Comarca y empresa

La Pastelería Selví levanta la persiana en Aldaia tras la Dana: "Queríamos volver a ser parte del pueblo"

Un año y tres meses después de la catástrofe, el obrador ha reabierto este viernes tras un largo proceso marcado por la espera, las obras y el apoyo vecinal. Durante el acto de reapertura, el propietario pidió matrimonio a su novia, Sara

  • La Pastelería Selví en Aldaia reabre este viernes tras la Dana.
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VALÈNCIA. Rafa Hoyo llevaba meses entrando y saliendo de la Pastelería Selví con una mezcla de emociones difícil de gestionar. Había cansancio, pero también una alegría que le sacudía el cuerpo cada vez que pensaba en que ya quedaba menos para reabrir su negocio familiar. Como un partido de tenis, miraba de un lado al otro el trasiego constante de los obreros que ultimaban los trabajos en el obrador, irreconocible tras la Dana del 29 de octubre de 2024. 

Este viernes, por fin, ha levantado la persiana de su pastelería en la calle Iglesia de Aldaia, una de las zonas más afectadas por aquel terrible episodio de inundaciones. Lo ha hecho tras más de un año de cierre y con la sensación de que nada de lo vivido desde entonces ha sido sencillo, ni rápido, ni previsible. Durante meses, el tejido económico de este municipio de l'Horta Sud ha estado muy afectado.

  • Rafa Hoyo y su novia, Sara, en la pastelería Selví de Aldaia.- Foto: VP

La Pastelería Selví fue uno de esos negocios que se vio obligado a paralizar su actividad después de que el agua entrara con fuerza en el local y alcanzara, en este caso, casi dos metros de altura en el interior del obrador. "Yo mido 1,75 metros y el agua me cubría entero. Fue una situación límite", recuerda Hoyo. Aquella tarde, para resguardarse del 'tsunami', tuvieron que abrirles desde un patio interior anexo a la pastelería porque la puerta principal ya no se podía utilizar. 

Cuando el nivel del agua descendió, el negocio era un auténtico lodazal. Hoyo lo vio claro: no había nada que salvar a corto plazo. Tanto la maquinaria como las instalaciones fueron dañadas. A partir de ahí, comenzó una etapa que el propietario define como "una sucesión de esperas". Esperar al perito, a sus valoraciones y, por último, a las indemnizaciones. "No sabíamos cuánto ni cuándo nos iban a pagar. Íbamos completamente a ciegas", explica Hoyo. Durante meses, el negocio estuvo cerrado sin posibilidad real de avanzar, atrapado en una burocracia que no distinguía entre la urgencia vital y los plazos administrativos. 

  • La pastelería Selví, en Aldaia, reformada tras la Dana. - Foto: VP

Una reconstrucción lenta y marcada por la burocracia

Las ayudas públicas tampoco llegaron cuando más se necesitaban. La más relevante para la pastelería, según Hoyo, ha sido la del 'Pla Ara Empreses' de la Generalitat Valenciana, pero esta se ingresó a finales del año pasado. "La recibimos prácticamente el último día de 2025. Si todo se hubiera agilizado un poco, ya llevaríamos abiertos varios meses", afirma. Esa tardanza condicionó todo el proceso y obligó a Hoyo a apoyarse en otras vías para no abandonar el proyecto de reapertura.

En ese sentido, el respaldo que encontró en los proveedores y otras empresas del sector fue clave. Descuentos importantes en la compra de nueva maquinaria, facilidades de pago y contactos que permitieron reducir los costes en un momento crítico para la pastelería. "Si no hubiera sido por esas ayudas privadas y por la buena voluntad de muchas empresas, no habríamos llegado hasta aquí", reconoce Hoyo. 

  • La Pastelería Selví, en Aldaia, reformada tras la Dana.- Foto: VP

Aun así, la inversión que necesitaba para reabrir el negocio fue muy elevada. Las pérdidas sufridas tras la Dana se situaron entre los 230.000 y los 250.000 euros, pero el coste real de volver a poner en marcha el negocio ha sido mucho mayor. "El valor de lo que pierdes es una cosa, pero comprarlo nuevo cuesta el doble. Aquí estamos invirtiendo entre 500.000 y 600.000 euros", explica Hoyo. Buena parte de ese esfuerzo se concentró en la reposición del obrador. 

Los hornos, las amasadoras, las mesas frigoríficas, las vitrinas y el equipamiento técnico tuvieron que sustituirse casi por completo. "Solo en maquinaria, incluso con grandes descuentos, nos hemos dejado alrededor de 150.000 euros", detalla el propietario. La dimensión del local —unos 200 metros cuadrados entre tienda y obrador— no hizo sino multiplicar la complejidad de las obras. Unos trabajos que, lejos de ser una solución rápida, se convirtieron en otro foco de desgaste para Hoyo.

"La obra la hemos tenido que pagar dos veces. El suelo, el techo e, incluso, partes enteras del local hubo que volver a hacerlas", explica. En ese contexto, Hoyo señala que la necesidad de abrir cuanto antes pesaba tanto como la falta de experiencia para gestionar procesos de reconstrucción de este calibre. "Cuando estás nervioso y quieres poner en marcha el negocio, adelantas dinero y confías. Luego ves las cosas con perspectiva y piensas que no lo habrías hecho igual", admite.

  • La Pastelería Selví, en Aldaia, reformada tras la Dana.- Foto: VP

A todo ello se sumó un elemento que Hoyo no contemplaba: el impacto fiscal de las ayudas privadas. Parte del dinero recibido para reconstruir el negocio tuvo que declararse como ingresos ordinarios en la campaña del IRPF de 2024. "Nos obligaron a contabilizarlas como si estuviéramos vendiendo pasteles. Tuvimos que pagar cerca de 20.000 euros cuando el negocio estaba cerrado", lamenta. Una situación que, en su opinión, agravó aún más un proceso ya de por sí frágil y lleno de incertidumbre.

El apoyo de los vecinos y clientes 

Mientras tanto, el día a día se sostenía gracias a un apoyo menos visible pero igual de importante: sus vecinos y clientes. Durante el año y tres meses de cierre, la pastelería no dejó de estar presente en la conversación cotidiana del barrio. "Cada poco tiempo alguien se paraba y nos decía que ya quedaba poco, que teníamos que volver a abrir", cuenta. Ese respaldo emocional fue decisivo en los momentos en los que la reapertura parecía más bien un espejismo que una meta a corto plazo.

El equipo del negocio también atravesó una etapa complicada. Los trabajadores permanecieron durante meses en ERTE, con ingresos reducidos. "Somos seis personas, además de mí. Hay familias que dependen de empresas pequeñas como esta para subsistir", señala Hoyo, quien también reconoce que una de sus principales preocupaciones era no poder sostener el proyecto y dejar a su equipo en una situación aún más vulnerable.

Sin embargo, este viernes la escena ha sido distinta. La persiana del local se ha levantado, el obrador funciona con normalidad y la Pastelería Selví exhibe de nuevo un mostrador repleto de productos de todo tipo. Para celebrarlo, Hoyo ha organizado un cátering dirigido a los vecinos y vecinas de Aldaia. No como un acto promocional del negocio, sino como un gesto de agradecimiento. "La gente se ha portado súper bien con nosotros. Tenía miedo, claro, pero sobre todo muchas ganas. Queríamos volver a ser parte del pueblo", resume. 

  • Cátering para los vecinos y vecinas de Aldaia, con motivo de la reapertura de la pastelería.- Foto: VP

La jornada también ha dejado un momento inesperado. En un acto que ha reunido a numerosos vecinos y ha contado con la presencia del alcalde de Aldaia, Guillermo Luján, Hoyo aprovechó el momento para pedir matrimonio a su novia, Sara. Un gesto que, en medio de la celebración colectiva, ha añadido una dimensión personal a un día marcado por el regreso del negocio y la idea de futuro. 

  • Rafa Hoyo y su novia, Sara, tras darse el 'sí quiero'.- Foto: VP

La reapertura no borra lo vivido ni cierra del todo el proceso de reconstrucción. Aún quedan inversiones pendientes, matiza Hoyo, destinadas a implementar medidas de protección ante posibles episodios de lluvias. De momento, se ha optado por cambiar una cristalera que antes recorría uno de los laterales del local de arriba hacia abajo. En su lugar, Hoyo ha decidido tapiarla y convertirla en una suerte de "muro de contención" ante futuras avenidas de agua. 

En cualquier caso, el paso fundamental ya está dado. Más de un año después de la Dana, la Pastelería Selví vuelve a producir y a ocupar su sitio en la vida cotidiana de Aldaia. Es el relato de una reconstrucción lenta, atravesada por la burocracia, el endeudamiento y el desgaste personal. Pero también es la historia de alguien que decidió no abandonar, arropado por su entorno y por la convicción de que cerrar definitivamente no era una opción.

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