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GRUPO PLAZA

una visita a los cuarteles de marines y bétera

Soldados del siglo XXI

Desde los cuarteles de Bétera y Marines miles de mujeres y hombres se preparan para estar dispuestos en caso de ser requeridos en cualquier despliegue internacional. Plaza ha tenido la oportunidad de conocer esos trabajos e instalaciones

29/09/2018 - 

VALÈNCIA.- La Comunitat Valenciana es un punto estratégico de la defensa de España por la peculiaridad de algunas de las unidades que tienen como base nuestro territorio. Son cerca de 4.000 hombres y mujeres distribuidos en regimientos y batallones operativos de Caballería, Transmisiones, Acorazados, NBQ... Su máximo jefe, el teniente general Francisco José Gan Pampols asegura que «el prestigio internacional de las tropas no cala en la sociedad porque no se conoce o no se explica». Plaza tiene la oportunidad de conocer su trabajo.

La unidad más veterana —más de 300 años de historia en Valencia— es el Regimiento de Caballería Lusitania nº 8, formado por 250 efectivos (el 70% son de la Comunitat) conocidos como los ‘Jinetes’ o ‘Dragones de la muerte’. Es la unidad de maniobra más potente del ejército en lo que se refiere a potencia de fuego de puntería directa y protección. Además, desde 2016 están adscritos a la Brigada Almogávares VI de paracaidistas, lo que les permite participar en conflictos con la fusión de lo convencional y asimétrico. Su vocación viajera les ha llevado a misiones en Los Balcanes, Bosnia, Kosovo, Líbano, Afganistán, Irak o Senegal, siempre bajo mando de la ONU, OTAN o coaliciones internacionales. Son recordadas sus intervenciones en las inundaciones de València (1957) y de Alzira (1982). 

El coronel Ángel Esparza, máximo responsable de la unidad, describe la funcionalidad de los vehículos tácticos que utilizan (Vert, Vec y Centauro) como «auténticas plataformas de combate dotadas de los elementos tecnológicos más sofisticados» y destaca «la altísima cualificación de sus soldados». Sin embargo, esta unidad no solo es de intervención directa sobre el terreno; en la retaguardia dispone de talleres de reparación de carros que «son fundamentales para mantener los vehículos y que cuentan con cualificados especialistas». 

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Y como parte fundamental de su operatividad figura el adiestramiento y entrenamiento. Para ello, los ‘Jinetes’ cuentan con el sistema Steel Beast, que les permite realizar prácticas en simuladores de tiro desde los vehículos en una sala informática. Se establecen misiones con exploradores y jefes de equipo y a nivel táctico se ensayan operaciones —con instrucciones individuales y en equipo— a las que se les añaden condiciones climatológicas adversas, vehículos tácticos, enemigos militares y civiles, obstáculos... En la simulación Victrix se realizan prácticas y supuestos de ataque en una nave con un simulador de tiro. 

Ya en el terreno, están habituados a la instrucción diaria y semanal. Los entrenamientos en el campo de maniobras de San Gregorio pueden ser de 24 horas seguidas cada quince días o de diez días seguidos. Para Plaza realizan una simulación de ataque: el capitán José Luis Rodríguez y sus subordinados, pintados de camuflaje, realizan un operativo de recuperación de rehenes y heridos. Se trata de un ataque con vehículos pesados (dos Centauros-VEC) para liberar a los rehenes. Un pelotón de soldados exploradores desciende del VEC pertrechado con sus cascos blindados para buscar a los secuestrados. Una vez controlado el perímetro y situado el lugar a asaltar se utilizan botes de humo: el rojo identifica a los heridos, el naranja y amarillo delimita al enemigo y el azul refleja una zona libre y de control seguro. Los enemigos son reducidos y un vehículo sanitario se acerca al operativo para recuperar a los heridos. Además, el VEC atacado es evacuado. Al finalizar, se evalúa el resultado del ejercicio.

Punta de lanza en el desierto

Precisamente, una brigada de voluntarios del Lusitania nº8 dio origen en 2016 al Grupo de Caballería Acorazado Milán XVI, con sede en Marines. Aunque operativamente depende del mando de Canarias —en 2019 se instalará en Lanzarote— realiza su instrucción con el apoyo logístico del Lusitania y su primera misión se desplegó en el Líbano (mayo de 2017). Este grupo centra sus misiones como unidad especializada en el combate y supervivencia en el desierto, con vehículos blindados sobre ruedas para operar día y noche. 

El grupo está formado por 200 efectivos en período de instrucción y adiestramiento. Su máximo responsable, el teniente coronel Fernando de Saá Antón, cuenta que «los soldados están muy formados en el combate, con utilización de simuladores de carro y prácticas sobre el terreno, y los oficiales acreditan una dilatada experiencia internacional». Ejemplo de esta trayectoria es el suboficial mayor Máximo Romero Gimeno, que ha formado parte de operativos del Humint de Inteligencia en Yibuti, Bosnia y Afganistán, y como casco azul de la ONU en el Líbano. De su experiencia le impactó «la difícil situación de la mujer en Afganistán, pues cuando contratábamos a una mujer para trabajar en la base aparecía algún familiar varón. No se fían y quieren controlarlas».

El cabo primero José Ignacio Martínez lleva quince años en el ejército y es conductor de vehículos. Entre sus experiencias en Kosovo, Líbano e Irak recuerda una vivencia que le ha marcado: «En 2005, en Irak, conducía un coche en un convoy y en una emboscada el vehículo que iba delante voló por los aires y los cinco compañeros murieron». El cabo resalta el compañerismo y el espíritu de trabajo pero también la dureza de estar fuera. «Mi mujer pertenece al Lusitania y cuando estamos en el extranjero hablamos por Skype a diario», revela. 

Del telégrafo a Internet

Uno de los regimientos más numerosos, con más de mil miembros, es el Regimiento de Transmisiones 21 con sede en Marines. También ostenta el título de ser el regimiento de transmisiones más antiguo del mundo, pues tiene su origen en la Brigada Telegráfica de 1872. Su mando Matrans, con base en Bétera, se ocupa de todos los despliegues de comunicaciones y transmisiones de un puesto de mando con todas sus capacidades a pleno rendimiento. El 21 es el más grande y apoya al cuartel de despliegue rápido de la OTAN y en las misiones que soliciten las distintas unidades del Ejército. Establecen transmisiones y comunicaciones autónomas con distintos niveles de redes e intercomunicaciones con sus correspondientes claves, cortafuegos o protecciones para evitar ser hackeados. 

El concepto de seguridad dentro de la propia base es fundamental pero también la importancia de transmitir información (posiciones propias, del terreno y de los supuestos objetivos y enemigos potenciales) y disminuir el tiempo de las decisiones de los mandos operativos. De ahí que se genere el concepto de «necesidad de conocer y obligación de compartir». 

Esa información se comparte en una nube genérica sin que siga los cauces jerárquicos. Los protocolos en comunicaciones ya se ensayan con los nuevos sistemas, de manera que una imagen de un dron UAV puede ser vista en tiempo real en países que formen parte de esa coalición. Con ello se pretende disminuir los tiempos de decisión. 

El Grupo Patriot tiene una capacidad de 24 misiles, y puede producir lanzamientos simultáneos o individuales dependiendo del ataque

 El general Vicente Ripoll, ya en la reserva, asegura que «si una misión te lleva a un lugar que por sus características no es favorable debes contar con todos los medios disponibles sin tener que recurrir a nadie; como detalle gráfico, en una hora se instala una antena parabólica que da servicio a 250 teléfonos y 250 ordenadores».

Según explica, cuando se despliega un operativo el personal del Regimiento 21 es el primero en desplazarse para asegurar las comunicaciones y transmisiones. Inicialmente son unidades integradas por cinco soldados que pueden desplazarse en 24 horas y en menos de una semana los efectivos pueden llegar a los 150 para conseguir esa autonomía con las redes propias sin recurrir a los operadores locales. Desde el primer minuto disponen de enlaces para las comunicaciones y, a modo de puzzle, va creciendo hasta poder dar servicio a un cuartel de unos 50.000 efectivos. Se trata de asegurar la conectividad.

El capitán Carlos Moro explica que en un despliegue habitual para dar cobertura a un puesto de mando «se monta una réplica de oficinas, se habilitan zonas para prensa, ONG, telefonía móvil, sistema Tetrapol y aplicación de telefonía normal; si vas a un lugar inhóspito a veces es una ventaja porque controlas el entorno más seguro». Y apostilla: «Si no fluye la información no se pueden tomar decisiones; los de artillería necesitan saber dónde tienen que disparar, los de infantería dónde está el enemigo...». 

El coronel jefe del Regimiento de Transmisiones 21, Guillermo Ramírez Altozano, enseña las instalaciones y comprueba los materiales. Hay maletines que en apenas cinco minutos conectan con todo el mundo con enlaces y redes seguras, antenas parabólicas de gran capacidad, equipos de transmisión, baterías... Ramírez se muestra orgulloso del centro de formación que cuenta con personal militar y civil, pues la cualificación profesional que se adquiere es muy completa. «Somos escuela oficial de Cisco (el mayor fabricante de componentes electrónicos) y Microsoft», destaca, junto al convenio de colaboración con la Universitat Politècnica de València. 

El Grupo Patriot

Desde 2015, y bajo el paraguas de la OTAN, se encuentra desplegado en Adana (Turquía) el Grupo Patriot de Marines para proporcionar defensa antiaérea y antimisil ante la amenaza siria. La unidad la conforman unos 400 efectivos y a día de hoy está desplegado un grupo de 48 soldados. Los Patriots se probaron por primera vez en la guerra del Golfo (1991) en combate ante los misiles balísticos SCUD que lanzaba el régimen de Saddam Hussein. Se considera un sistema eficaz por su automatización y capacidad para enfrentarse a las contramedidas electrónicas del enemigo. Todos los soldados de la unidad han pasado en algún momento por cursos de formación en Estados Unidos, Alemania, y en la base de Marines. El teniente coronel Andrés explica el funcionamiento de la unidad: «Se trata de un sistema antimisil balístico y de crucero con baterías antiaéreas y de defensa; en Adana estamos en plena frontera con Siria y es una población con dos millones de habitantes y su consiguiente riesgo». El teniente coronel incide en la alta preparación de los soldados en el aspecto técnico y del dominio del inglés como idioma de comunicación en operativos internacionales. 

El capitán Raúl Valladolid comenta que su sistema de trabajo es «en tiempo real y con decisiones de carácter semiautomático porque el factor humano siempre decide en el último segundo». El sistema de comunicación se monitoriza desde la base de Ramstein (Alemania), «allí se detecta el lanzamiento del misil desde Siria y se tiene una capacidad de respuesta de unos tres o cinco minutos para lanzarlo». Esta operación se ensaya casi todos los días para definir y aquilatar al máximo la operatividad de respuesta ante un ataque. El Grupo Patriot tiene una capacidad de 24 misiles, y puede producir lanzamientos simultáneos o individuales dependiendo del ataque. 

Curiosamente, en la ciudad de València se ubica una unidad que es única en el Ejército: el batallón de Cooperación Cívico Militar I. De carácter militar, sirve de enlace con el entorno civil en zonas de conflicto o catástrofes humanitarias. Está compuesta por unas cien personas, la mayoría con amplia trayectoria profesional y experiencia en conflictos, inteligencia y despliegues humanitarios. Al frente está el teniente coronel de Infantería Andrés Fernando Castán, quien explica que «interactúan con civiles y tiene un gran esfuerzo de visibilidad; su formación es heterogénea, soldados expertos en combate, inspectores, especialistas con suficiente empatía para resolver asuntos tan sensibles como la atención a la infancia, maltrato y agresiones sexuales, solución de derechos en conflictos, asesoría legal, apoyo a organizaciones humanitarias...».

La capitán Ángela Berjillos describe que la unidad gestiona proyectos de cooperación, realiza simulacros en universidades y colegios como un canal abierto con la población, trata asuntos de género e infancia y utiliza a reservistas activos para dar formación. «Nuestra clave de actuación es el factor humano y la empatía con la población», explica. La unidad ha desplegado operaciones en Albania, Centroamérica, Kosovo, Mozambique, Indonesia, Afganistán y en estos momentos hay efectivos proyectados en el Líbano. 

Negociación en tierra hostil

¿Cómo se realiza una mediación en un conflicto? Para explicarlo, simulan un supuesto de agresión sexual de un grupo de hombres a una mujer en un campo de refugiados de distintas etnias. Se establece una mesa de negociación con la presencia del jefe de seguridad del campo de refugiados, una representante de ACNUR, portavoces de las dos etnias enfrentadas y dos mediadores CIMIC (el teniente Molina y el subteniente Clausell). 

Se aprecia la importancia del lenguaje verbal y no verbal ante un enfrentamiento complicado. La representante de ACNUR defiende a la víctima mientras que los mediadores CIMIC no buscan culpables y evitan respuestas negativas para finalmente hacer propuestas equilibradas que puedan asumir las partes enfrentadas. El riesgo de no llegar a un acuerdo es el posible estallido en el campo de refugiados. Las habilidades de los negociadores deben reflejar la interculturalidad y pedir calma y proponer una investigación sobre el hecho denunciado. El supuesto finaliza con acuerdo a regañadientes de las distintas etnias. Al finalizar los alumnos reflexionan sobre el incidente y evalúan la capacidad de liderazgo de los mediadores.

El Batallón de Helicópteros de Emergencias II con sede en la Base Jaime I (Bétera) está integrado en la estructura orgánica del Ejército de Tierra, forma parte de sus Fuerzas Aeromóviles y actúa bajo el mando operativo permanente de la Unidad Militar de Emergencias (UME). «La fuerza del equipo —formado por 80 hombres y mujeres (representan el 12%)— es la garantía de nuestro trabajo», sentencia el teniente coronel Vicente Martínez.  

En cuanto a medios aéreos, cuentan con los helicópteros Cougar (HU-27) con capacidad de búsqueda y rescate, lucha contraincendios y reconocimiento en todo tiempo, y los helicópteros ligeros EC-135 (HU-26) con capacidades similares pero con dimensiones más reducidas. Además, la unidad posee vehículos contraincendios, todoterreno y unidades de repostaje. Desde su creación en 2008 ha realizado 110 misiones, entre ellas en el terremoto de Lorca, incendios en Cortes de Pallás, Andilla, Ibiza; evacuaciones en el Balneario de Panticosa; búsqueda y rescate de personas en situaciones críticas, y han desplegado en el Líbano.

Plaza visita los hangares con la imponente presencia de dos Cougar en reparación y mantenimiento. Su envergadura les permite realizar misiones en todas las campañas climatológicas con especial dedicación a incendios, inundaciones y rescate de personas. Las revisiones de los aparatos son continuas. Una hora de vuelo tiene un coste aproximado de 100.000 euros e implica veinte horas de revisión.

El teniente Coronel Martínez presenta al piloto, el capitán Juan José Ríos Gómez, que afirma: «Lo mío es vocacional y me gusta ayudar a los ciudadanos; a la hora de acometer una misión tienes que trabajar con total confianza en tus compañeros, es vital». También está presente la sargento Mónica Royo Castañer, una auténtica crack para sus compañeros: «Mi tarea es controlar los parámetros del helicóptero en plena operación para que los compañeros puedan realizar su trabajo bien y, ya en tierra, me ocupo de las tareas de mantenimiento». Esos datos son necesarios para que el gruista y el rescatista puedan ser dirigidos y ubicados en el punto de rescate o misión. El operador de abordo-rescatista, el soldado José Antonio Ruiz Parra, explica la importancia de estar en plena forma y ser hábil: «Al final soy quien entabla el contacto con la persona en peligro». 

Riesgos NBQ

En Paterna está ubicado el único Regimiento NBQ -Valencia nº 1- de la fuerza terrestre de las FAS españolas. Los 300 efectivos (52 son mujeres) que lo integran trabajan con amenazas y riesgos de carácter nuclear, biológico y químico (NBQ) con el objetivo de detectar, identificar y monitorizar los agentes agresivos para proceder a su mitigación y descontaminación. Entre sus misiones destaca el apoyo en la defensa NBQ/TIM (Materiales tóxicos industriales) y el asesoramiento en preparación de la defensa al Cuartel de las Fuerzas Terrestres. De hecho, ha participado en numerosas misiones internacionales bajo el mandato de la ONU, OTAN y UE. Su organización es de manera modular y flexible y puede actuar tras las consecuencias de un atentado terrorista con agentes agresivos NBQ, en catástrofes o ataques deliberados a la población o a los cultivos. 

El coronel Carlos Ardanaz enseña a Plaza los laboratorios y explica los equipos que emplean. «Nuestra operatividad debe ser máxima y con independencia de otras unidades. Para ello, utilizamos vehículos propios preparados para la toma de muestras de los agentes agresivos y para la descontaminación inmediata». El URO es de una alta movilidad táctica: localiza a cinco kilómetros una nube química, ya que incorpora un detector de vapores químicos y radiológicos, así como una estación meteorológica. La dotación del vehículo se compone de un conductor, jefe y dos operadores —equipados con trajes de carbono 14— y posee un equipo de transmisiones. 

En Paterna está el único Regimiento NBQ, cuyo objetivo es detectar, identificar y monitorizar los agentes agresivos para  su mitigación y descontaminación

El BMR, adaptado con un chasis de hace más de 40 años, es un vehículo de reconocimiento de áreas contaminadas y dispone de filtros de todos los agentes, sondas, identificación, toma de muestras, sensores NBQ, cámaras de visión nocturna e infrarroja, grupo electrógeno y sistemas de transmisiones.

El personal suele estar formado en física, química, microbiología y farmacia. En el laboratorio, el subteniente Mario Torres y el soldado Alejandro López explican sus trabajos de análisis de muestras: «Se realizan pruebas exhaustivas para identificar los agentes contaminantes y la proporción en la que se han expandido; se utilizan aparatos muy sofisticados y minuciosos con tareas concretas, como un identificador de isotopos que mide la tasa de afectación e identifica el elemento contaminante». El soldado Ignacio Ibáñez ha superado el ejercicio Precise Response en la base de Suffield (Canadá) y cuenta que «un adiestramiento así es positivo porque estás sometido al estrés de una situación con agentes reales y tienes la oportunidad de trabajar con compañeros de otras doce naciones OTAN».

La unidad también desarrolla colaboraciones con las universidades valencianas (UPV, UV y CEU), la Guardia Civil, Policía Nacional, Policías locales y empresas. En las prácticas habituales se cumplen protocolos para calmar a la población en caso de riesgos NBQ y se informa de la capacidad de respuesta de esta unidad. El teniente coronel Carlos Aguado y el brigada Miguel Ángel Campos de la sección de descontaminación pesada explican que «el vehículo es descontaminado con agua fría para quitar barro, después caliente con descontaminante y por último fría para aclarar». Al finalizar el operativo también se descontaminan instalaciones, terrenos, vehículos y personas. Campos explica que en ocasiones se dispone de un túnel de lavado para personas, pues «en las duchas se tarda unos veinte minutos en desinfectar y si el resultado no es correcto se vuelve a realizar el proceso; si los afectados son numerosos se disponen túneles de descontaminación con mayor capacidad». Tal y como enfatiza el teniente coronel Aguado, se trata de dar seguridad a la población.  

* Este artículo se publicó originalmente en el número 47 de la revista Plaza

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