HASTA EL 24 DE ENERO

Purgatori: entre el acogedor infierno underground y el engañoso paraíso de lo institucional

La exposición ‘Un ataúd en el Purgatori’ homenajea en el Centre del Carme al colectivo artístico que revolucionó el panorama valenciano en los 90

19/11/2015 - 

VALENCIA. Un ataúd preside desde este jueves una de las salas de exposiciones del Centre del Carme. Se trata del símbolo que durante años enarboló el colectivo artístico el Purgatori como muestra de su carácter subversivo y desacralizador. El objeto forma parte de una muestra que lleva por título precisamente Un ataúd en el Purgatori y que permanecerá en la sede del Consorcio de Museos hasta el 24 de enero como resultado de la resolución del concurso público que realiza periódicamente la institución.

El Purgatori funcionó, en un primer momento, como una plataforma de propulsión para artistas cuya personal obra servía para “dinamitar el paisaje artístico valenciano”, tal como reza el texto que acompaña a la exposición, escrito por el crítico Lucas Soler. Esta primera etapa fue impulsada por el artista Ulises Pistolo Eliza, quien abrió un espacio en la Plaza del Ángel que serviría de escaparate a cerca de veinte artistas que se alejaban de las exigencias del mercado y de los circuitos institucionales.

En otoño de 1995 se iniciaría una segunda etapa del Purgatori, en la que “las veleidades místicas de los orígenes dan paso a una mayor radicalidad y pluralidad, expandiéndose sus manifestaciones artísticas hacia territorios vírgenes o poco explorados en Valencia, como la música electrónica, el arte digital, la instalación, el videoarte, la performance, el arte callejero e incluso las fallas experimentales”, en palabras de Soler. Muchas de estas expresiones quedan recogidas en una muestra que “te mete de lleno en los 90”, según Juan Domingo, uno de los artistas participantes junto a otros nombres como Oscar Mora o Ana Elena Pena.

En este segundo periodo, el Purgatori centró su actividad "en la reivindicación colectiva, no era un espacio tan personal”, recuerda Pistolo. Con la ayuda del abogado Paco Ruiz el espacio cambió de ubicación y se creó la Sociedad de Artistas Purgatori. Empezaba así la fase más política del proyecto, con múltiples acciones de protesta que tuvieron como escenario las naves de Cross, la antigua Cárcel de Mujeres o los trenes de Renfe. “Nos juntábamos para incidir en procesos políticos en los que podían ser útiles los artistas”, explica Pistolo.

Un ataúd en El Purgatori rememora estas acciones a través de 12 instalaciones de vídeo que recogen las intervenciones más destacadas del grupo. La exposición, comisariada por la directora de Intramurs Salvia Ferrer, reúne también parte del material gráfico y la documentación que generó el colectivo. Ferrer destaca sobre el Purgatori que “tenían una fuerza y un mensaje que transmitir” que cuesta encontrar en el panorama artístico presente y el hecho de que “los propios artistas se unían para gestionar su propia obra, sin necesidad de festivales ni galerías”.

La comisaria ha elaborado también un documental que se puede ver en la exposición en el que, según la autora, los participantes del Purgatori “recuerdan con cariño aquella experiencia que terminó cuando su fama despertó el interés de las instituciones y el grupo acabó por disolverse”. La aventura del colectivo llegó a su fin con la llegada de los 2000 por la diversificación de las trayectorias personales de sus integrantes y por la dedicación que exigía.

La pérdida de independencia también fue un factor determinante para su ocaso: “empezamos exponiendo en espacios okupados como el Kasal Popular y acabamos en los museos”, recuerda Domingo. Por su parte, Pistolo explica que “intentamos que gente joven de Bellas Artes nos hiciera el relevo, pero no hubo continuidad”. Una falta de éxito que el artista achaca a la expansión del pensamiento individualista.