VALÈNCIA. València ha ganado 15.000 habitantes en el último año, rozando los 840.800 vecinos y convirtiéndose en la segunda gran ciudad española que más crece, con un 1,8% más de población respecto al año anterior. Un crecimiento que consolida su atractivo, pero que también empieza a mostrar sus costuras. La crisis de vivienda, una movilidad cada vez más tensionada y la presión sobre los servicios públicos plantean una pregunta clave: ¿puede València seguir creciendo sin colapsar?
No en vano, según la cifra validada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), València contaba a comienzos de 2025 con una población de 840.792 habitantes, lo que supone un crecimiento de unas 100.000 personas en lo que va de siglo. A principios de los 2000, el número de habitantes del ‘Cap i Casal’ apenas superaba los 743.200, con una densidad de población de en torno 7.500 habitantes por km2. Este indicador ha crecido en casi 1.000 personas en los últimos 25 años, hasta situarse en los 8.511 habitantes por cada km2 de la ciudad. Por distritos, Rascanya, Camins al Grau, Campanar, Quatre Carreres y Benicalap son los que han ganado más población en las últimas dos décadas.
Visión metropolitana
Sin embargo, el crecimiento de València no puede analizarse únicamente desde los límites de su término municipal. En los últimos años, mientras València incrementa su población, muchos municipios de su entorno lo hacen a un ritmo incluso superior, configurando una corona metropolitana en expansión. De hecho, como apunta el catedrático de la UPV y director de la Cátedra Transporte y Sociedad, Tomás Ruiz Sánchez, "entre 2019 y 2024, considerando 45 municipios del área metropolitana, la ciudad de València ha aumentado su población en torno a un 4%”.

- Cientos de personas en el encendido de luces Valencia. -
- Foto: JORGE GIL/EP
Este crecimiento, añade, se produce en un contexto en el que la mayor parte de los centros de empleo, servicios, universidades y equipamientos sanitarios siguen concentrándose en la ciudad central. “Hace falta esa mirada metropolitana para dar soluciones a la gente”, coincide el exdirector general de Urbanismo de la Generalitat Valenciana, técnico especialista en ordenación del territorio y gestión urbanística, Vicente García Nebot. “El término municipal de València es finito, por lo tanto el Cap i Casal debe liderar la mirada metropolitana, que no se queda en los municipios colindantes, sino todo lo que está a media hora, 40 minutos. Ese es el ámbito de influencia y debe liderarlo” añade el exdirector general de Urbanismo. Un escenario que obliga a repensar el modelo de crecimiento desde una perspectiva más amplia, en la que según coinciden los expertos, la planificación territorial, transporte público y desarrollo residencial se aborden desde una visión metropolitana.
Déficit de vivienda
La ciudad ya vive una grave emergencia habitacional, que ya es la principal preocupación de los vecinos, según el último barómetro municipal. Una situación que está derivando en la expulsión vecinal, como advierte informe tras informe el Observatorio de la Vivienda de la Universitat Politècnica de València (UPV), que ya califica la crisis habitacional en la ciudad de “crónica”.
Un problema que se agrava con el crecimiento demográfico, en un contexto de déficit estructural de vivienda. De acuerdo con los datos de la Cátedra Observatorio de la Vivienda de la UPV, València necesitaría incorporar en torno a 5.000 nuevas viviendas al año para poder absorber el crecimiento de población previsto hasta 2050, una cifra alejada del ritmo actual de construcción. El desajuste entre oferta y demanda se traduce en una escalada continuada de los precios. El valor medio de la vivienda nueva en la ciudad ya supera los 4.000 euros por metro cuadrado una situación que también se extiende al mercado del alquiler.

- PAI del Grao -
- Eduardo Manzana
Para García Nebot, la presión ha llegado a un límite crítico: “Una ciudad se tensiona cuando la gente no encuentra vivienda para poder vivir establemente y ya hemos llegado a ese punto. El límite de un millón de habitantes es solo un número; mientras no se urbanice, la ciudad seguirá tensionada al máximo”, advierte.
Ante este escenario, García-Nebot reclama un cambio en la forma de abordar el desarrollo urbano. “No podemos pensar en un urbanismo pasito a pasito, lo planificado debe desarrollarse de una manera rápida”, apunta. Para García Nebot, la clave está en apostar por la urbanización simultánea de forma que se edifique a la vez que se urbaniza. “Hay un grave peligro de que llegue otra burbuja y nos pille con zonas a medio urbanizar y no se puedan edificar. En la situación actual, no nos lo podemos permitir”, alerta.
Aplicar la IA también al urbanismo
“No me gusta que las ciudades crezcan cuando no pueden, pero ahora la emergencia habitacional es una realidad y nos hace falta vivienda allí donde están todos los suelos urbanizables, que tendrán a su vez necesidad de dotaciones públicas”, precisa. A su juicio, es esencial que las administraciones se adapten a los tiempos que corren y en el caso de València recuerda que el Plan General de Ordenación Urbana “es de los años 80 y las circunstancias han cambiado mucho. Estamos en la era de la inteligencia artificial y debemos usarla también en el urbanismo”, considera.
Pero el reto de la vivienda no puede abordarse de forma aislada. El modo en que y dónde crece la ciudad condiciona directamente otro de los grandes frentes abiertos: la movilidad. Como advertía recientemente en una entrevista en Valencia Plaza el urbanista Alejandro Escribano, uno de los padres del actual PGOU, “la expansión a nivel metropolitano requiere suelos adecuados y transporte público adecuado. Una cosa sin la otra no funcionan. Si queremos crecer a nivel metropolitano, hay que determinar dónde crecer y acompasarlo con mejora en las conexiones”.
El gran reto de la movilidad
La movilidad es sin duda otro de los grandes retos que se plantean ante el crecimiento de población y también del turismo. De un tiempo a esta parte se han multiplicado las quejas por atascos y las incidencias en los medios de transporte públicos, que cada vez transportan más pasajeros. Entre 2019 y 2024, los viajeros de Metrovalencia han crecido un 56,7%, una cifra similar a la de Metrobús; Cercanías de Renfe ha aumentado un 35,4% y los autobuses urbanos de la EMT un 19,4%, hasta alcanzar cifras récord.

- Entrada a la ciudad de València por Ausiàs March. -
- Foto: KIKE TABERNER
“Este crecimiento tan intenso de usuarios se ha producido sin apenas incremento de la oferta, lo que ha provocado un empeoramiento del nivel del servicio (más saturación, menos confort y menor fiabilidad)”, advierte el director de la Cátedra Transporte y Sociedad, Tomás Ruiz, que considera "urgente" aumentar la oferta de transporte público, "especialmente en el ámbito metropolitano”.
En paralelo, el tráfico en los principales accesos a València se ha mantenido estable o incluso ha descendido ligeramente respecto a 2019, con reducciones en vías como la CV-35 o la V-31. Pese a ello, el vehículo privado sigue teniendo un peso muy elevado en la movilidad metropolitana. Ruiz Sala apunta que en 2018 el vehículo privado representaba solo el 21,5% de los viajes con origen y destino dentro de la ciudad de València, pero en los desplazamientos entre la ciudad y su área metropolitana ese porcentaje se elevaba hasta el 68,7%.
"Con los cambios recientes es razonable pensar que el peso del coche en los viajes metropolitanos se haya reducido, pero probablemente siga por encima del 60%", sostiene. Ante ello insiste en que "el reto no es solo consolidar el crecimiento del transporte público, sino aumentar de forma significativa su capacidad y su calidad para poder competir de verdad con el coche en los desplazamientos metropolitanos, y reducir los efectos negativos del uso masivo del coche en las ciudades".

- Un autobús de la EMT de València. -
- Foto: KIKE TABERNER
Ruiz Sánchez, insiste en que, además de aumentar la oferta y la calidad del transporte público, es imprescindible actuar sobre el modelo territorial. “Si se tiene en cuenta que los principales centros atractores de viajes se localizan mayoritariamente en València, y que es la corona metropolitana la que más crece en número de habitantes, el resultado es un aumento en los desplazamientos metropolitanos”, explica. Para aliviar esta presión, añade, “sería necesario impulsar cambios que distribuyan dichos centros de actividad por el resto de los municipios”, una tarea que, a su juicio, se vería facilitada con “la puesta en marcha de una entidad metropolitana que tenga competencias en desarrollo urbano”.
Turismo
A esta presión se suma el crecimiento imparable del turismo, cada vez más visible en la vida cotidiana de la ciudad. València cerró el último año con cerca de seis millones de pernoctaciones y el aeropuerto rozó los 12 millones de pasajeros, cifras que reflejan el tirón de la ciudad como destino, pero también su impacto en el día a día. Más visitantes implican más desplazamientos, más demanda de alojamiento y una convivencia cada vez más compleja entre usos turísticos y residenciales. “La necesidad de vivienda que compite con la vivienda turística ya no es solo la población autóctona, sino que tenemos una ciudad que tiene éxito en el turismo y compite con el turismo”, advierte Vicente García-Nebot, que señala que este fenómeno añade una capa adicional de tensión sobre la movilidad y el acceso a la vivienda. Pese al aumento exponencial de población, turistas y pasajeros del aeropuerto, desde la Federación del Taxi de València aseguran que, aunque no se han incrementado las licencias, el sector tiene capacidad suficiente para absorber la demanda.

- Un grupo de turistas en una avenida de la ciudad. -
- Foto: KIKE TABERNER
Una demanda creciente de los servicios asistenciales
Por otro lado, la pirámide poblacional se ha ido invirtiendo en las últimas décadas hasta el punto que las personas mayores de 64 años representan en torno al 21,4% del conjunto de la ciudad. El envejecimiento progresivo de la sociedad supone una mayor necesidad de servicios como residencias de personas mayores. En este sentido, la ciudad de València cuenta con 180.624 personas mayores y apenas dispone de 2.281 plazas residenciales, lo que lleva el ratio de cobertura al 1,26%, lejos de la media nacional, que supera el 4%.
En este sentido, el ‘Cap i Casal’ debería contar con algo más de 7.300 plazas residenciales para alcanzar la media nacional, lo que arroja un déficit estructural que supera las 5.000 plazas. Teniendo en cuenta los tres proyectos residenciales que se están finalizando actualmente en la ciudad (Monteolivete, Patraix y La Punta) la ciudad pasará a disponer un total de 2.625 plazas. Con ello, la ratio de cobertura será del 1,45%, todavía muy lejos de la media.
En definitiva, València se enfrenta a un crecimiento constante que tensiona vivienda, movilidad y servicios públicos. La ciudad y su área metropolitana necesitan abordar estos retos de manera coordinada, combinando la planificación metropolitana, el refuerzo del transporte público, la expansión residencial y la adaptación de los servicios a una población cada vez más envejecida. La forma en que se gestionen estas demandas marcará si la ciudad puede seguir creciendo de manera sostenible o si, por el contrario, sus límites empiezan a condicionar su desarrollo.