Arte y fotografía

¡Mira, una moderna!: Equipo Crónica, Anzo o Juana Francés invaden el Belles Arts de València

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. El Museu de Belles Arts de València se moderniza. No, no se ha puesto pantalones de cintura baja ni escucha Metrika, pero sí se reivindica como una pinacoteca que tiene mucho que decir desde lo contemporáneo. El museo, que esta misma semana presentaba sus nuevas salas dedicadas al renacimiento español y a la pintura de la Contrarreforma, cuelga hoy en sus muros obras de Equipo Crónica, Eusebio Sempere, Darío Villalba o Juana Francés, autores que ya habitaban la institución, aunque se mantenían descansando en los almacenes. 

La excusa para sacarles brillo es Tiempos modernos, una exposición temporal que nace con el objetivo de poner en valor los fondos contemporáneos de su colección y reivindicar su labor como narrador de la historia del arte de los últimos siglos hasta la actualidad. En este camino al presente fue clave la figura de Felipe Garín, quien puso sobre la mesa la necesidad de actualizar el discurso del centro para evitar que la colección quedara estancada, lo que dio lugar a una campaña de adquisiciones por parte del Ministerio de Cultura a partir de 1968 que dio forma al núcleo de esta sección, centrada principalmente en autores valencianos.

  • -

“En un contexto en el que no existían todavía los museos de arte contemporáneo -existía el Museo de Arte Moderno en Madrid, un híbrido entre el siglo XIX y XX- Felipe Garín ve de una manera clarividente que iba a llegar un momento en el que el director iba a encontrar un enorme vacío”, relató el director del Bellas Artes, Pablo González Tornel, durante la presentación de la muestra, en la que estuvo acompañado por la secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso.

“Esta exposición no es una exposición esperable en las salas de un museo como el Bellas Artes de València. Tampoco lo eran las esculturas de Juan Muñoz en el Prado. Sin embargo, estas cosas funcionan. Un museo que mira de manera inteligente sus colecciones no puede ponerse cortapisas”, continuó González Tornel.

  • -

Consciente de que a algunos visitantes del museo puedan sorprenderse por la llegada de unos nuevos habitantes no es casualidad que una de las primeras obras que se exhiben sea El alambique de Equipo Crónica, un símbolo de ese pop art nacional que, en este caso, reinterpreta el retrato del infante don Carlos, hermano del rey Felipe IV, realizado por Velázquez y que se conserva en el Prado. Esta pieza es una de las exhibidas en la primera parte del recorrido, centrada en la renovación de la pintura figurativa tras la guerra, una figuración en la que se observa una evolución desde planteamientos expresionistas hacia propuestas de gran carga crítica.

En este recorrido, no son pocas las piezas que interpelan al presente, como la obra de Anzo, que reflexiona sobre la deshumanización y soledad del individuo en una sociedad cada vez más tecnificada, a través de la figura de un hombre rodeado de objetos de oficina en un intenso color fucsia; o Les voltes, de Juan Genovés, una pieza de 2002 que presenta una espiral de figuras humanas que huyen desde el centro. La misteriosa Cabeza demente de Darío Villalba, una fotografía intervenida con trazos pictóricos, o el vibrante autorretrato de Aurora Valero son otras de las obras destacadas que marcan el ritmo del recorrido. 

  • -

La figura del alicantino Eusebio Sempere funciona de bisagra entre esa primera parte de la muestra y una segunda enfocada en la abstracción, en el primer caso con un retrato de su madre y, después, con el sugerente Móvil de acero. El Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca o el Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid, donde operaron firmas como José María Yturralde, presente en la muestra, fueron algunos de los puntos calientes donde la abstracción española tomó forma, especialmente en la década de los 60, un movimiento que fue progresivamente asumido y promovido en el tardofranquismo como emblema de modernidad.

Jacinta Gil Roncalés, Manuel Hernández Mompó o Joaquín Michavila son algunos de los autores que completan este viaje por la abstracción, unos Tiempos modernos que terminan con una vuelta a la figuración, aunque en este caso tomando como referente la realidad física, paisajes y objetos entendidos como espacios de reflexión identitaria y social. Los cardos de Francisco Sebastián o el solitario plato de cerámica de Pere Pruna Ocerans miran a un espacio íntimo que se completa con paisajes como el de la playa de San Gabriel, de Francisco Lozano, o la mirada a la transición entre el paisaje tradicional y la modernidad industrial de Juan Bautista Porcar. Entre las piezas destacadas de esta última sección, la Naturaleza muerta de Juana Francés, que se presenta por primera vez tras su adquisición, un bello bodegón que engrosa una colección contemporánea que reivindica su espacios en el Museu de Belles Arts de València.

  • -
Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo