VALÈNCIA. La acampada por el derecho a la vivienda que ocupa la plaza del Ayuntamiento de València y su compatibilidad con la mascletà del 9 d'Octubre se ha convertido en el enésimo enfrentamiento entre la alcaldesa, María José Catalá, y la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé.
A un día de la celebración, no se contempla un desalojo según sostiene la Delegación. Los acampados anunciaron este miércoles que reorganizarán las tiendas para garantizar la Procesión Cívica y la bajada de la Senyera, pero pidieron que se traslade la mascletà, que está prevista en el espacio que ocupa la acampada.
Sin embargo, la alcaldesa ya rechazó una reubicación porque sostiene que la mascletà está vinculada al regreso de la Real Senyera al Ayuntamiento y que o se dispara en la propia plaza “o no se hace”. Catalá insiste en que la Delegación del Gobierno debe garantizar la seguridad y el desarrollo de la totalidad de las celebraciones porque “los derechos de unos no pueden pisotear o alterar los derechos de los otros”.
Bernabé considera, en cambio, que “no se dan las circunstancias para levantar esa plaza” por la fuerza porque les ampara el derecho legítimo de reunión y que hay actos que no son compatibles con “la realidad actual de la plaza” en referencia a la mascletà. Unas palabras que provocaron que los pirotécnicos adviertan que pedirán indemnizaciones por vía judicial a la Delegación si finalmente no pueden disparar la citada mascletà.

- Foto: EFE / Kai Forsterling.
Una relación institucional viciada por la carrera hacia las urnas
La relación institucional de necesaria colaboración entre el consistorio del Cap i Casal y la Delegación del Gobierno está viciada desde hace tiempo por la carrera hacia las urnas que enfrentará a Bernabé y Catalá por la Alcaldía en 2027. Han sido varios los episodios de cruce de acusaciones: desde el caos de Cercanías durante las Fallas hasta la acampada de docentes que coincidió con el Corpus, pasando por el enfrentamiento en torno al Consejo de Administración de la Sociedad Parque Central.
Pero el conflicto de la acampada de la vivienda y el 9 d'Octubre tiene una particularidad porque en esta ocasión, las dos dirigentes se enfrentan sobre dos elementos con una fuerte capacidad de movilización política para sus respectivos electorados con unas elecciones a la vuelta de la esquina.

- Catalá portando la Real Senyera en la procesión cívica.
Pocas citas del calendario festivo de la ciudad reúnen tan claramente los símbolos y sensibilidades que forman parte del espacio político de Catalá como el 9 d'Octubre. Sobre todo los actos en torno a la Senyera. Una cita en la que el protagonismo institucional de la alcaldesa es central, y a la que dirigente popular otorga una importancia capital.
El escenario que más conviene al Ayuntamiento es, por tanto, el de una celebración sin la acampada que permita recuperar la estampa habitual de una jornada que, además, el año pasado no se pudo celebrar por la lluvia y que, además, será la última de este mandato. Sin embargo, si finalmente no se dispara la mascletà, Catalá ya ha señalado a la delegada como responsable de no desalojar la plaza evitando así tener que asumir el potencial desgaste de un 9 d'Octubre sin mascletà.
La vivienda, un asunto central en plena campaña
Para Bernabé, en cambio, la acampada conecta con el asunto sobre el que la izquierda aspira a construir buena parte de su discurso para las próximas elecciones, la vivienda. Oponerse a una actuación policial de desalojo permite a Bernabé mantener una posición coherente con ese espectro político.
Pero la gestión del 9 d'Octubre añade una dificultad a esa posición: si se produce algún altercado entre asistentes y acampados sería la Policía Nacional, dependiente de la Delegación, la encargada de intervenir. Una situación especialmente delicada, más aún después de las cargas policiales de la semana pasada contra los manifestantes por la vivienda.
Las dos tienen, por tanto, motivos para mantener sus posiciones y pocos incentivos para ser la primera en mover ficha. Pero no afrontan con la misma exposición un desenlace todavía imprevisible. Catalá llega más cubierta ante cualquiera de los escenarios, mientras que Bernabé asume un mayor riesgo de que el conflicto acabe dejándole algún coste político por su doble condición de delegada y candidata.