusula de liquidación preferente, incluida en el pacto de socios. Una figura de inversión según la cual, en el caso de venta de la empresa, el inversor tendrá que recibir, al menos, la cantidad invertida  e incluso se pueden incluir mejores condiciones y cobrar antes que los fundadores. «No me felicitéis por la venta de Get Satisfaction. Los fundadores nos hemos quedado fuera del reparto. No tenemos nada», señalaba Lane Becker en Twitter. 

«Tú me dices que tu empresa vale diez millones y yo no me lo creo, pero invierto con liquidación preferente. Si nunca llega a valer diez millones y vale cinco, si mañana se vende, de esos cinco yo me llevo el 80%. Juego a que tu compañía vale mucho, pero al menos yo recupero mi inversión. Como herramienta de compensar me parece hasta cierto punto bien, pero cuando el inversor entra en recuperar el dinero que ha puesto, más la parte que le corresponde del reparto de lo que quede, al final un fundador que se tenía que llevar un 40% de la venta se lleva un 3% del valor. Esto pasa mucho. Hay estrategias y tácticas para negociar estas cláusulas y son muy importantes», explica el socio director de Metricson. 

El derecho de veto

«No todas las empresas necesitan las mismas cosas del pacto de socios. No hay una misma talla para todos», insiste Vidal. «Si no lees el pacto de socios te pueden meter de todo», avisa Juan Manuel Pérez, socio de Aktion Legal. «Otro gran error es comprometer una recompra de las participaciones de un inversor prometiéndole una rentabilidad porque todos te van a pedir lo mismo», asegura. ¿Y por qué aceptar estas cláusulas que a priori parecen abusivas? Gosálbez reconoce que la razón «siempre es la misma, necesitan el dinero. En las negociaciones, la posición de fuerza hace que no siempre estén equilibradas las partes. Los emprendedores con capacidad de atracción pueden imponer condiciones más suaves», reconoce G. Asturiano. 

«No todas las empresas necesitan las mismas cosas del pacto de socios. No hay una misma talla para todos»

Otra de las cuestiones peliagudas que debe quedar reflejada en el acuerdo es el derecho de veto, que permite a los socios parar alguna acción o decisión, por mucho que el resto esté de acuerdo. Pueden darse sobre muchas cuestiones, como la contratación, el endeudamiento o el salario. «El derecho de veto es que yo, con mi porcentaje, puedo vetarte una decisión, como un aumento de capital».

«¿Por qué yo querría vetar un aumento de capital? En la práctica, y lo hemos visto, el fundador te dice que ha encontrado una gran operación con una valoración de dos millones de la compañía y un tío pone medio millón. Estamos en un momento complicado, pero la vetas. Y dices que, en vez de hacer la operación con una valoración a dos millones, la hacemos a 800.000, pongo yo medio millón y me quedo con más del 50% de la compañía. Como necesitas dinero para sobrevivir, lo aceptas», explica.

«Otro ejemplo es que has encontrado un director de marketing estupendo y barato, pero no te autorizan porque cuesta 5.000 euros más del límite de valoraciones que te pongo. Pero sí te autorizo a que contrates a esta agencia de marketing, en la que yo he invertido hace poco, y que aunque te va a costar el doble y tiene menos experiencia, así ganamos todos», apunta.

Las funciones de los fundadores 

Carlota Sancho, head of Legal de Demium Startups, explica que sí es habitual incluir el veto para contratos de personas vinculadas con personas a la compañía, como familiares, a más de un determinado salario. «Si estamos hablando de emprendimiento se está hablando de pedir favores y es muy fácil que se meta algún familiar cercano con un precio por debajo de mercado para hacer un trabajo que se ejecuta mal, lo que provoca una descapitalización de la empresa —recalca—. Los emprendedores suelen ver mal todos los derechos de veto porque parece que les estás limitando su capacidad de movimiento, pero en muchas ocasiones marcan la objetividad a la hora de poner una solución».

Para Sancho, especificar en el pacto la dedicación necesaria de los fundadores y la permanencia también es una cuestión necesaria. «Al principio estamos todos muy ilusionados y seis meses después el que tiene que pagar el alquiler y no está cobrando nada tiene que dedicarle menos tiempo. Pero tiene un 20% de participaciones y le pides la mitad por trabajar menos en el proyecto y te dice que no te la da. No prever que eso puede pasar en el pacto de socios es un gran error», asegura G. Asturiano. «También es un error no definir el precio al que se van a recomprar las participaciones al que se echa por un incumplimiento», recalca la head of Legal de Demium Startups.

«Imagínate que no pones como condición que si el consejo quiere reemplazarte por otra persona eso no constituye pleno rendimiento. Te tiran, has incumplido tu función y al día siguiente pueden obligarte a vender tus acciones y penalizarte. Tienes que poner que si es el consejo por mayoría quien decide cambiarte como CEO eso no es un incumplimiento de la dedicación», recalca el socio director de Metricson. Otra cuestión muy importante es no comprometer el patrimonio personal en el pacto de socios. «Nosotros tenemos una compañía que acaba de ir a concurso en el que su pacto de socios recoge que, si durante los dos años siguientes a la inversión te vas, la pasta me la devuelves tú, emprendedor, de tu bolsillo», señala Gosálbez. 

¿De quién es la tecnología?

Otro de los errores básicos en un pacto de socios es no incluir a quién pertenece la tecnología. «En una compañía no se entienden el CEO y el CTO. Se van matando y al final el CTO se va y dice: ‘‘la tecnología es mía’’. ¡Ah! Que no hay pacto de socios. Se genera una discusión tonta y al final acaba demandando a la compañía diciendo que no puede usar el software que es de él», explica Gosálbez. Y añade: «La compañía empieza a perder tiempo y a desarrollar un software para no tener problemas. Mientras el otro socio pide un auditoría, demanda a la empresa, habla mal en la prensa, pide una indemización, la empresa gana dinero porque gasta, no quiere pagar dividendos y el otro les está jodiendo y al final se hunde la compañía». 

Una cuestión que no habría llegado a mayores si se hubiera incluido en el pacto de socios que la tecnología es propiedad de la empresa y que, en caso de conflicto, se recomprarían las acciones al otro socio y zanjando el asunto.  

* Este artículo se publicó originalmente en el número 52 de la revista Plaza

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