VALÈNCIA. Lena Perepolova, educadora financiera y fundadora de Women Investors Club, visitó Valencia la semana pasada para participar en la última edición del Women Executive Club (WEC), punto de encuentro de las empresarias y directivas de la Comunitat Valenciana por el que ya han pasado más de 500 profesionales y que es la antesala del Programa de Desarrollo Directivo (PDD) del IESE Business School.
En una conversación con ValenciaPlaza, Perepolova señala varias claves sobre la brecha de género que también existe en el mundo de la inversión, además de dar varios consejos para hacer crecer el patrimonio financiero desde cero, derribando mitos como el de invertir en "empresas ganadoras" o el de tener un ahorro significativo para iniciarse en la compra de acciones u otros vehículos.
-Has venido a dar una charla sobre empoderamiento financiero dirigida a mujeres. ¿Qué significa exactamente ese concepto y qué quieres transmitir en este tipo de encuentros?
-He venido a dar una charla sobre empoderamiento financiero a la comunidad de ISM y al Women Executive Club. La idea principal es explicar la importancia de la inversión y de que cada mujer cuide su propio bienestar financiero. También intento conectar el dinero con algo que muchas veces no se relaciona con él: la felicidad y las emociones. Al final, el empoderamiento financiero consiste en entender qué acciones tomamos para hacer crecer nuestro patrimonio. Todas las personas, todas las familias, tenemos un patrimonio, más grande o más pequeño, y la forma en que lo gestionamos tiene un impacto directo en nuestra vida.
-Cuando hablamos de empoderamiento financiero en las mujeres, ¿cuáles son las principales barreras que encuentras?
-Hay bastantes. La más conocida es la brecha salarial, que ya está muy estudiada. Pero en realidad también existe una brecha de riqueza. Las mujeres ganamos menos, hacemos más pausas en la carrera profesional para cuidar a la familia, recibimos menos pensiones y, además, invertimos mucho menos. En España, por ejemplo, la mujer invierte muy poco en comparación con los hombres. Todo eso hace que a largo plazo haya una diferencia enorme en el patrimonio acumulado.
-En conversaciones informales muchas mujeres comentan que es la primera vez que hablan de inversión o dinero con sus amigas. ¿Existe un sesgo de género en este tema?
-Absolutamente. Hace años tuve un programa de educación financiera para niños y pude observar algo muy interesante. Había muchos chicos de nueve años que querían aprender a invertir. En cambio, casi nunca veía niñas con ese interés específico de ganar dinero a través de la inversión. Las niñas sí querían entender cómo funciona un negocio, hablaban mucho sobre comercio justo o temas sociales, pero no mostraban el mismo interés por la inversión. Es algo que aparece desde edades muy tempranas.
-¿Crees que también influye la educación en casa?
-Sí. En España y en muchos otros países no se habla mucho de dinero dentro de la familia, y se habla todavía menos con las niñas. Incluso hay estudios que muestran que tareas relacionadas con el dinero —como ir a comprar o gestionar pequeñas responsabilidades económicas— se asignan antes a los niños que a las niñas. Existe una tradición cultural que deja a la mujer con menos responsabilidad financiera dentro del hogar.
-En tus mentorías, cuando las mujeres empiezan a tomar el control de sus finanzas, ¿qué cambios notas en ellas?
-El cambio más importante es la confianza. Cuando una mujer entiende cómo funciona su dinero, cómo manejarlo y cómo invertirlo, gana una enorme seguridad en sí misma. Muchas me dicen que les cambia la perspectiva de la vida. Se sienten más capaces, incluso se atreven a empezar nuevas carreras o proyectos. El impacto no es solo financiero, es psicológico.
-Hablas mucho de “confianza financiera”. ¿A qué te refieres exactamente?
-Sabemos por estudios que las mujeres, en promedio, tienen menos conocimientos financieros que los hombres, pero también tienen algo más: menos confianza financiera. Las mujeres decimos mucho más rápido “no entiendo esto”, incluso cuando sí lo entendemos. Y cuando falta esa confianza tomamos menos decisiones: invertimos menos, gestionamos menos nuestro dinero y dejamos pasar oportunidades.
-¿Eso también afecta al emprendimiento femenino?
-Muchísimo. Veo muchas mujeres emprendedoras que son el alma de su empresa, que tienen grandes ideas y trabajan muy duro, pero delegan completamente las finanzas. Piensan que es algo secundario y se lo dejan a otra persona. Pero en realidad la parte financiera es clave en cualquier negocio.
-¿Podría influir incluso en el famoso techo de cristal?
-Estoy convencida de que sí. En muchas empresas las mujeres llegan más lentamente a puestos directivos o no llegan. Y una de las razones es esa brecha de conocimiento y de seguridad financiera.
-Para una mujer que quiere empezar a invertir pero no sabe por dónde empezar, ¿qué consejo darías?
-Lo primero es entender la relación emocional que tenemos con el dinero. Muchas mujeres dicen con orgullo algo como: "Yo soy mala con el dinero". Si empiezas con esa creencia, ya estás creando una barrera. Muchas también sienten culpa al gastar o ansiedad al pensar en el dinero. Por eso es importante trabajar esas emociones.
-¿Y después de esa parte emocional?
-Tener paciencia. La inversión es un proceso largo. Muchas personas dicen: “Voy a empezar a invertir”, pasan dos semanas, no hacen lo que habían planeado y se frustran. Entonces lo abandonan. Hay que entender que aprender sobre dinero lleva tiempo.
-¿También es importante formarse?
-Sí, invertir tiempo en adquirir conocimientos es fundamental. Hoy hay muchísima información disponible. Pero también hay que trabajar la confianza financiera como si fuera un músculo: se desarrolla a través de la práctica y de tomar pequeñas decisiones financieras.
-¿Existe también un problema de perfeccionismo?
-Sí, muchísimo. Muchas mujeres creen que deben entenderlo todo perfectamente antes de empezar. Esperan el momento ideal, la estrategia perfecta. Los hombres, en cambio, muchas veces se lanzan antes, prueban y aprenden por el camino.
-En el mundo de las inversiones hay muchos productos complejos. ¿Cómo distinguir lo que merece la pena?
-Aquí entra algo muy importante: el sentido común. En el mundo financiero hay muchos servicios y productos que son dudosos o están diseñados de una forma extremadamente complicada. A veces uno los mira y piensa: "Esto no lo entiendo, ¿cómo puede funcionar?". Y ahí es donde hay que confiar en el instinto. Como suelo decir, hay muchos productos financieros sospechosos. Hay que confiar en nuestro sentido común.
-A pesar de todo, ¿las mujeres son buenas inversoras?
-Sí, y hay estadísticas que lo demuestran. Las mujeres suelen ser inversoras muy buenas porque tienen características muy valiosas: paciencia, disciplina y menos tendencia a tomar decisiones impulsivas.
-¿Hay sectores que atraigan más a las mujeres inversoras?
-Sí, por ejemplo las inversiones sostenibles. Muchas mujeres se interesan más por empresas relacionadas con el medio ambiente o con impacto social. Es lo que ahora se conoce como criterios ESG.
-¿Y con las nuevas tecnologías o la inteligencia artificial ocurre lo mismo?
-Las mujeres son curiosas y atrevidas, pero también suelen ser más prudentes. No invierten tan rápido en algo que no entienden. Eso tiene su lado positivo. Además, la inteligencia artificial puede ser una herramienta fantástica para aprender sobre finanzas: hacer preguntas, entender conceptos o investigar productos.
-¿Influye la clase social en la gestión del dinero?
-Curiosamente, muchas mujeres con menos recursos tienen un control más estricto de sus finanzas. Lo ven como una prioridad porque lo necesitan para vivir. En cambio, algunas mujeres con altos ingresos descuidan más su planificación financiera porque ven dinero en su cuenta bancaria y sienten que todo está bajo control.
-Hablando en general de inversión, ¿qué mito te gustaría desmontar?
-El mito de buscar la "estrategia ganadora". Mucha gente cree que invertir consiste en encontrar la empresa o el fondo perfecto. En realidad, lo más importante es invertir con regularidad.
-¿A qué te refieres con invertir regularmente?
-No hace falta ahorrar una gran cantidad antes de empezar. Es mejor invertir una pequeña cantidad cada mes. Incluso se puede automatizar.
-¿Qué tipo de productos recomiendas para empezar?
-Los productos indexados. Son fondos que replican índices de mercado. En lugar de apostar por una empresa concreta, inviertes en muchas empresas a la vez.
-¿Cómo funcionan exactamente?
-Es como un ranking. Igual que existe una lista de las personas más ricas del mundo, en la bolsa hay índices que agrupan a las empresas más grandes. Un fondo indexado puede incluir, por ejemplo, las 500 mayores empresas. Si una empresa deja de estar entre las mayores, sale del índice y entra otra. Tú siempre tienes una cartera diversificada.
-¿Se puede empezar con poco dinero?
-Sí. Incluso con 50 euros al mes.
-¿Y se puede automatizar?
-Sí, puedes programar que cada mes se invierta automáticamente una cantidad. Lo mismo ocurre con los planes de pensiones.
-¿Es buen momento para invertir ahora?
-La inversión es un hábito, no un momento puntual. Siempre parece que no es el momento perfecto: si la bolsa sube, piensas que está demasiado cara; si baja, piensas que bajará más. Por eso es mejor invertir de forma constante.
-¿Crees que en España falta educación financiera?
-En realidad falta en muchos países europeos. Tradicionalmente los europeos invierten menos en bolsa que otras regiones. Pero se están haciendo muchos esfuerzos desde instituciones como el Banco Central Europeo para mejorar la educación financiera.
-En tu experiencia, ¿hay alguna historia de una mujer que te haya marcado especialmente?
-Sí, recuerdo a una mujer de más de 60 años que llegó con mucho miedo. Tenía todas sus cuentas sobre la mesa y ni siquiera se atrevía a mirarlas. Después de la formación empezó a interesarse por las noticias económicas y a leer sobre inversión. Ese cambio de actitud fue enorme.
-¿Qué significa para ti el empoderamiento financiero?
-Una de mis clientas lo resumió perfectamente cuando dijo: "Yo puedo hacer cosas difíciles". Esa es la sensación que buscamos.
-También has trabajado con niños en educación financiera. ¿Cómo se les enseñan estos conceptos?
-Curiosamente es más fácil de lo que parece. A los niños les explico cómo funciona una empresa. Por ejemplo, una empresa de galletas o de limonada. Cuando entienden ingresos, gastos y beneficios, después les resulta mucho más sencillo comprender la economía personal.
-¿Recomiendas que los padres den paga a sus hijos?
-Sí, pero debe estar bien diseñada. Hay que pensar qué comportamientos queremos fomentar y enseñarles a gestionar ese dinero.
-¿Cómo lo haces en tu caso?
-A mí me gusta dar paga por retos. Por ejemplo, si mi hija supera una dificultad en el colegio o si lleva un registro de sus gastos. Así aprenden a tomar decisiones.
-También trabajas con empresas en bienestar financiero. ¿Por qué debería interesarle a una empresa este tema?
-Porque el estrés financiero afecta al trabajo. Hay estudios que muestran que una persona con problemas económicos tiene más dificultades para concentrarse y rendir.
-¿Qué es exactamente el bienestar financiero?
-Tiene tres elementos. El primero es poder gestionar el día a día: pagar vivienda, comida, gastos. El segundo es sentir seguridad respecto al futuro. Y el tercero es usar el dinero para cosas que realmente te hacen feliz y que están alineadas con tus valores.
-Entonces, ¿el dinero da la felicidad?
-El dinero es una herramienta. Puede ayudar a crear bienestar si cumple esas tres funciones.
-¿Cuánto dinero debería tener alguien como fondo de emergencia?
-Como mínimo, tres meses de gastos. Pero depende mucho de cada situación personal.
-Para terminar, ¿qué mensaje te gustaría lanzar a las mujeres que quieren empezar a invertir?
-Tres ideas muy simples: hay que empezar a hablar de dinero, hay que apoyarnos unas a otras y no hay que tener miedo.