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LA OPINIÓN PUBLICADA

Las mascletàs y el "relato" de quién te deja tirado en Albal

Publicado: 14/03/2026 ·06:00
Actualizado: 14/03/2026 · 06:00
  • La alcaldesa de València, María José Catalá.
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Cada año, por esta época, se evidencia que los ciudadanos de Valencia tenemos un problema que nadie quiere afrontar: unas Fallas absolutamente sobredimensionadas, que en teoría duran cinco días, del 15 al 19 de marzo, pero que en la práctica comienzan con el mes de marzo y se prolongan durante veinte días, que es también lo que duran las mascletàs. A lo largo de esos veinte días, confluyen las ganas de fiesta de los falleros, la salida de miles de personas de la ciudad para aprovechar esos días de vacaciones, huir de las aglomeraciones y el ruido, o ambas, y la llegada de otros tantos miles de turistas españoles y de otros países, así como de ciudadanos del área metropolitana de Valencia que vienen a disfrutar de las fiestas.

La presión del colectivo fallero, pero también de la hostelería y del turismo, siempre invencibles en la Comunitat Valenciana, por lo que se ve (recuérdese el papel estelar de los empresarios de hostelería en la Dana de 2024, cuando no convenía poner problemas al puente del 1 de noviembre que se vislumbraba en el horizonte), ya han conseguido institucionalizar la especie de que aquí puede que la plantà de las Fallas comience oficialmente el día 15, pero la plantà de las carpas lo hace mucho antes, que es imprescindible ofrecer al turismo y a los falleros al menos dos fines de semana con sus verbenas y su jolgorio. Y si el día 19 cae en jueves, como este año, de manera que los fines de semana quedan muy lejos, pues aquí tenemos a nuestras amigas las carpas bien plantadas desde el día 6 de marzo, dos semanas por delante con multitud de calles cortadas y tráfico más caótico aún de lo habitual.

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Las Fallas aparentan crecer cada año más, con más días, más turistas, más chiringuitos que disponen churros y buñuelos rápidamente convertibles en goma y cocinados en aceites primigenios que posiblemente ya fueran efervescentes cuando murió Franco y, en fin, más de todo. Uno de los momentos de aglomeración más conflictivo desde el punto de vista del orden público es el de las mascletàs de la plaza del Ayuntamiento, porque es un espacio específico, grande, pero no demasiado, que se repite además muchos días (del 1 al 19 de marzo), y que provoca el transporte de mucha gente en torno a la ciudad y su área metropolitana. Los organismos encargados de establecer los pertinentes dispositivos de seguridad (policía, bomberos) han avisado y emitido informes sobre el peligro de estas aglomeraciones y han propuesto una medida para mitigar posibles problemas: impedir la llegada de trenes de Cercanías a Valencia durante el periodo en el que se celebran las mascletàs, del 13 al 19 de marzo. Una propuesta que se ha convertido en una partida de tenis entre el ayuntamiento de Valencia, de donde proviene inicialmente, y el ministerio de Fomento, que ha de modificar los trayectos de Cercanías, sobre quién tiene la responsabilidad.

  • Pasajeros desembarcando en una de las vías de la Estación del Norte. -

Lo interesante de esta medida es que ha evidenciado dos cuestiones de gran importancia, ambas -por desgracia- previsibles. La primera de ellas, que el interés, tanto del ayuntamiento de Valencia como del ministerio de Fomento, ha sido, desde el minuto uno y hasta la fecha, ganar el "relato" de la culpa. Determinar que los responsables de una medida tan impopular sólo pueden ser los otros. Durante días, nadie se ha planteado buscar soluciones, alternativas, porque estaban demasiado ocupados batallando por el relato. Y la verdad, en el camino, el "relato" que ha quedado claro es que el ayuntamiento es incapaz de ser consecuente con sus propios informes y ha buscado escurrir el bulto (con propuestas tan "razonables" como traer a los pasajeros, a los que quieres enviar a Albal para que no haya aglomeraciones, en autobús a Valencia, para así generar aún más caos y aglomeraciones); y que el ministerio y su titular, Óscar Puente, no tienen en mente gestionar la cuestión y asumir su responsabilidad para ofrecer un servicio público a los ciudadanos del área metropolitana de Valencia, porque es más importante seguir inmersos en la batallita de zascas, tuits, y sorprendentes giros dialécticos chulescos y faltones en los que el ministro es orgullosamente experto. Y si hay que dejar tirada a la gente en Albal y que allí se apañen, pues así será. Porque solucionar el "relato" sobre el problema es fundamental; solucionar el problema en sí, pues no tanto.

  • El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente. -

La otra cuestión, que a mí me parece aún más llamativa, pero tampoco sorprende, es que por lo visto los ciudadanos del área metropolitana que quieren ir a la mascletà (si es que vienen para eso, y no para hacer cualquier otra cosa en Valencia en esos horarios) en trenes de cercanías resultan muy peligrosos para la seguridad ciudadana. En cambio, los demás ciudadanos no. Y allí se incluye a los que vienen en el AVE gestionado por el ministerio de Fomento desde Madrid en masa para disfrutar de las Fallas o a los que el ayuntamiento de Valencia, desde su cuenta oficial en X, da una cálida bienvenida para que se acerquen en coche o avión con el mismo propósito. Esos no son tan peligrosos para las aglomeraciones, porque a fin de cuentas vienen a gastar, a turistear, a incrementar con su munificencia turística el carácter abierto y cosmopolita de los valencianos. Los del área metropolitana, en cambio, mejor que se queden en casa, para evitar riesgos innecesarios. También aquí nuestros amados dirigentes políticos han dejado muy claras las prioridades, una vez más.

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