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'Fuego en el mar', un documental para ver después del 'Astral' de Salvados

Jordi Évole logra con su Salvados sobre los rescates de migrantes en el Mediterráneo lo que no ha conseguido hasta ahora 'Fuego en el mar', el documental italiano sobre Lampedusa premiado con el Oso de Oro en el Festival de Berlín

22/10/2016 - 

VALENCIA. La semana pasada, Salvados emitió el primer capítulo de su nueva temporada subiéndose al Astral, un yate reconvertido en barco de rescate de migrantes en el mar Mediterráneo. Como en otras muchas ocasiones, Jordi Évole consiguió hacer honor a su apodo, El Follonero, y montar bulla. Las redes ardieron, como se dice ahora, y todo el mundo amaneció el lunes con una opinión sobre el reportaje.

Lo que quedará en la memoria será la gente que se quejó de que otros televidentes estuvieran viendo el reencuentro de los concursantes de Operación Triunfo. Pero también el diputado europeo y nacional Pablo Iglesias manifestó que Jordi Évole había hecho más por los Derechos Humanos que el Parlamento con ese documental. Y en Libertad Digital un artículo se quejaba de que el documental no contextualizó correctamente la situación y denunciaba que la labor que desempeñan las Fuerzas Armadas en esas tareas quedaba "ocultada". La información que aporta este artículo es también valiosa y necesaria para que quien no tenga ni idea de lo que está ocurriendo en el Mediterráneo en los últimos años se haga una composición de lugar, pero Salvados abordó la cuestión con un enfoque.

Pregunto a Teo Pérez, del equipo de Salvados, sobre las acusaciones del artículo y me dice: "La información de LD está muy bien, y en nuestro programa no se oculta lo que cita el artículo, pues se pregunta y refleja explícitamente. Pero obviamente nuestro programa retrataba la vivencia dentro de un barco, de unos tipos que por su cuenta y riesgo deciden participar en los rescates".

El enfoque es un estilo que no ha empleado solo Salvados. Por ejemplo, el excelente reportaje que emitió En Portada una semana antes, 'Riace', hablaba de la llegada de migrantes a Europa, pero no lo abordaba a gran escala, se centraba en un solo municipio para mostrar también algo positivo. La única pena es que este documental no generara tanta expectación. El trabajo de Susana Jiménez Pons contaba cómo el alcalde de esta localidad del sur de Italia, Domenico Lucano, está repoblando su pueblo, que agonizaba, acogiendo refugiados. "Donde otros ven el problema, él ve la oportunidad", concluía el documental.

Además, otros medios ya habían publicado lo que suponía subirse a ese barco, como un reportaje de El Mundo, 'Un velero de lujo al rescate de refugiados'  O El Periódico, que también hizo ese mismo domingo una entrevista al capitán del Astral centrándose en su experiencia.

Sin embargo, lo que no vemos en ninguna de las coberturas relacionadas con el Astral es qué ocurre después. Otra vez En Portada, ya dedicó uno de sus reportajes a Lampedusa destacando la solidaridad de sus pescadores y los problemas de la gestión europea de la tragedia, así como los acuerdos que se fueron firmado con dictadores para evitar la emigración, que no dejan de ser tácticas de la edad de piedra: poner barreras.

Pero el documental definitivo sobre los rescates ha sido 'Fuego en el mar' (Fuocoammare), del italiano Gianfranco Rosi. Alternada con la vida de un crío lampedusiano de 12 años que tiene una existencia normal, como la de cualquier otro niño europeo, asistimos por episodios a la tragedia de los migrantes junto a los protagonistas que les han asistido.

Las llamadas de socorro grabadas con las que se inicia ya son sobrecogedoras. En los primeros compases, un doctor examina el vientre de una mujer embarazada que ha realizado toda la odisea. Son viajes, como comentaron en Salvados los migrantes rescatados, que duran meses. A veces, años.

Al llegar a tierra, les meten a todos en un autobús envueltos en mantas. La policía, con mascarillas, les va identificando. Se escucha a un agente quejarse del olor que traen a gasoil. Dice: "si enciendo el mechero salimos todos ardiendo". Les toman fotografías uno a uno, asiendo un número de identificación.

En el centro vemos cómo juegan al fútbol, cómo rezan y cómo cantan. Las canciones expresan dolor como pueda hacerlo un blues -de África llegó a Estados Unidos al fin y al cabo- relatando todo el viaje y dando detalles sobre las adversidades: golpeados, atacados, robados, asesinados en los caminos, en las cárceles libias sin nada que comer...

Vemos que muchos de los que llegan son ingresados en urgencias inmediatamente. Están deshidratados, inmóviles. La parte más impactante es la de los que viajan junto al carburante. Les abrasa la piel. Un médico explica que les puede dejar secuelas de por vida. Eso si no les mata en la travesía.

Ese doctor está destrozado. Es el que ha levantado los cadáveres y hecho la autopsias. Las cuenta ya por miles. Dice que sueña con ellos. Las imágenes más duras es cuando sacan a la gente muerta de los barcos. En un rescate, grabado con la misma excelencia técnica que en Salvados, cuando llega el agente de salvamento dice lacónicamente: "Hay cuarenta cadáveres". En los barcos con bodega en los que intentaban llegar, los que hacen la travesía abajo no pueden aguantar las altas temperaturas y la falta de aire.

Este documental se ha llevado este año el Oso de Oro en el Festival de Berlín, pero en nuestro país, aunque se han publicado reseñas en todos los medios, no ha logrado que se hable tanto de esta tragedia como el pasado Salvados. Porque del asunto que tenemos entre manos lo único importante es que, con todas las dificultades, se siga avanzando y se vayan aportando y ejecutando soluciones. Y la opinión pública es fundamental para que no se "atasque" el mecanismo No olvidemos que la esclavitud fue algo muy normal hace unos siglos hasta que se hizo insoportable y dar la espalda a los flujos migratorios ocasionados por los desequilibrios económicos no será recordado de forma muy distinta.