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50 años de retraso

El Museu de la Mar de València: la ilusión interrumpida

«Arrancades de cavall i parades de burro». El refrán resume perfectamente los varios intentos —el primero de 1972— de poner en marcha en València un museo marítimo que nunca llega. El último impulso iba a ser el definitivo. Eso parecía

17/06/2020 - 

VALÈNCIA.-¿Se ha detenido el proyecto del Museu de la Mar? ¿Ha desaparecido de la agenda valenciana y vuelve a ser la quimera y el anhelo que es desde hace medio siglo? Veamos: se ha ejecutado una  rehabilitación básica del Varadero, está anunciada la de la Casa dels Bous y en estudio la climatización de les Drassanes. Son las tres sedes deseadas. Pero todo va al ralentí, tan lento que atravesará varias legislaturas, con el riesgo que ello conlleva. El geógrafo Josep Vicent Boira se había erigido como el líder visible del proyecto. Las grandes empresas requieren de alguien capaz de catalizar los esfuerzos de las partes. La hibernación del asunto coincide con que en julio de 2018 Boira fue nombrado comisionado del Gobierno para el Corredor Mediterráneo.

En 1972 el primer museo marítimo ya tuvo un concienzudo prohombre al frente, Joaquín Saludes, cuya iniciativa recibió el apoyo municipal, y en 1974 se inauguró en los bajos de las torres, justo donde estuvo el puerto fluvial de la Valentia romana. Solo cinco kilómetros separan las torres de les Drassanes, pero 46 años después el museo sigue en el aire, pese a que abrió en aquel emplazamiento de forma provisional. Los astilleros medievales del Grau iban a albergarlo, e iba a ser ampliado y mejorado. Ese era el plan. En febrero de 1972 el doctor en Historia y profesor universitario José Martínez Ortiz había impartido una conferencia en el Ateneo Marítimo con el título Las Atarazanas y el Museo Marítimo de Valencia. Lo tenía claro: «Las Atarazanas están en condiciones para que, una vez conseguida su propiedad y realizadas en ellas las obras pertinentes de restauración y acomodo, su destino sea —jamás puede ser otro— el de servir de albergue al Museo Marítimo Municipal. València cuenta ya con numerosos objetos para el mismo». Sabía de qué hablaba: era el inspector jefe de archivos, bibliotecas y museos del consistorio valentino. La voluntad era inequívoca y los hechos revelan que existía una hoja de ruta.

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En 1972, les Drassanes eran de propiedad privada y estaban en un pésimo estado de conservación, sin apenas rastro de su esplendor gótico. En 1840 se habían vendido a particulares. Allí funcionó un cine, una fábrica de efectos navales, la naviera de Illueca y almacenes, hasta que, entre diciembre de 1979 y 1982, el Ayuntamiento las recompró. El arquitecto Manuel Portaceli las restauró, sin la polémica del teatro romano de Sagunto, y en 1992 reabrían sus puertas. En 1994, el museo marítimo se trasladó desde las torres a les Drassanes y se instaló, con modestia, en dos de sus naves (y luego solo en una), mientras se abordaba el gran proyecto pendiente.

No solo no se avanzó en esa dirección sino que, en plena resaca de la Copa América y sin explicaciones, el Ayuntamiento del PP lo desmanteló. En 2012 el concejal socialista Salvador Broseta preguntaba, desde el banco de la oposición, por qué y por el destino de las piezas. Solo obtuvo evasivas hasta que, fruto de su insistencia, le respondieron vagamente en un pleno que las piezas estaban dispersas y sin inventariar. Unas áncoras en la fachada de les Drassanes son el único pecio de aquella frustrante travesía. Según ha podido recabar Plaza, hay piezas en unas dependencias en Vara de Quart, pero no se sabe si son todas las que estuvieron en les Drassanes ni si coinciden con las que se exponían en las torres. 

* Lea el artículo completo en el número de junio de la revista Plaza

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