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sopa de chorizo y pizza de paella

Typical spanish

El domingo desayuné en Dulce de leche. Mi acompañante y yo éramos los únicos españoles, y me dieron ganas de poner cara de souvenir y gritar ¡que soy typical spanish!

| 20/04/2018 | 4 min, 32 seg

Claro que desde que el mundo se hizo barrio, ya todos nos hemos convertido en turistas. Vivimos con esa permanente sensación de extrañeza en la mirada, como extranjeros de nuestra propia vida, algo muy literario por otra parte. Gentrificación creo que lo llaman, que es una forma técnica y rimbombante de aludir a la precariedad. Yo lo llamo Alien, el octavo pasajero.

Es un hecho que el mundo se nos ha encogido.

Recuerdo que hace unos años, aún existía la comida para guiris, claramente diferenciada de lo que comíamos nosotros, su sangría, sus tapas malas, su paella de noche, en muchos casos de Paellador (que rima con Marina Dor) y hasta nos parecía tolerable, porque ellos eran más altos, más rubios, más ricos, más guapos, menos españoles en definitiva. Y de alguna manera les gustaban nuestras cosas malas, esa pillería typical spanish, esencia de nuestro folklore.

Hoy con las redes sociales, el mundo se extiende sin sobresaltos, de forma continua y cualquiera es capaz de localizar el fogón exacto donde se cocinó la primera fabada del mundo, donde se mojó en horchata el primer fartón, el bareto donde sirven cocas hechas en un horno del s. XIX. Hoy lo conocemos todo al instante. El tiempo ha desaparecido y, si hacemos caso a ese muchacho listo que fue Einstein, espacio-tiempo están impepinablemente relacionados, con lo cual el espacio también desaparece. ¡Que te tiran de tu barrio!, que no lo digo yo que lo dice Einstein.

Claro que también nosotros hemos aprendido a travestirnos de turistas y contraatacar en tierras lejanas. ¿Os acordáis de cuando volar era de ricos, de mundanos cosmopolitas que pertenecían a otra categoría social, a otra galaxia más bien, con acceso a un mundo tan exótico como el de Julio Verne? Sucedió en el siglo pasado.  

Hoy vas a Nueva York, que está aquí al lado- abre la ventana de la tele si no te lo crees- ,  y sabes dónde tomarte la mejor hamburguesa, en el mismo sitio donde la recoge Brad Pitt en chándal con lamparones. Un sitio que no tiene ni letrero y solo encuentran los más avispados foodies. Cuando llegas, hay una cola que da la vuelta a la manzana, a la gran manzana.

 Y a pesar de todo eso, aún existen- parece mentira- delirantes interpretaciones de nuestra comida en el extranjero, verdaderas ficciones que hacen pensar que la globalización no ha sido más que un espejismo. Como la típica sopa española de chorizo, ¿qué español no ha probado una buena sopa de chorizo?, ¿quién no tiene una abuela en Cuenca que la cocine, que haya pasado unos años en Londres y conozca la típica receta alienada?

O una pizza de spanish tapas que se vende en Japón con su cebollita, sus calamares, su chorizo, sus gambas, su queso y sus olivas. Sé que estás salivando.

Pizza Hut lanzó la pizza paella en Polonia y yo creo que si llevas un tiempo fuera de España y sientes nostalgia, consigue removerte algo por dentro, aunque sea el estómago.

O esa revisitación inglesa de la empanada gallega, galician fish pie, una especie de vómito que se come con cuchara y que viene a ser como una flamenca con sombrero mexicano, viviendo las fallas en Sevilla.

Más conocido es el caso del inglés Jamie Oliver que se levantó un día con ganas de cocinar una receta española: usó dos dientes de ajo, pollo, guisantes, gambas congeladas, tomate y una buena cantidad de chorizo. La leyenda que acompañaba la foto del plato “Hay pocas cosas en la comida española mejores que la paella” era como esos cartelitos desconcertantes junto a los cuadros abstractos.

Pero a pesar de estos platos típicos nuestro tan extraños, que deberían hacernos reflexionar acerca de las barrabasadas que estaremos cometiendo con otras cocinas del mundo, lo cierto es que, tras la globalización, el mundo se ha vuelto mucho más manejable y uniforme, y la comida para turistas ha pasado a ser una reminiscencia el pasado. Por eso sigue sorprendiendo lo que sucede en nuestro paseo marítimo, tomado por sitios de los años 80 o 90, búnkers acristalados  donde se come mal, se atiende mal, donde se resiste como una aldea gala a la globalizacion. Parecen puertas de acceso a otra dimensión espacio temporal, donde la fritanga, la comida revenida y aceitosa, la falta de higiene y el camarero resabiado subsisten. Tal vez sea lo último typical spanish que sobrevive en este mundo tan estupendo en el que hoy vivimos, perdón, sobrevivimos.

Casi provocan ternura. Cuando se extingan estos últimos reductos, yo creo que lo único exótico de verdad vendrá del espacio. ¿Has probado el calamar lunar? ¿Y el buey a la piedra roja de Marte?

Eso sí, seguiremos diciendo cosas como que en Neptuno hace frío, menos 220 grados centígrados, pero es un frío seco, te abrigas y ya está, no como en Valencia…

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