Comer

Feslalí: de celebrar el almendro en flor a reivindicar la algarroba

El festival que se celebra en Alcalalí cada mes de febrero es una oda al paisaje y a la agricultura, pero este año cambia de enfoque para adaptarse a una dura realidad: apenas quedan almendros.

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

 

Tradicionalmente ligado a la floración del almendro, Feslalí se celebra desde hace una década en el municipio alicantino de Alcalalí, en la Vall de Pop, en la comarca de La Marina Alta. Pero esa bella estampa de flores blancas y rosáceas propia del mes de febrero ya no define el paisaje alcalalino. Este festival nació para generar una identidad agrícola, para posicionar la almendra como producto local y para atraer turismo de interior. “El Ayuntamiento hizo un esfuerzo por promover una Cooperativa de Agricultores de Alcalalí; impulsamos la creación de una marca, “Flor de Alcalalí”; conseguimos tener un producto local excelente y poder comercializarlo en forma de leche de almendra”, explica la alcaldesa, Yolanda Molina, a Guía Hedonista.

 

Pero hace unos años, la aparición de la plaga de Xylella Fastidiosa (una bacteria fitopatógena) supuso el arranque masivo de almendros por las políticas de contención impuestas, lo que fue un duro golpe para los agricultores y vecinos. En 2021 ya no quedaban almendros y en 2022 el festival adoptó un enfoque reivindicativo: “Alcalalí sense flor”. Después de varios años sin un producto al que honrar, este 2026 han decidido dar un giro de timón: Feslalí festejará el algarrobo y su fruto, la algarroba. “Apostar por la algarroba es apostar por el territorio, por una agricultura adaptada al cambio climático, por la identidad local y por nuevas oportunidades económicas y sociales”, defienden desde la organización del festival. Para ello, han realizado un estudio de viabilidad sobre la comercialización de la algarroba, fruto mediterráneo que han convertido en el centro del relato porque consideran que tiene potencial y una visión de futuro. “Somos conscientes de que el ayuntamiento puede impulsar la iniciativa, pero los actores principales son los agricultores, por lo que también nos hemos reunido con la SAT de Llauradors d´Alcalalí. Sabemos que es un proceso lento, pero la acogida ha sido buena”, reconoce Molina. Su objetivo a corto plazo es realizar una recolección conjunta de algarroba para poder defender un precio justo. Como sucede en el resto de pueblos de la zona, en Alcalalí hay algarrobos centenarios, ya que se plantaba tradicionalmente como cultivo que delimitaba los bancales.

 

  • -

Lamentablemente, la algarroba siempre se ha considerado un cultivo de segunda. Es habitual ver las vainas marrones en el suelo, aunque nuestros mayores recuerdan que en épocas de escasez o durante la guerra quitó mucha hambre. Durante siglos también se ha empleado como pienso para animales. Todo ello, unido a su escaso valor comercial, ha hecho que la algarroba siempre se haya vinculado a una agricultura de subsistencia. Pero hace unos años eso empezó a cambiar: no solamente por su empleo como sustituto del cacao, sino también por su alto valor nutricional (rica en fibra y antioxidantes) o por su bajo índice glucémico. Aunque tímidamente, la harina de algarroba se va empleando cada vez más en la panadería y pastelería valencianas. Y afortunadamente cada vez es más habitual encontrar recetas con algarroba no solamente en grandes restaurantes, sino también en postres de bares de pueblo.

 

“En los últimos años, la algarroba ha experimentado una revalorización económica y estratégica, impulsada por su excelente adaptación a la sequía, su bajo coste de mantenimiento y el creciente interés del mercado por productos naturales y sostenibles. El Ayuntamiento de Alcalalí ha trabajado durante este año en una estrategia de recuperación y viabilidad de la comercialización de la algarroba, que se ha plasmado en un estudio técnico y participativo. Este documento confirma que la algarroba no sólo es un cultivo identitario, sino también una oportunidad real para diversificar la economía local, recuperar tierras abandonadas y avanzar hacia un modelo agrícola más resiliente y sostenible”, defienden desde Feslalí.

 

  • -

“Alcalalí no es un pueblo costero, por lo que no sirve la excusa del turismo y vender el territorio para hacer casas”. Jaume Mora Pedrós es economista y natural de La Marina Alta, aunque está afincado en Londres. Él impartió el pasado fin de semana una charla sobre la recuperación y viabilidad de la comercialización de la algarroba. “Hay muchas recetas en La Marina que no están documentadas y es un conocimiento nativo que se va a perder”, alerta. Él, bajo la marca de productos La Penya, ha ido mucho más allá del enfoque manido del uso de la algarroba como sucedáneo del cacao, lanzando cuatro salsas con algarroba para carnes, pescados o verduras y hasta un turrón en el que sustituyen la miel por sirope de algarroba sólido, que además tiene 17 gramos de proteína de forma natural. “La harina nos la elaboran en Cheste, el sirope lo hacemos en Murcia y esos dos productos los llevamos a Tarragona, que es donde hacemos las cremas y las salsas, pero la idea es traer todos esos obradores a esta zona en el futuro para concentrar aquí toda la cadena de valor, optimizar y reducir mermas, pero se requiere inversión y en ello estamos trabajando. Esta es la manera de crear economía real: escalar desde un ámbito súper folclórico y festivo a un mainstream, porque esto tiene que salir de aquí e ir a mercados internacionales, eso es exportar nuestra comarca o exportar la marca España”, reflexiona Mora. Ya están trabajando para crear sus propios puntos de venta especializados en productores y granjeros “de venta directa, nueva economía y alto valor nutricional, así como innovadores”, explica. En la algarroba han encontrado un filón y, para suerte de quienes apreciamos este fruto, han arriesgado para dar con fórmulas muy gastronómicas.

 

Para disfrutar de Feslalí, puedes consultar aquí el programa de actividades que se extiende hasta el 22 de febrero: rutas senderistas para descubrir el paisaje agrícola y natural; actividades divulgativas y salidas de campo para conocer el algarrobo y su valor ambiental y productivo; talleres artesanales, un certamen de pintura rápida, el concurso de dulces elaborados con algarroba o una Feria de Oficios y Productos de la Tierra, con productos locales, música en directo y actividades para todos los públicos. Antes fue el almendro en flor y ahora es el momento de la algarroba, pero siempre es tiempo de observar, agradecer y defender el territorio.

 

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo