Opinión

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Europa: ¿Usuarios o dependientes de EE.UU.?

Publicado: 25/05/2026 · 06:00
Actualizado: 25/05/2026 · 06:00
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CASTELLÓ. Europa no controla su infraestructura digital. Y eso no es una opinión, es un hecho.

Gran parte de la economía digital europea depende de un número muy reducido de compañías tecnológicas, principalmente estadounidenses. Desde el almacenamiento de datos hasta las herramientas de trabajo, pasando por la inteligencia artificial o las plataformas de comunicación, el funcionamiento cotidiano de miles de empresas y servicios públicos descansa sobre infraestructuras que no son propias. Esta dependencia no es necesariamente visible en el día a día porque todo funciona. Pero precisamente ahí reside el problema: la dependencia es cómoda… hasta que deja de serlo.

Durante años hemos priorizado eficiencia sobre autonomía. Externalizar servicios tecnológicos ha permitido crecer más rápido, reducir costes y acceder a soluciones avanzadas sin necesidad de desarrollarlas internamente. Desde una lógica empresarial, tiene sentido. Pero cuando ese modelo se traslada de forma masiva a sectores críticos, deja de ser una decisión táctica para convertirse en una vulnerabilidad estratégica. Porque depender implica no tener control total sobre condiciones, disponibilidad o evolución de esos servicios.

El contexto geopolítico actual añade una capa adicional de complejidad. La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China no es solo económica; es una disputa por el control de las infraestructuras que sostendrán el crecimiento global en las próximas décadas. Chips, inteligencia artificial, redes de comunicación o cloud computing no son sectores más: son los cimientos del nuevo orden económico. Y en muchos de ellos, Europa tiene una posición secundaria, no por falta de talento, sino por falta de una apuesta valiente y sostenida en el tiempo.

Esto no implica que la solución pase por el aislamiento o por intentar competir en todos los frentes. La soberanía digital no significa sustituir dependencia externa por autosuficiencia absoluta. Significa, fundamentalmente, tener capacidad de elección. Poder decidir con quién operar, bajo qué condiciones y con qué alternativas disponibles. Y eso requiere inversión, desarrollo de talento, colaboración público-privada y una visión estratégica que vaya más allá del corto plazo o de unas elecciones cada 4 años.

El problema es que la dependencia no aparece de forma repentina. Se construye progresivamente a partir de decisiones eficientes en el corto plazo que, acumuladas, reducen la capacidad de maniobra en el largo. Cada vez que una empresa o una administración basa su operativa crítica en un único proveedor sin alternativas reales, está asumiendo un riesgo. A nivel agregado, ese riesgo deja de ser individual y pasa a ser sistémico.

Por eso, más que preguntarnos quién lidera la tecnología, deberíamos preguntarnos hasta qué punto podemos operar sin ella si deja de estar disponible en las condiciones actuales.

Porque la diferencia entre ser usuario y ser dependiente no está en lo que utilizamos.

Está en si tenemos o no la capacidad de elegir otra cosa.

Jose Bort. Presidente Fundación E&S y autor de El Buen Emprendedor

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