RESTORÁN DE LA SEMANA

Tasca Eulalia (Dénia)

Hemos vuelto a los bares, hemos vuelto al mar. Un ratito en la barra, producto de Lonja y otra vez late la vida

26/06/2020 - 

Dénia es el paraíso del mar; será por sitios en Dénia. Lo cierto es que no se puede visitar la capital de la Marina Alta sin leer este artículo de Macarena Escrivà, sin rendirse a la gamba roja de El Faralló, o elogiar el pulpo seco de Sendra. ¿Cómo marcharse sin chapotear entre las calas de Les Rotes y pasear por las calles del centro histórico? Marcarse un aperitivo en el mercado de Els Magazinos, lamentarse por no haber conseguido mesa en El Baret de Miquey alejarse para disfrutar de una coca d’Ontinyent en Pont Sec. De repente, uno se sabe en la única ciudad de la Comunitat que tiene un restaurante con 3 estrellas Michelin, el de Quique (Dacosta). Pero, ¿y si hay hambre de barra? Con producto rescatado de las olas.

Así fue como, la noche del solsticio, dejamos que Aitana nos rompiera una ilusión (la barra sigue cerrada) y Eulalia nos inspirara otra. Hay que ver cómo son los amores de verano.

San Juan quedaba cerca, por lo que practicamos uno de los rituales paganos más antiguos, que pasa por acodarse en la barra, primero un poco de pie, luego un poco sentado, y dejarse llevar por los camareros. Estamos en una tasca con sustancia, fundada en el año 1982 por Jaime Vives Masó, militante histórico de la hostelería. En los años 60 abrió el San Remo, luego el Quijote y, ya después del Bar Jaime, el establecimiento en el que nos encontramos. Sus hijos también cuentan con el cariño de la clientela, Jaime y Juan Antonio, que saben cómo se corta el jamón y cómo se sirven los vinos (respectivamente). Con todos estos datos, la entrega es sin miedo ni renuncia. Se pide la botella y se acaban las responsabilidades.

"¿Qué hay del del día?" "Pues todo". Puestos a tapear, que de eso iba la noche, apostamos por pescados y mariscos de la Lonja de Dénia. Calamar de la bahía y atún rojo a la plancha, o algo de pescadito frito; ya ves tú qué fácil. La ensaladilla está rica y las croquetas parecen honestas, yo no pido más. También guisan: cazuelas de rape, hígado de ternera, habitas con morcilla y callos con garbanzos, aunque conviene preguntar, porque la carta cambia mucho dependiendo de la temporada y la pesca. Parece que los arroces también gozan de bastante aceptación, especialmente el meloso de cigalas, pero eso ya no lo probamos, porque era noche de platos cortos y risas largas. Lo que viene siendo una noche de verano.

El ambiente estuvo animado desde el principio, cuando varios comensales hacían cola en la puerta, hasta bien entrada la velada. Tanto en la sala como en la barra se repartían familias y amigos, mayores y jóvenes, feligreses y forasteros... Una suerte de miscelánea que siempre es una buena señal. La conquista de Tasca Eulalia es la familiaridad y la comodidad. Pese a que el establecimiento se ha sometido a una reforma para actualizar su decoración, no ha perdido la esencia de la fachada ni del interior, con elementos como la madera y la luz tenue, que abrigan hasta cuando hace calor. La carta es sencilla, pero bien traída; los precios son razonables y acordes al género. Te ríes, se ríen, sientes el abrazo.

Y de una barra no se espera otra cosa que abrazo. Y pescado rico. Y vino.