más donosti, menos madrid 

Donostia es el futuro de la historia

Hace 25 años que dio comienzo la revolución gastronómica de este país. Hoy, veinticinco años después, echamos la vista atrás a un entorno, una idiosincrasia y una actitud vital que solo es capaz de recuperar el crédito en una ciudad: Donostia.

| 13/10/2023 | 2 min, 59 seg

La llegada a San Sebastián siempre es excitante y epatante. Solo un necio sería incapaz de reconocer sin ambages la ciudad más bella de España. Seguramente porque es la que menos se parece al resto. Donostia destila pureza, clasicismo, sofisticación y sobriedad. Supura elegancia decimonónica y aflora como la galerna del Cantábrico. La bruma, que se instala en la mezzanine del Gran Casino, se evapora hacia el monte Urgull, mientras el mar se abre paso a través de ese abrigo tardío que son la Concha y la isla de Santa Clara. Dejando atrás el carrusel, deambularemos por el embarcadero, para retornar por el Boulevard y adentrarnos en la parte vieja.

Siempre fue así y siempre lo será. Del salitre saltaremos a la retórica, que en cualquier otro lugar resultaría decadente, pero aquí es ley. Casa Urola, Beti Jai, Txapetxea, Tamboril, la cuchara de San Telmo o la Viña formarán un particular viacrucis, con pecado, pero sin penitencia, que nos reencontrará con todo aquello en lo que siempre creímos. Casas honestas. Precios ajustados. Respeto por el producto y por el comensal. Tonterías las justas. Saco de la ecuación a Ganbara, que ha perdido el norte vendiéndose al capital turístico con gestos obscenos y ademanes despóticos. Mala cosa. También visitaremos mesas y manteles y descorcharemos vinos. Iremos al Victoria Eugenia y al María Cristina. Dejaremos que el viento nos peine, divisaremos la bahía desde el funicular, y como no, visitaremos nuestro invernadero.

Pero volvamos al inicio. Que no es el qué, sino los porqués. Donostia es una ciudad que atesora tradición y vanguardia. Aquí se monta el festival internacional de jazz más antiguo de España. También el de cine. El más importante a nivel hispanoamericano. Hasta hace poco, era lugar de peregrinación creativa gracias al festival de publicidad más importante de habla hispana: el Sol. Y además, como no. Donostia alberga desde hace 25 años el primer congreso internacional de gastronomía organizado en el mundo: San Sebastián Gastronomika. Donostia es un lugar que aborda la cultura desde todos los ámbitos, pero siempre desde la objetividad y profesionalidad.

Miremos más a Donostia y menos a Madrid. Pongamos en valor nuestra esencia. Recuperemos la ilusión por la gastronomía. Hagamos las cosas con honestidad. Entiendo que como ciudad queramos montar un festival de cine, de música, de publicidad o un congreso gastronómico. Pero seamos honestos, en el comité técnico de Gastronomika están Andoni Luis Aduriz, Josean Alija, Hilario Arbelaitz, Karlos Arguiñano, Elena y Juan Mari Arzak, Eneko Atxa, Martín Berasategui, Ferran Centelles, Josep Roca, Pedro Subijana y a partir de ahora Benjamín Lana sustituyendo a Roser Torras. Profesionales de la gastronomía con vocación de servicio. Con trayectorias intachables. Criterios incuestionables. El foco siempre puesto en el conocimiento. Así ha de ser. Y si no es así, que no sea.

Si algo nos enseña cada año Donostia, es a salvaguardar la esencia de las cosas, para crear un futuro ilusionante. Porque no se trata de qué hacemos, si no porqué.

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