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una oportunidad perdida

Turismo Halal: El tren que no coge València

El turismo islámico es uno de los mercados que más crecerá en los próximos años. Sin embargo, ni las administraciones ni la hostelería están trabajando en serio para posicionar al cap i casal como un destino halal-friendly

29/01/2019 - 

VALÈNCIA.- «Balansiya es esa esmeralda por donde corre un río de perlas/ Es una novia cuya belleza/ Dios ha creado para darle luego/ la juventud eterna» son solo unos versos del poema que Ar-Russafi dedicaba a su amada ciudad desde el exilio en Granada. De aquella València musulmana, pese a su efervescencia cultural y económica, quedan pocos restos arquitectónicos, pero son muchas las herencias que permanecen en el imaginario valenciano a día de hoy. Cinco siglos de historia en València que ni se cuidan ni se promocionan. 

Sacar rédito a esta realidad histórica se convierte casi en una obligación cuando hablamos en términos de turismo, y más para una región como la valenciana en la que el turismo genera más del 13% de su PIB. El muslim friendly tourism es ya una realidad que viene pisando con fuerza. Los datos son muy reveladores: el turismo halal mueve más de 130 millones de turistas al año en el ámbito global. Las previsiones apuntan a que, en 2020, esta cifra crecerá hasta los 156 millones de visitantes. Y hablando en plata: en solo dos años, el gasto de estos mercados se cifra en 220.000 millones de dólares hasta una previsión de alcanzar los 330.000 millones en 2026.

Pero ¿qué es el turismo halal? Es un tipo de turismo enfocado a satisfacer las necesidades de los mercados musulmanes y que demandan el concepto halal, que determina aspectos de su vida cotidiana como la alimentación, la oración... Así, según apunta Hosteltur, representa una filosofía de vida para 1.600 millones de personas en todo el mundo, procedentes de países muy diversos. «Es un turismo muy tranquilo y familiar, aunque varía mucho en función de la nacionalidad; nada tiene que ver un indonesio con un kuwaití, nada salvo la filosofía halal y que son mercados en constante crecimiento», apunta Flora Sáez, socia fundadora de la única turoperadora con certificación halal en España, Nur and Duha Travel. 

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Es un mercado con un futuro enorme, ya no solo por lo que representa sino porque se estima que, en 2030, el 66% de la clase media mundial se definirá con dos parámetros: ‘musulmana’ y ‘asiática’. «Mientras ‘la clase media’ mengua en una Europa que se recupera lentamente de la crisis económica, las economías del sudeste asiático presentan tasas de crecimiento cercanas a los dos dígitos. Es por ello que cada vez es más frecuente encontrar jóvenes turistas del sudeste asiático —particularmente de Malasia, Indonesia, Brunei o Singapur—, que se desplazan a España para visitar la arquitectura del gran icono islámico occidental: las capitales de al-Ándalus», explica la zaragozana afincada en València Bárbara Hayat, directora de Relaciones Internacionales del Instituto Halal. 

Falta mucho por hacer

Según el informe anual The Muslim Travel Index (Mastercard & Crescentrating), España se ha posicionado como el segundo destino escogido entre los países que no pertenecen a la OIC (Organisation of Islamic Cooperation), solo por detrás de Rusia y adelantando por primera vez a destinos como Francia, Reino Unido o Alemania. Sin embargo, España no se encuentra en el top ten de los destinos más apreciados por este segmento, ¿por qué? Los expertos lo tienen claro, España concentra puntos de enorme interés para el turista musulmán, pero ni las administraciones están promoviendo una estrategia conjunta adecuada ni el tejido empresarial acaba de arriesgar y ofrecer servicios adaptados.

«Es una lástima —apunta Hayat— pues al-Ándalus es un mito vivo para el turista musulmán; visitar la Meca es una obligación y ver al-Ándalus un sueño». Pero no se rentabiliza, muy al contrario: «La falta de adaptación hace que, por ejemplo, acorten su estancia en España para visitar Marruecos o recomienden a sus amigos o seguidores en redes sociales que traigan sus propios alimentos». Asimismo, destaca que España sería el destino número uno de estos mercados «si se diseñara un plan estratégico en el que el sector público estimulara al tejido empresarial a adoptar el halal como una alternativa rentable», tal y como ya se ha hecho en Londres, París, Viena, Alemania, Japón o Tailandia.

En este sentido, València es quizá el destino nacional que menos está trabajando en relación a su potencial. Málaga, Marbella, Granada, Córdoba, Barcelona y Madrid se reparten el pastel (se estima que viajan a España entre 1,5 y dos millones de turistas musulmanes no europeos), mientras que València, aun teniendo todos los ingredientes, no acaba de subir al tren halal. «Hay una falta de visión evidente», apunta Flora Sáez, quien reconoce que ha habido contactos tanto con València Turisme como con Turisme Comunitat Valenciana. «Están interesados en posicionar a València en estos mercados y hacer acciones específicas, pero cuando no pasa una cosa pasa otra y al final no llega a nada. Hay comunidades que lo tienen clarísimo y llevan años trabajando en esta línea. València no lo hace pese a tener un potencial muy interesante».

El sector hotelero es clave

Andalucía, por su parte, lanzó este año el Plan Estratégico Andalucía, tus raíces, dirigido al mercado musulmán y judío. Málaga acaba de firmar un acuerdo con Fly Emirates; en Granada los servicios de turismo ad hoc están emergiendo a ritmos frenéticos; Barcelona vive una eclosión de lo halal, Turespaña lanzó por primera vez el audiovisual Spain is part of you orientado a este turista. Mientras, en València, no pasa (casi) nada: «La administración debe poner los medios, por lo menos de formación, y promover acciones (como fam trips) para fomentar el conocimiento y romper los tabús», señala Flora.

Es justo reconocer que adaptarse al turismo halal requiere por parte del sector hostelero tomar ciertas decisiones que no siempre son fáciles. La certificación 100% halal es muy estricta y requiere de medidas que no siempre son compatibles con el tipo de turismo en el que se ha posicionado València. Sin embargo, desde el Instituto Halal explican que «existen muchas acciones de cortesía que son muy efectivas, sin necesidad de tener que modificar toda una estrategia de negocio». Estas acciones a las que se refieren se engloban bajo el paraguas Muslim friendly y engloban pequeños gestos como, en el caso de los hoteles, disponer de un desayuno halal, restaurantes especializados, indicar en las habitaciones la dirección de la Meca, ofrecer actividades adaptadas o incluir un guiño en festividades propias como el Ramadán.

De hecho, en España solo existen dos hoteles con certificación halal íntegra, uno en Marbella y otro en Torremolinos, ambos de propietarios saudíes. Todas las fuentes consultadas apuntan al alcohol como una barrera a la proliferación de este tipo de alojamientos. La filosofía halal no permite el consumo de alcohol y los turistas musulmanes esperan que, al menos, no se ofrezca en el conocido como minibar, lo que no suele ocasionar un inconveniente. Sin embargo, la socia de la agencia halal reconoce que «es difícil en un país que no vive del turismo musulmán sino del turismo británico, alemán, etc., ser propietario de un hotel y no ofrecer alcohol a tus clientes.

Lo más probable es que pierdas clientes. Para un hotelero español decirle: ‘‘oye, renuncias al alcohol’’, es un planteamiento arriesgado porque ¿por traer a uno voy a echar a otros?». En 2017 en España se consumieron 218 millones de litros de bebidas espirituosas (destiladas), de los que el 62% se distribuyó mediante el canal Horeca, representando el consumo en hostelería el 25%, es decir, casi 34 millones de litros, según la Federación Española de Bebidas Espirituosas, sin contabilizar por tanto las bebidas de baja graduación como la cerveza o el vino.

Sin embargo, Fernando Portal, director general del Hotel Alanda (primer hotel halal de España) en Marbella, rechaza la mayor: «Existe un reto a la hora de integrar esta filosofía halal en un hotel en España con los mercados más tradicionales, pero esto no ha supuesto un problema para el Alanda Hotel Marbella. El hotel sigue abierto a todos los mercados internacionales, enfocado a la tranquilidad, el relax y la desconexión. De esta manera, la exigencia de ser un espacio libre de alcohol no ha hecho más que ayudar a asentar este enfoque entre los clientes del hotel, que huyen de las posibles ‘molestias’ que caracterizan a otros establecimientos».

«El turismo halal funciona»

El turista musulmán se siente atraído por el patrimonio, la cultura, por su propia historia, la naturaleza y los espacios verdes urbanos, el fútbol y las compras. «València lo tiene todo para el turista halal», afirma Hayat, quien mira con escepticismo hacia el sector turístico valenciano: «No hay un modelo de gestión adecuada. Que decidan qué modelo de turismo quieren potenciar. El halal funciona, hay demanda», afirma. El cap i casal se disputa con otras pocas ciudades una posición privilegiada como destino preferente en el ámbito nacional para el mercado musulmán por razones históricas y culturales. «Existen unos nexos y unos rasgos comunes que unen pese a la diversidad», un intangible que viene a sumarse a todas las bondades turísticas propias de la ciudad, explica Sáez.

Desde València Turisme, la entidad promotora del turismo en la capital, apuntan a que «a corto plazo no son un mercado prioritario y no existe un plan estratégico directo» para el mercado musulmán y árabe, pero no dejan de aprovechar cualquier oportunidad que se les presente para promocionar el destino. Sin ir más lejos, el pasado mes de noviembre la Fundación organizó un evento promocional en Dubai con un joyero y empresario valenciano bajo el paraguas del 57º encuentro de la International Congress and Convention Association, y de la mano de Turisme Comunitat Valenciana y Turespaña.

Apremia explorar nuevos mercados ante la incertidumbre de un Brexit abocado a empeorar la situación actual, así como por la recuperación de la calma tras las ‘Primaveras árabes’

Asimismo, València Turisme, dentro de su política de «aprovechamiento de oportunidades» se ha unido, junto con otros destinos españoles, a «eventos en Kuala Lumpur —en la ITb de Asia, la feria de turismo de ocio en el Sudeste Asiático—, o viajes de presentación de destino para profesionales en colaboración con Qatar Airways o con Turkish Airlines. Además, se han realizado reportajes con medios de comunicación (TV de Malasia)». València quiere encontrar su hueco en el segmento Excellence a través del turismo de compras o los deportes, clave para el viajero musulmán, pero es una aspiración que lleva años persiguiéndose sin consolidarse. «Convendría posicionarse clarísimamente» de cara a ellos, ya que «no puedes esperar que la comunicación dirigida a un alemán funcione con un emiratí o la de este último con un indonesio», declara Flora Sáez.

En esta línea, Turisme Comunitat Valenciana, dentro de sus posibilidades, «trabaja para reforzar la formación en cocina halal, para dar recursos a los alumnos y futuros profesionales del sector para atender esta demanda». Y es que el turismo gastrónomico podría ser otro gancho al que se podría acoger València, que ya dispone de cuatro restaurantes con certificación halal, como el restaurante Balansiya.

Y es que València se mueve con soltura entre italianos, holandeses, ingleses y alemanes, pero mira tímida e indecisa a los mercados que mayor crecimiento registran fuera de las fronteras europeas. Apremia explorar nuevos mercados ante la incertidumbre de un Brexit abocado a empeorar la situación actual, así como por la recuperación de la calma tras las ‘Primaveras árabes’ que han devuelto a Túnez y Egipto su atractivo turístico, circunstancia que durante siete años pudo rentabilizar a España y, por tanto, a la Comunitat Valenciana.

Atender los mercados prioritarios es clave para mantener la buena posición competitiva de la industria turística valenciana. Pero también lo es desarrollar nuevos mercados y diversificar el negocio para seguir exprimiendo la gallina de los huevos de oro de la economía valenciana. El rédito a obtener es múltiple. Más allá de lo económico también desde el punto de vista cultural y político, si realmente València quiere convertirse en aquello que pregona: una ciudad abierta y multicultural, orgullosa de su pasado y que mira de frente y con decisión al futuro.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 51 de la revista Plaza

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