¿Qué hay para comer?

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Puede que sea la pregunta más importante que se ha hecho la especie humana. Escucho reflexionar sobre el tema al periodista, escritor y productor californiano Matt Goulding en el podcast ‘Quédate a comer’ que conduce Cristina Jolonch. Es la pregunta, y sobre todo la resolución de la respuesta, a lo que nuestro congéneres de hace 300.000 años dedicaron más recursos. La pregunta sin la que hoy no estaríamos aquí.   

Todavía quedan restos en nuestro ADN de aquel cazador recolector, porque  “¿Qué hay para comer?” o su variante ¿Qué comemos hoy?” es también la pregunta que más me han hecho mis hijos este verano. Algunas veces, no habíamos acabado de desayunar.  Al cerebro infantil le gusta que las cosas sean predecibles. Saber qué comemos les hace sentirse seguros. Se nos ha olvidado, pero al final el ser humano solo necesita tres cosas: comer, beber y mantener el calor corporal –para lo que es recomendable poder pagar el alquiler–.  Todo lo demás es accesorio.

Volvemos a la carga. Arranca el curso 26/27  –como mi prole, ya veo six seven por todas partes– y en materia gastronómica el panorama se atisba, de momento, tranquilo, en la ciudad.  La apertura en Valencia de Fuentelgato será seguro uno de los hits del final del periodo estival. Hay muchas expectativas al respecto. Tengo ganas de conocer el nuevo –y seguro que flamante local– al que se muda Junior Franco Lo firma Pepe Cosín y recupera el nombre con el que desembarcó el cocinero en Valencia: Origen Clandestino. Por fin, un espacio a la altura de su cocina. Para eso, tendremos que esperar hasta finales de noviembre.  

La semana que viene se inaugura también Linaje, el nuevo establecimiento de los Gómez en Convento Santa Clara, en el primer bajo en el que abrió Q Tomas? Arroces, brasas y tradición valenciana envueltos en un elegante local. Cuentan con zona infantil, que es la mejor noticia que le puedes dar a unos padres cuando salen a comer.  Otra noticia interesante es la de Serralunga winebar, que sin dejar su apellido de bar vinos, abre un poco más el foco y reestructura el concepto para que la parte comestible tenga más protagonismo.  Si ya tenía una propuesta interesante, ahora adapta horarios y amplía la carta con sugerencias que irán cambiando cada semana para que podamos ir a comer o cenar, con vinazos o sin ellos –podrás pedir también cerveza–.  La idea es llegar a un público más amplio. Serralunga no es solo para señores que conocen las mejores añadas del siglo XX.  Se come relamente bien.   Septiembre empieza también con un poco más de Valencia en Madrid.  Los chicos de Gastroadictos abren en la capital su primer local, bar Mistela en el barrio de Chamartín. Con 400 metros y aforo para 200 personas, ahora ya se puede curar la nostalgia del almuerzo en este bar. Cacahuetes, aceitunas, encurtidos y creamet incluidos.  Por otra parte, el equipo detrás de El Aprendiz y La Gramola han empezado a dar los primeros pasos de un nuevo proyecto: BUCHET, una nueva marca de catering que nace con el sello, la experiencia y el espíritu de los casi 20 años que llevan al frente de los los dos locales en Benimaclet. "Una manera de llevar nuestra forma de entender la cocina más allá de nuestros espacios habituales, adaptándola a cada ocasión, cada lugar y cada historia", me cuenta Jesús Toledo.

De la vuelta a la realidad, lo mejor de esta semana ha sido poder volver al mercado, el mío es el de Rojas Clemente, que también ha reabierto con novedades. Una nueva parada de zumos de frutas naturales, una próxima apertura de ostras e ibéricos, además de un pequeño lavado de cara a las instalaciones y –oh, alegría– el aire acondicionado arreglado (aunque hasta dentro de unos días no estará en funcionamiento).  Por cierto, el bar Pegaso, al final de la calle Cuenca con Guillem de Castro, un bar de esos que llevaban toda la vida allí, aunque en su última etapa ya estuvo bajo la batuta de una nueva dirección, ya es historia. En lugar del caballo alado ahora hay un impersonal rótulo con el nombre del nuevo establecimiento acompañados de Coffe and Bakery.  Si es que les estamos dejando una ciudad más apañada a los guiris... 

Menos mal que la semana que viene empiezan las clases y con ellas el comedor –bendito comedor–, y la pregunta dejará de resonar a todas horas. 

Que tengan una vuelta suave.  

 

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