VALÈNCIA. Los westerns están contextualizados, por regla general, en grandes gestas, pero para la actriz Isabel Rocatti puede partir de algo tan sencillo como la historia de cómo una mujer busca que una vaca se quede embarazada. Así lo piensa de Cowgirl, la nueva película de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens: "Es la narración de un proceso interior, totalmente íntimo, con el paisaje, con todo ser vivo, con la naturaleza y todo un ecosistema. Para mí eso es un western".
Esta es su premisa, vista desde dentro. Bajándola a la sinopsis, el film, que se estrena este viernes 22 de mayo, sigue a Empar, una granjera de más de 60 años que lucha por mantener viva su explotación ganadera en una comarca montañosa mientras intenta salvar a Tona, su última vaca. En esa intención que parece tan trivial late por debajo su deseo, las preguntas sobre la comunidad en espacios rurales, y sobre todo, la posibilidad de las segundas oportunidades.
“Lo primero que me atravesó fue que la protagonista fuera una mujer de más de 60 años, que toda la película pasara a través de su mirada”, explica Rocatti, que da vida a Empar, durante una entrevista junto a los directores y el actor Pep Munné. Y añade: “Eso me pareció revolucionario ahora mismo: poder contar una historia desde ahí. Una mujer madura a la que le pasan estas cosas”.
La película, rodada en La Tinença de Benifassà, Els Ports y el Maestrat, nació inicialmente como un guion de Rafa Albert. Tras la experiencia compartida de Coses a fer abans de morir, Fernández Pintado y Llorens volvieron a unirse para dirigir juntos, aunque esta vez desde un proceso distinto. “Era un guion que unía muchos de nuestros intereses como creadores, incluso desde un punto de vista político: nos resultó atractivo de hacer porque sentimos que hay una intención ética detrás de la película”, explica el co-director.
Para Cristina Fernández Pintado, el reto fue precisamente apropiarse de una historia que no había escrito originalmente: "Cuando haces tus propias historias salen de tus entrañas, has imaginado cada plano y cada personaje. Por eso creo que es mucho más difícil hacer un encargo que hacer una película propia. Pero el aprendizaje ha sido fantástico”.

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Mientras Empar intenta salvar a su vaca, está atravesando un proceso de redescubrimiento personal. Es una mujer acostumbrada a cuidar de los demás y que, por primera vez, se pregunta qué quiere para sí misma. “Es una persona que ha sido educada en siempre la mirada puesta en los otros. Pero de repente la vida hace que eso se rompa y es la primera vez que se mira a sí misma y se pregunta qué desea. Y descubre a una mujer que vale mucho la pena” explica Fernández Pintado.
En ese despertar emocional aparece Bernat, interpretado por Pep Munné, con el que tendrá un romance -y por tanto, el deseo. “Lo bonito de esta película es que todo está hecho de manera sencilla. En ningún momento estamos exponiendo el deseo. Está ahí, latente. Y eso tiene que ver con el ritmo, con los planos, con la luz, con el montaje… Todo parece sencillo, que es lo más difícil en el cine”, valora el actor.
El mundo rural sin idealización
Aunque Cowgirl se desarrolla en un entorno rural, sus responsables insisten en que la película quería acercarse a una realidad concreta y contemporánea: “Hemos intentado hacer un retrato verídico de cómo es el mundo rural del siglo XXI en una comarca concreta. No queríamos romantizarlo, pero tampoco convertirlo en algo necesariamente hostil”, valora Miguel Llorens.
El director considera que la principal diferencia entre el ámbito urbano y el rural tiene más que ver con que "la gente urbana está muy reconocida y la del mundo rural tiene muy poco reconocimiento, pese a que son fundamentales para la gente de la ciudad. Ahí no existe igualdad”. Fernández Pintado añade otra capa al debate: la relación entre quienes viven en esos territorios y quienes los visitan desde fuera. “La película también plantea cómo reivindicamos esos lugares y de qué manera queremos cuidarlos”, explica. “No es lo mismo admirar un territorio desde el respeto que hacerlo como apisonadoras”.
Una vaca de 600 kilos como compañera de reparto
Y luego está Tona (o, mejor dicho, Canelita), la vaca que interpreta al animal central de la película. “No había un reto en sí en tenerla en el set. El reto era estar abiertos a lo que el animal nos propusiera. Obviamente, tienes que saber que no puedes obligar a una vaca a hacer cosas muy concretas”, explica Llorens. “Adaptábamos nuestra propuesta a la vaca y no al revés, y eso generaba una especie de improvisación continua y una escucha permanente entre todo el equipo”, añade la co-directora.
Para Isabel Rocatti, compartir plano con un animal de 600 kilos “te daba un nivel de presencia muy fuerte como actriz. Aunque claro, también estabas pendiente de que no moviera la pata y te aplastara el pie”, recuerda entre risas. “Todo el equipo se enamoró de Canelita. Era una vaca preciosa y muy amorosa”, concluye la actriz.