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presenta su novela 'Punto de inflexión'

Rubio Budia: "Sin el apoyo de una gran editorial, debemos crear métodos e historias diferentes"

21/02/2024 - 

ALICANTE. El escritor alicantino Víctor Manuel Rubio Budia acaba de lanzar su último libro. Un thriller policial que ha autoeditado bajo el título Punto de inflexión, que ya disponible en Amazon Kindle y lo presentará el 22 de marzo, a las 17:30 horas, en la Biblioteca Municipal de Benalúa (Alicante). Pero el autor no hablará solo de su última novela negra, sino que también introducirá a los lectores en su particular proceso de escritura. Y es que este libro nace de la interacción digital con el público desde su propio blog. Un desarrollo narrativo en el que los lectores podían elegir cada paso que daban los protagonistas, “al modo 'elige tu propia aventura', como en los libros que leíamos cuando éramos pequeños”, explica el escritor. Ahora se ha completado esa aventura.

— Comienzas a escribir en tu página web, publicando los primeros capítulos y dándole opción a tus lectores a intervenir en el relato. ¿Cómo ibas planteando esas interacciones y como las integrabas después?

—La verdad es que resultó todo un poco improvisado, porque mi plan no era construir un proyecto tan grande. Desarrollé mi pasión por la escritura entregando relatos de manera semanal en mi blog y se me ocurrió darle una vuelta de tuerca. Quería enlazar tres o cuatro relatos para conseguir una historia más larga, algo que ya había hecho, pero los lectores nunca querían darla por acabada.

Sin llegar a destripar la historia (no diré nada que no podáis leer en la sinopsis), el primer relato finalizaba con el hallazgo de un maletín por parte de los protagonistas. Ahí es cuando me planteo el primer punto de inflexión, dejo de escribir y le doy la opción a los lectores de elegir el destino de los personajes. ¿Qué hay dentro del maletín? ¿Dinero, droga, documentos? A través de una encuesta en la que los lectores participaban con cada entrega, yo les ofrecía tres o cuatro opciones y, a partir de ahí, se desarrollaba la historia en uno u otro sentido.

He de decir que siempre escribía encauzando la trama para que los lectores eligieran mi opción favorita, pero muy pocas veces hemos coincidido. De hecho, alguno de mis lectores me ha confesado que elegían la opción que más dificultaba la historia para ver cómo salía adelante. Y, precisamente, creo que ese desacuerdo entre lectores y escritor ha sido lo que le ha otorgado mayor amplitud a esta novela.

— ¿Qué te ha aportado este sistema de escritura? ¿Es más sencillo o más complejo improvisar sobre la marcha en el relato?

—Mucho más complejo, sin duda. En ocasiones se puede tener una idea de por dónde va a continuar la historia, pero las opciones eran tan variadas que podían acabar con la vida de uno u otro personaje. Incluso puse en manos de los lectores el peso de los protagonistas en la novela, lo que me ha hecho crecer como escritor a la hora de buscar soluciones para tramas difíciles.

Además, la votación se realizaba en fin de semana y solo disponía de cinco días para escribir la siguiente entrega. Apenas podía adelantar el trabajo, así que estaba obligado a teclear en cualquier momento. En un banco en el parque mientras mis hijos jugaban, en la puerta de la escuela de idiomas mientras hacía tiempo y casi en cualquier lugar imaginable. Cuando no podía escribir, investigaba y, cuando no podía investigar, buscaba imágenes para ilustrar los relatos. Eso me ha proporcionado cierta soltura y, sobre todo, me ha enseñado a no tener miedo a la hora de dejar que la historia y los personajes hablen por sí mismos, limitándome a dejar que sean ellos los que hagan avanzar la trama.

— El mismo sistema de escritura da título al libro, ya que las decisiones que se van tomando en cada capítulo obligan a que haya un nuevo y constante ‘punto de inflexión’, generando una narrativa dinámica, pero ¿corres el riesgo de hacer una trama farragosa con tanto giro?

—Sin riesgo no hay diversión (risas). La vida son dos días y, los escritores que no gozamos del respaldo de una gran editorial, estamos obligados a crear historias y métodos diferentes. Mi ancla en todo este proceso tan particular ha sido mantenerme fiel a los protagonistas. Dejar que la historia los haga crecer, con sus más y sus menos, y que se centren en el tema principal.

Cualquiera que la haya leído no puede decir que la trama sea farragosa, aunque haya múltiples subtramas que se entremezclan. No he querido desarrollar una novela negra más, donde el método policial sea la principal premisa, sino que he ofrecido a mis lectores una aventura en la que ellos podían campar a sus anchas, mediante una lectura sencilla, y llena de elementos que pueden identificar con solo dar un paseo por nuestros barrios. Me siento orgulloso de los comentarios de la gente y eso es lo que me dice que estoy haciendo las cosas bien.

— La historia de intriga tiene ingredientes como la corrupción, la mafia rusa, la policía nacional e incluso algún toque de humor, todo ello ambientado en Alicante. ¿Qué te lleva a plantear a tus lectores semejante combinación?

—Yo soy policía además de escritor y una de las cosas que menos me gustan de las novelas policiales es encontrarme con un superpoli que todo lo sabe, todo lo resuelve y jamás comete errores. La realidad es muy diferente. Somos seres humanos, con nuestros problemas y nuestras inquietudes, y eso es lo que le pasa a Luna de manera constante.

Además, todos hemos vivido o visto en las noticias la cantidad de actuaciones con los mafiosos que habitan nuestro litoral. El tema de la mafia rusa, la bratva, es algo que me ha llamado siempre la atención. Es curioso, por decirlo de alguna manera, cómo se extienden sus garras incluso en las instituciones o grandes empresas durante años y resulta imposible deshacerse de ellos. Enfrentar a una policía de calle, con sus múltiples altibajos, que vive y se mueve en nuestra ciudad, a un entramado criminal de tal magnitud, me pareció un reto bastante atractivo.

— También aportas tu toque a la hora de proponer tus historias al lector aportándole incluso, parte de la documentación que has usado en tu proceso de documentación para la escritura. ¿Por qué comenzaste a complementar así tus relatos?

—Estoy obsesionado, lo sé. No me lo tengáis muy en cuenta. Siempre busco algo más allá, explorar en la mente del lector y buscar sus reacciones. Me parece que exponer mis creaciones en paños menores es una buena forma de conectar, para que puedan comparar y descubrir que parte de las historias que cuento tienen una base real. Sé que muchos compañeros prefieren tener lista la documentación sobre la mesa, la escaleta terminada y ponerse a teclear como monos enjaulados. A mí me gusta más compaginar la escritura con la investigación. Me parece mucho más divertido y, al fin y al cabo, para eso escribo; para pasármelo bien y hacer que otros disfruten con lo que hago.

Ahora mismo recuerdo una serie de tres relatos que escribí sobre la segunda guerra mundial. En una de las escenas, esto sí que es un spoiler en toda regla, uno de los soldados estaba cocinando café en una olla mientras esperaba en un punto de control.

El caso es que me pregunto: ¿Tomaban café los militares alemanes bajo el mando de Hitler?. Me resulta curioso cuanto menos. Así que descubrí cómo se elaboraba el café en aquella época y que lo tomaban sin cafeína por orden del Führer, en su afán por preservar la pureza de la raza aria. Se obsesionó con la ingesta de comida orgánica, renunciando a estimulantes como el azúcar, quiso recudir el consumo de alcohol o el tabaco y apostó por el vegetarianismo. Lo cual no estaría nada mal si los soldados no se hubieran atiborrado de metanfetamina en el frente o hubieran sustituido la cafeína del café, por la Scho-Ka-Kola, una tableta circular de chocolate, creada en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 por Theodor Hildebrand, con alto contenido en cafeína. Y lo mejor de todo es que todavía se puede comprar en Amazon. ¿Cómo voy a dejar a mis lectores sin conocer este tipo de curiosidades?

— Abordas relatos cortos o novelas con géneros que tocan el thriller, la fantasía, la ciencia ficción o el género negro-criminal. ¿Cuál de todos es tu favorito?

—Pues me siento muy cómodo con todos ellos, aunque quizá me inclino un poco más por la fantasía y el terror. De hecho, los libros que tengo terminados ahora mismo y pendientes de publicación son de fantasía oscura y ciencia ficción. Punto de inflexión surgió de la nada como un proyecto experimental y me he lanzado al soporte papel con esta novela negra. De lo cual no me arrepiento. Como lector, siento especial pasión por el terror oscuro y el género fantástico, y puede que eso haya condicionado un poco mi estilo. Me declaro culpable, señoría. Siempre intento darle este toque a mis historias, sean del género que sean, como una especie de marca personal.

— ¿Tienes nuevas historias en mente? ¿Pretendes mantener este proceso creativo?

—Si paro de escribir, mi cerebro explota. Uno de los motivos de crear el blog fue dar salida a la cantidad de ideas que revoloteaban y golpeaban las paredes de mi cabeza queriendo escapar. Siento la influencia de mi día a día en las historias que os muestro. Del trabajo, de mis amigos, de mis enemigos, de mi familia. Podría sacar un cuento de cualquier cosa, me siento capacitado para ello y mis lectores lo saben, por eso me ponen a prueba.

Incluso en una ocasión, hablando con una compañera sobre el proceso de escritura y buscando disparadores creativos salió este mismo tema. Se me ocurrió el objeto más absurdo del que no podría sacar ninguna historia, una aburrida corbata, y me puse a ello. La convertí en un amuleto y… ¡tachán! Otra creación loca subida al blog. Como decía Alaska, «yo soy así y así seguiré». Mi pasión es contar historias y disfruto con ello.

Ahora mismo estoy escribiendo la segunda parte de Punto de inflexión. Me hubiera gustado seguir con la saga de fantasía oscura que estoy creando, pero algunos amigos me han sugerido que la historia de Luna da para uno o dos libros más, y como estoy enamorado de mi personaje no puedo dejarla de lado. Tenemos Luna para rato, aunque, esta vez… Bueno, mejor no os digo nada más.

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