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Del mito a la realidad: el cementerio civil de Buñol y la logia Los Once Hermanos

El cementerio civil de Buñol es conocido por ser el único camposanto masón que sobrevivió a la Guerra Civil. Vicent Sampedro, doctor en Historia y experto en masonería, analiza qué hay de verdad en esa afirmación a tenor de los datos conocidos y contrastados

14/10/2021 - 

VALÈNCIA.- La parte civil del cementerio municipal de Buñol es una auténtica joya del patrimonio histórico, artístico e iconográfico de todos los valencianos que, afortunadamente, cuenta con la protección patrimonial de Bien de Relevancia Local, y en el que ya se han realizado actuaciones de conservación y restauración por parte de la Generalitat Valenciana y del propio municipio. Su importancia radica en que es uno de los cementerios en los que, a pesar de la represión franquista, especialmente virulenta contra la masonería, se ha conservado una gran cantidad de elementos de simbología e iconografía masónica, librepensadora, republicana y de partidos de izquierda en muchas de sus lápidas. Se estima que su número es superior a las cuatrocientas, aunque la gran mayoría es de época posterior a la logia. 

La Ley de Jefatura del Estado sobre cementerios, fechada en Burgos el 10 de diciembre de 1938, que derogaba la Ley de 30 de enero de 1932 sobre Cementerios Municipales (B.O.E., nº 173 de 20-12-1938), ordenaba en su artículo 6º que: 

«En el término de dos meses a contar desde la vigencia de esta Ley, los dueños, administradores o encargados de panteones, sepulturas, nichos o cualesquiera clase de monumentos funerarios están obligados bajo su responsabilidad a hacer desaparecer de los mismos todas las inscripciones y símbolos de sectas masónicas y cualesquiera otras que de cualquier modo sean hostiles u ofensivos a la Religión Católica o a la moral cristiana».

Con el final de la Guerra Civil, esta orden se extendió a todo el territorio nacional, produciéndose una auténtica furia iconoclasta contra los símbolos que aparecían en las lápidas de muchos masones, como sucedió, por ejemplo, en la ciudad de Alicante. 

Sin embargo Buñol evitó esta draconiana orden y pudo preservar la simbología que aparecía en la parte civil del cementerio, caso que solo sucedió en muy pocos lugares del país, como por ejemplo en lugares aislados en Valladolid, Gijón, Badajoz o Alcázar de San Juan, aunque en estos casos fue más bien debido a la desidia o desconocimiento de las autoridades y censores.

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En el caso del cementerio de Buñol, estos símbolos se conservaron a sabiendas, con la aquiescencia de las nuevas autoridades locales del franquismo y seguramente de la Iglesia local, aunque, por supuesto, se volvió a cerrar la parte civil. Sin embargo, como ha señalado la escritora valenciana Consuelo Trasobares, se llegaron a permitir entierros en ella, limitados estrictamente a los más allegados y con presencia de la guardia civil. 

* Lea el artículo íntegramente en el número 84 (octubre 2021) de la revista Plaza

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