VALÈNCIA. “No es una buena solución” o “es una mala propuesta”. Estas han sido algunas de las manifestaciones —obviando el cruce de descalificaciones— de la alcaldesa de València, María José Catalá, y del ministro de Transportes, Óscar Puente, en relación con la decisión de que los trenes de Cercanías de las líneas C1 y C2 finalicen su trayecto en Albal en horario de mascletà durante los días centrales de las Fallas de Valencia. Unas declaraciones pronunciadas a menos de dos días de que entren en vigor las anunciadas restricciones de este servicio público de las que parece desprenderse que ambos dirigentes comparten que la alternativa tomada no beneficia a los viajeros.
Sin embargo, las administraciones llegan a las puertas de Fallas empeñadas en sacudirse las responsabilidades sin que haya sobre la mesa ninguna solución para los casi 40.000 usuarios de Cercanías de las líneas C1 y C2 que necesiten llegar a València entre las 13:00 y las 15:00 del 13 al 19 de marzo. No en vano, según los cálculos de la propia Renfe, se verán afectados cuatro trenes al día con capacidad para 1.400 viajeros cada uno, lo que supone una estimación de 39.200 pasajeros.
A estas horas, más allá del cruce epistolar del martes por la tarde entre la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, y la alcaldesa, no se ha producido ninguna comunicación oficial o reunión entre técnicos de ambas administraciones para abordar la viabilidad de alternativas que no supongan desembarcar a los pasajeros en Albal, a 15 kilómetros de la ciudad y prácticamente sin otra opción de transporte público para acceder a València.

- María José Catalá, Óscar Puente y Pilar Bernabé en una imagen de archivo.
- Foto: EDUARDO MANZANA
Enrocados en sus respectivas posturas, desde el Ayuntamiento defienden que “en ningún caso” solicitaron al operador ferroviario que optase por Albal como alternativa e insisten en que es competencia del Ministerio “plantear soluciones”. Catalá recuerda que el consistorio "no puede diseñar itinerarios de Renfe, ni sus llegadas, ni sus pasajes” y reiteró a la compañía que remita sus propuestas.
Por su parte, el Gobierno ha insistido —tanto a través de las palabras de la delegada como de los numerosos mensajes del ministro en redes sociales— en que debe ser el Ayuntamiento quien pida “por escrito” y “avalada por un informe de seguridad” que los trenes sí desembarquen en la Estación del Nord y señalan que la gestión de aforos del entorno de la mascletà es competencia municipal.
Y es que esta es una de las claves del conflicto, puesto que ambas partes arguyen los informes, tanto de la Policía Local y los Bomberos de València como del Cuerpo Nacional de Policía, en los que se recomienda interrumpir la llegada de trenes a Nord entre las 13:00 y las 15:00 para limitar la afluencia de personas en la calle Calle Xàtiva y evitar colapsos. De hecho, según Puente, estos informes habrían sido los que habrían llevado a Renfe a cambiar de criterio y aceptar este año la petición del consistorio de interrumpir la llegada de trenes en este horario, petición que el Ayuntamiento ya había realizado en años anteriores sin que la operadora accediese a suprimir su servicio por la mascletà.
Cómo se ha llegado hasta aquí
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15 de marzo de 2025. Durante una mascletà se produce un episodio de fuertes aglomeraciones en el entorno de la Estación del Nord, con momentos de avalanchas provocados por la coincidencia de quienes se dirigen a la mascletà, el público que sale de la Plaza de Toros de Valencia y los viajeros que intentan abandonar la estación por la salida hacia la Calle Xàtiva.
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Octubre de 2025. El Ayuntamiento de València remite a Renfe un informe en el que, por razones de seguridad, plantea interrumpir la llegada de trenes entre las 13:00 y las 15:00 durante los días centrales de mascletà para evitar que se repita una situación similar.
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Enero de 2026. Un nuevo informe de la Policía Local reitera la recomendación de que los trenes no lleguen a la Estación del Nord en esa franja horaria.
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Febrero de 2026. Un informe de la Policía Nacional firmado por el jefe provincial en Valencia también recoge que se considera “necesaria” la supresión de la llegada de trenes a esta estación durante ese horario.
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Finales de febrero. En la junta de seguridad de las Fallas de Valencia —con presencia del Ayuntamiento, Bomberos, Policía Local, Policía Nacional, la Delegación del Gobierno y la Generalitat— se menciona el problema de las aglomeraciones, pero no se abordan las alternativas para los viajeros.
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6 de marzo de 2026. Renfe comunica oficialmente que restringirá la llegada de trenes de Cercanías a la Estación del Nord en horario de mascletà. Mientras otras líneas, como la C3 o la C6, pararán en estaciones dentro del término municipal de València, las líneas C1 y C2 que llegan desde el sur finalizarán su trayecto en Albal al ser, según la compañía, la estación más próxima que reúne condiciones de seguridad adecuadas para la evacuación.
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7 y 8 de marzo. Los usuarios comienzan a mostrar su malestar en redes sociales por la decisión y por la falta de alternativas para acceder a la ciudad.
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9 de marzo de 2026. Tras varios días de críticas, la alcaldesa de València, María José Catalá, se pronuncia y asegura estar “sorprendida” de que Renfe no haya habilitado autobuses para trasladar a los pasajeros desde Albal.
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Respuesta del Ministerio. El departamento que dirige Óscar Puente reprocha que la decisión de no llegar a Nord responde a una petición expresa del Ayuntamiento y sostiene que trasladar a miles de viajeros en autobús no es una alternativa viable y que el consistorio lo conocía.
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Situación actual. El cruce de reproches entre administraciones escala y a pocos días de que entren en vigor las restricciones no existe una solución alternativa clara para los viajeros.
Este episodio, más allá del pulso político entre administraciones, reabre un debate recurrente. No en vano, las Fallas de València se han convertido en un evento cada vez más multitudinario, con una presencia creciente de visitantes y una movilidad muy tensionada por los numerosos cortes de calles derivados de la instalación de carpas y monumentos. Ante situaciones como esta —en las que se ven afectados servicios públicos básicos como el transporte ferroviario— son cada vez más las voces que se preguntan si las Fallas corren el riesgo de morir de éxito si no se repiensa el modelo actual.