Rebeka Szegezdiy Petra Tarnóczi tienen a mano una de las despensas mejor surtidas de la ciudad, la que ofrece el Mercado del Cabanyal a través de sus más de 100 paradas. Lo tienen a menos de un minuto de puerta a puerta del local que abrieron el pasado 21 de febrero. Allí compran el tomate valenciano de la ensalada que preparan con anchoas y ricotta; el pollo que luego fríen y sirven con mayonesa ahumada de habanero y chalotas o los huevos con que elaboran su Spätzle “carbonara”, uno de sus platos estrella y el único que por ahora remite a su país natal. A pesar de que todavía se sienten más cómodas hablando en inglés que en castellano –idioma que entienden a la perfección– Rebeka y Petra ya tienen a su carnicero, su pescatero y a su frutera de confianza a solo unos metros del local. "Lo mejor que nos podía pasar es establecernos aquí al lado del mercado", coinciden ambas.
Llegaron a Valencia hace un año, pero su historia empieza mucho antes. Hace una década, cuando se conocieron y se enamoraron en Hungría. Entonces Petra se dedicaba al sector audiovisual mientras que Rebeka empezaba a dar sus primeros pasos en la hostelería. Decidieron mudarse a España por varios motivos, el primero porque tenían claro que para crecer profesionalmente tenían que salir de Hungría, donde por lo que cuentan, la desigualdad es mucho más manifiesta que aquí: “es difícil destacar e ir un poco más allá si tienes ambición. En este negocio, como sabes, siguen destacando más los hombres y es difícil ascender y conseguir el mismo éxito que ellos”, afirma Petra. El segundo porque Rebeka había estado trabajando en Mallorca –como chef privada en casa del multimillonario Richard Branson– y le había gustado lo que vio. El tercero y determinante, porque en Hungría, el clima político –con un Orbán que puso en la diana los derechos del colectivo LGTBI– hacía que ni siquiera pudieras cogerse de la mano en la calle con tranquilidad. “En esa época, la nación, la gente de Hungría estaba negativa, cansada, deprimida,,, y nosotras somos tan positivas y estábamos tan motivadas…”, cuenta mientras comentamos la buena noticia que para ellas supuso la derrota del ultraderechista: “nos fuimos a Barcelona a votar. Estamos contentas, pero aún queda un largo camino por delante hasta que el pueblo húngaro vuelva a ser feliz”
Llegaron primero a Málaga donde Rebeka trabajó en Blossom, restaurante que obtuvo una estrella Michelin mientras la cocinera estuvo allí. En la ciudad andaluza pasaron casi tres años. Petra vino entonces a Valencia por trabajo y se quedó prendada de la ciudad. “Me enamoré de la ciudad, me robó el corazón. Le dije a Rebeka que tenía que venir a visitar Valencia, porque es preciosa, está llena de vida, la gastronomía es increíble y la gente es increíblemente amable. Todo es precioso, así que vinimos de visita y ella se quedó atónita, dijo: ¡Dios mío!, y nos mudamos aquí hace un año”, recuerda Petra. Rebeka ya tenía experiencia en alta cocina ya que en Hungría sus primeros pinitos fueron en el equipo húngaro que se presentaba al prestigioso concurso Bocuse d’or. También trabajó en su país una empresa de restauración que se dedicaba a elaborar platos de alta cocina para consumir en casa.

Vuelve el alma donde estuvo el bar Naval
Al llegar a Valencia, Rebeka empezó a trabajar en Fierro, donde pasó un año. “Fue muy agradable, allí tomé contacto con la ciudad, a conocer cómo se trabajaba aquí y cómo funcionaban las cosas”, explica la cocinera. Ya entonces a la pareja le rondaba abrir su propio negocio hostelero así que comenzaron a mirar locales. “No fue nada nuevo. Sentíamos que ya estábamos preparadas. Ya en Málaga quisimos abrir algo pero fue imposible. Nosotras vivíamos muy cerca de aquí, en al calle de al lado así que cuando vimos que estaba libre, nos lanzamos”, señala. “Siempre lo habíamos hablado. Nosotras concebimos la gastronomía como una obra de arte y queríamos crear algo juntas. Yo soy muy creativa y Rebe también y es estupendo tener una canal donde conectamos”, afirma Petra. “Es importante porque siento que en Hungría nuestra voz estaba siendo silenciada”, añade Rebeka.
El local que ocupa Rebel es lo que todo el barrio recuerda como el Naval, un bar de los de siempre que al jubilarse los propietarios fue sustituido por un par de proyectos hosteleros sin demasiada alma. Las paredes pintadas de negro son huella de los anteriores negocios, pero la luz que entra por las amplias cristaleras equilibra el resultado. La estantería de la derecha está cubierta por botes de colores de hinojo, cebolla roja, pieles de naranja, col o espárragos. También por una selección de vinos, la mayoría naturales –españoles y austriacos sobre todo . El local está decorado con flores frescas y detalles que ellas mismas han creado para hacer más acogedor el entorno.


- - Fotos: Kike Taberner
Rebel tiene más alma de bistró que de restaurante, con una carta breve – siete platos salados, además del pan y mantequilla con sabor a miso, y un postre que es un donut crujiente con ganache de café batido y avellanas tostadas–, además de dos o tres fuera de carta que van cambiando. No hacen cocina húngara, más allá de esa Spatzle, ni platos que se puedan etiquetar dentro de un origen concreto o estilo de cocina. Son propuestas que van con la temporada y que dan una vuelta de tuerca a lo de siempre. Cocina europea moderna, dicen ellas pero plagada de guiños a los viajes y los sabores que les han marcado. Platos informales pero con un toque de creatividad y precios que oscilan entre los 10 y los 14 euros.



- - Fotos: Kike Taberner
“Crecí en la alta cocina, en entornos Michelin, pero queríamos ampliar los límites entre la alta cocina y un bistró elegante con ingredientes de calidad que no fuesen caros”, comenta Rebeka. “Nos encanta jugar, queríamos hacer alguna locuras, de ahí el nombre del restaurante", añade. En Rebel Kitchen todo lo que ves el el plato es casero, desde el pan a la focaccia o cualquier tipo de salsa. De momento están ellas dos solas, Rebeka en la cocina y Petra atendiendo en la sala, aunque su idea es ir ampliando el equipo. De momento, dicen sentirse encantadas con la respuesta del barrio y del público español que no tiene miedo a entrar y probar una propuesta que seguro irá creciendo con el tiempo.