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‘Dallas’, la serie que trajo la perfidia a la televisión

Aunque en realidad se trataba de un drama de lo más habitual, Dallas alcanzó la categoría de fenómeno cultural. Con ella, la maldad y la alevosía pasaron a ser elementos reales y reconocibles, gracias, en parte, a un tal John Ross Ewing

28/01/2022 - 

VALÈNCIA.- Dallas fue una serie pionera y determinante en muchos más aspectos de lo que a priori cabría atribuirle. Por ejemplo, cuando el personaje de Bobby Ewing, muerto en accidente de coche, reaparece en la ducha frente a su mujer, los guionistas sentaron un precedente. Consecuencias:  el equipo de Médico de familia aprovechó al máximo este deus ex machina televisivo: cuando no sepas cómo continuar, márcate un Calderón de la Barca y di que todo fue un sueño.

Se ha llegado a afirmar incluso que Dallas tuvo algo que ver en la caída del Telón de Acero. El dictador Nicolae Ceausescu permitió que la serie se emitiera en Rumanía, convencido de que esta era un alegato anticapitalista. Gracias a eso, el público pudo admirar un mundo materialista al cual no tenía acceso y la jugada se volvió en contra del dictador, que acabaría fusilado tras perder el favor del pueblo. Tras su muerte y con la apertura democrática, en dicho país se volvieron a emitir todos los capítulos, ahora sin censura alguna. Dallas hizo de la ambición y la avaricia características clave para que el público, en lugar de seguir las andanzas de los héroes, cayera rendido ante villanos como J.R. Ewing, que encarnado por Larry Hagman, era la malvada estrella del serial.

En muchos aspectos, Dallas es J.R. Fue el personaje que hizo que la producción de CBS dejara de ser un título del montón para convertirse en fenómeno global. Taimado, cínico y sin escrúpulos, J. R. era un individuo capaz de cualquier cosa con tal de salirse con la suya. Daba mala vida a su mujer, Sue Ellen (Linda Gray), competía sucio contra su hermano Bobby (Patrick Duffy) y su cuñada Pam (Victoria Principal), que para colmo, era hermana de su archienemigo Cliff Barnes (Ken Kercheval), al que chinchaba y humillaba constantemente. Dallas era una adaptación moderna de un arquetipo dramático clásico. Hijos que pelean por obtener el favor del padre y, con ello, el control de su legado. Hombres y mujeres que se aferran a sus pasiones. Envidias, celos, traiciones. 

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La bondad no era un bien al alza en Southfork, la residencia de los Ewing. Ambiciosos y orgullosamente norteamericanos, eran magnates del petróleo que en lugar de vivir en una mansión lo hacían en un rancho, y vestían vaqueros y sombrero Stetson en lugar de ponerse esmoquin para la cena. Uno de los ejecutivos de CBS tuvo la idea de bautizar el proyecto que el guionista David Jacobs estaba ofreciéndoles: Dallas sonaba mucho mejor que Oil (Petróleo) o Houston. Y en cuanto a los conceptos de maldad y bondad, Hagman llegó a decir que su personaje «no era un mal tipo; simplemente era como la gente que se dedica al negocio del petróleo».

* Lea el artículo íntegramente en el número 87 (enero 2022) de la revista Plaza

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