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EL ALMACÉN DE PATRAIX

Cariño, el Almacén de Patraix es un misterio

Está en la calle Jerónimo Muñoz de Patraix y es lo que tú quieras que sea

Por | 04/12/2020 | 6 min, 20 seg

Si pones en Google «El almacén de Patraix» la búsqueda sólo arroja una entrada que no es de inmobiliaria ni de profesionales de fontanería: «La Policía descubre un almacén de ropa falsificada en Patraix».La noticia sigue así: «Agentes de la Policía Nacional de la Comisaría de Patraix han recuperado 1.500 prendas y complementos falsificados de 21 marcas de lujo destinados a la venta en mercadillos». Aunque a Sergio Mendoza levan mucho los mercadillos, he entrado en su nuevo proyecto y de momento almacén es, pero no hay indicios de calzoncillos Calvin Klein falsificados. Aunque igual los ha escondido entre las bolsas de papas Lolín y los botes de pistachos a granel y detergente para la ropa. 

«No sé sintetizar el proyecto». Y así Sergio despacha mi pregunta sobre el concepto del establecimiento y se pone a contestar mensajes directos de Instagram donde tiene montada toda una narrativa sobre El Almacén (seguid @elalmacendepatraix en Instagram y no os enteraréis de nada, pero echaréis el rato con sus stories). «Esto es un proyecto gestado en cuarentena, ante la posibilidad de que los dos restaurantes se fueran al carajo. Es un plan B, es un proyecto que en realidad funcionaría mejor si los restaurantes —El Observatorio y El Astrónomo—se vieran obligados a cerrar, cosa que por supuesto no quiero que pase. Podría decir que simplemente un almacén para los dos restaurantes, por otro lado, imagínate que un empleado de los restaurantes se dedicase a distraer productos y a escondidas se lo vendiese al barrio…».

Clandestinidad y estraperlo

Clandestinidad y estraperlo son los dos sustantivos que bailan alrededor del negocio. Igual no iba tan mal mi olfato periodístico con lo de la falsificación de ropa interior. «Me gusta pensar en estas dos ideas. En lo furtivo, y en la oposición a las grandes superficies, que son las que sacaron más beneficios durante la cuarentena». El confinamiento domiciliario fue la génesis del Almacén. Un momento de reflexión impuesta, observación de las dinámicas sociales y miedo al Armagedón. «Hoy en día, si quieres abrir una tienda a granel y no complicarte la vida para hacer viable el proyecto es caer en brazos de la gran distribución. La gran distribución vende lo que vende y tiene herramientas para disfrazarlo de lo que quieras: ecológico, zero waste, vegano… Pero sigue siendo negocio a toda costa, sigue siendo venta por volumen con calidades justas. Abrir un establecimiento, no que compita, porque somos tan pequeños que no somos la competencia de nadie, pero que sea una opción distinta tiene su punto».

«Muchos de los productos que aquí se venden cuestan más de encontrar que si fueran ilegales. Para ir a por la cerveza de Mariano en La Portera el camino es hasta épico». El Almacén es un llamamiento al contrabando —legal, pese al oxímoron— de productos de pequeños y medianos elaborados por productores de cercanía.

¿Qué hay en El Almacén?

«La primera premisa es que me guste a mí, que sea algo que compraría para mi familia o para mis amigos. La selección puede venir dada por su procedencia o por la manera en la que está producido el producto, o por un fin que consiga. Podemos jugar a lo local, lo nacional, lo ecológico. Podemos jugar a reducir residuos. Podemos jugar a las decisiones: quizás no tenga unos lápices fabricados en España, pero sí un lápiz alemán que crea unos puestos de trabajo y unos impuestos en Europa de los que yo también me beneficio y tiene una calidad que no se puede equiparar».

En esta tienda de abarrotes hay divulgación. «Va a tener un carácter pedagógico, de apoyo al pequeño productor, a la industria local —la poca que queda, nos está costando mucho encontrar industria local más allá del mueble— y de cosas de toda la vida, sin grandes excentricidades. Vender garbanzos y vermuts no es el objetivo principal, y no voy a exigir resultados económicos a corto plazo. El beneficio directo es más de apoyo a los dos comercios, que son dos restaurantes pequeñitos que no tienen capacidad de almacenaje. Es un proyecto que nos va a hacer la vida más fácil y es un proyecto de apoyo a mí como ser humano. Nos sirve también para acercar al consumidor el producto de calidad. Dar a conocer de dónde viene, cómo está hecho. La información es la única forma de que una persona entienda el valor que justifica la diferencia de precio que puede haber, por ejemplo, entre un café de especialidad y el de precio más bajo».

Abrir un negocio en tiempos del covid

Sergio encendió un sahumerio para echar la mala vibra del local: incienso y espiritualidad para alejar la maldición de los espíritus de las persianas bajadas. Según la Confederación Española del Comercio(CEC) el 15% de los comercios de España, unos 67.500 establecimientos, han cerrado a consecuencia del coronavirus. «Quiero pensar que tiene viabilidad emprender un proyecto así con la que está cayendo. Pero antes, habría que hablar sobre qué es “la que está cayendo”: «Si prestamos atención a las noticias, todo es caos y apocalipsis, pero si miro los números del Observatorio y el Astrónomo, el daño de la cuarentena está subsanado y vamos a acabar el 2020 bien, sin dramas». La viabilidad parte también de que el objetivo no sea económico, sino ideológico. El Almacén es un artesano que teje una red de apoyo a pequeños productores. Es también un altavoz que explica qué hacen y porqué ese es su valor pecuniario.

Reivindicación del barrio

¿Por qué en Patraix y no en otro barrio? Porque hay que saber que muchas veces es necesario permanecer en los orígenes. «Esto es una apuesta por poner en valor el vecindario y valores tradicionales. De hacer barrio. Hemos cogido un local que murió antes de la cuarentena, y le hemos dado una vida salvándolo de las garras de los tres-cuatro negocios tipo que abren hoy en día. Kebabs, tiendas de cigarrillos electrónicos, tiendas de telefonía. Creo que lo vamos a hacer es interesante a largo plazo para el barrio. Siempre decimos que hay que apoyar al comercio local, pero cuando bajas a la calle y buscas comercio de barrio, a veces el comercio de barrio no está a la altura de lo que debería ser, porque se ha perdido o lo hemos dejado caer. Yo prefiero comprarle a un vecino que a una gran superficie, pero hay veces que ese vecino está vendiendo lo mismo que el comercio de gran distribución: Doritos y refrescos con azúcar».


«Ojalá que en 3 años haya cien comercios parecidos al Almacén en València. Esto es la alcantarilla de Revolution Man por la que sale a la superficie una red/colectivo de negocios con una mentalidad afín». Una alcantarilla que huele a jabón botánico de romero, tomillo y limón y brilla como las piezas cerámicas de Francesco Sillitti. 

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