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'De mentiras y franquistas': Juan A. Ríos Carratalá desarma las 'fake news' piadosas de la época

14/05/2020 - 

ALICANTE. Las librerías vuelven poco a poco a la vida, aunque esta ‘nueva normalidad’ conlleve algunos cambios significativos . El primero de ellos es la cancelación de los eventos presenciales. Por eso la librería 80 Mundos ha organizado el que será un acto inédito, la primera presentación telemática de un libro. Será este mismo viernes, a partir de las 18 horas, con Juan Antonio Ríos Carratalá, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante, que hablará de mentiras y franquistas. Ese es, precisamente, el contenido y el título de su último trabajo.

De mentiras y franquistas (Editorial Renacimiento) viene a completar una colección más amplia que cuenta con otros volúmenes como Un franquismo con franquistas, Suelas gastadas y Nos vemos en Chicote. “Son varias obras que hablan de la época del franquismo y que tratan de recopilar la reconstrucción de diversas historias pequeñas, aunque muy significativas, en las que procuro combinar la investigación académica con el humor, algo que siempre necesitamos”, cuenta el propio autor.

Como las fake news siempre han existido, en este nuevo libro Ríos Carratalá ha querido arrojar luz sobre algunas de estas noticias de la época que no se llegaron a contrastar o que han permanecido en el imaginario colectivo como auténticas verdades. “La mentira ha sido una constante universal a lo largo de la historia y ha preocupado tradicionalmente a los filósofos, pero las dictaduras las necesitan imperiosamente la mentira y para ello emplean todo el poder de los aparatos de propaganda, que van siempre unidos a la mentira”, describe.

Ríos Carratalá analiza así varios aspectos del aparato propagandístico del franquismo, del que opina que funcionó muy bien. “Convencía a buena parte de la población, así que la mentira se convirtió al final en algo imprescindible para el mantenimiento de la dictadura”, apunta. Mientras que por aquel entonces la versión oficial era la única posible, hoy la cosa no es así. Por eso el autor pasa a aclarar ciertos temas que entonces quedaron en el tintero. “No me encargo de analizar las grandes mentiras del régimen, sino que me ocupo de otras historias que tienen que ver con el ámbito cotidiano y la actividad cultura, que me interesan más, ya que estaban al alcance de cualquiera”, matiza. Tanto esas mentiras como sus protagonistas.

Hay mentiras como la infamia que son desagradables y rechazables, pero también existe el arte de mentir, según explica el experto. “Hay mentirosos geniales que bien merecerían una novela”, apunta. Incluso hay algunas mentiras que son oportunas y necesarias. Mentiras piadosas que tienen una buena labor para la convivencia. “Si siempre fuéramos con la verdad por delante, ardería Troya”, exclama el autor.

El viaje en Vespa del exalcalde de Benidorm es falso

El ex alcalde de Benidorm Pedro Zaragoza —‘inventor’ del turismo, ahora tan amenazado por el coronavirus—, protagoniza una de esas leyendas. Aquella que dice que, para que Franco autorizase el bikini en las playas, él se montó en una Vespa para acudir, desde la localidad alicantina, hasta el Palacio del Pardo en Madrid, donde se reunió con el generalísimo y consiguió convencerle para que accediera.

“Eso es una leyenda que no se sostiene desde ningún punto de vista histórico. Es inverosímil y no hay ninguna prueba, pero funcionó muy bien visto lo visto”, cuenta el investigador. Una historia de ficción que no tiene maldad y que no conlleva perjuicios para nadie, sino más bien todo lo contrario ya que ha sido beneficiosa, en este caso, para Benidorm. Mentiras que nada tienen que ver con otras manifestaciones de odio. El autor del libro se dio cuenta de que no había ningún decreto aprobando la autorización del bikini, como decía el alcalde. Tampoco había una fotografía que diera fe de la visita a Franco. Además, la historia se supone que sucede en los años cincuenta, pero empieza a divulgarse en los ochenta, cuando lo normal es que se hubiera difundido al momento.  

Todo es falso; Zaragoza era uno de esos mentirosos geniales que conforman un personaje atractivo que sabía cómo montar esas historias”, explica. Hubo gestiones para conseguir la autorización, pero esas gestiones fueron burocráticas, oscuras y mediocres que no son tan atractivas. “Lo cierto es que, aunque no haya sido así, debería haberlo sido, por la genialidad de la historia”, sentencia.