Estamos en la calle de la Purísima del barrio del Carmen de Valencia, dispuestas a continuar la ruta tabernera que iniciamos hace unas semanas en Guía Hedonista. Nuestra próxima parada se encuentra a muy pocos metros de distancia de La Sènia, de la que ya hablamos en nuestro último artículo. Como muchos lectores habrán adivinado, nuestra atención se dirige a Tasca Ángel, una de las tabernas de mayor solera de la ciudad, fundada en 1946.
En este local estrecho y alargado, que en las horas punta del fin de semana se llena hasta la bandera, las comandas se piden y se reciben a voz en grito. La acción ocurre entre la barra y la contrabarra, con la plancha trabajando a toda máquina bajo un cartel cerámico pintado a mano donde aparece una bandeja de sardinas abiertas y sin espinas: el plato estrella de la casa. Aquí todo va rápido; Tasca Ángel exuda vida por los cuatro costados. El barullo y los codazos involuntarios entre clientes forman parte del encanto de este negocio familiar en el que la carta no se mueve un milímetro (ni falta que hace) y es importante recalcar que es uno de los pocos locales de hostelería del barrio donde no se han subido a la parra con los precios, que siguen siendo bastante populares.
Además de las ya citadas sardinas (con su majada de perejil y ajo), Tasca Ángel es conocida por sus platillos de lleterola, hígado y riñones, así como por los caracoles, el allipebre y los montaditos de mojama o anchoa (estos últimos, en serio, son una locura).
La oferta de vinos, eso sí, sigue tan escueta como siempre: Barbadillo o Marqués de Cáceres. Es quizás el punto más flojo, aunque la verdad es que no parece que tengan espacio para mucho más.
Oliví
En 2015, Ezequiel y Raquel Riquelme, manchega afincada en Valencia, transformaron una antigua mercería del barrio del Carmen (Casa Montava) en una encantadora taberna de atmósfera bohemia modernista que funcionó durante una década con una propuesta muy sencilla pero bien pensada: vinos por copas, tablas de quesos, una cecina muy rica, alguna conserva y poco más. En septiembre de 2025, Bodega Oliví pasó a manos de Phillipe François, copropietario desde hace veinte años de la Creperie Bretonne Annaik (calle Bordadores, 6), y de su socia Elba, valenciana. “El local nos gustaba mucho, es muy emblemático en el barrio. La verdad es que cuando se puso en traspaso le salieron muchos novios”, comenta el hostelero francés.
Estéticamente, la nueva Bodega Oliví se mantiene exactamente igual que siempre. Entrar en este pequeño local es como viajar en el tiempo: está atiborrado de objetos y muebles vintage e iluminado tan sutilmente que apenas distingues las etiquetas de las botellas y latas de conservas que se exponen en las vitrinas. Imagino que esta penumbra es muy parecida a la que dominaba el ocio nocturno urbano antes de que se inventase la luz eléctrica a finales del siglo XIX.
La propuesta gastronómica ha experimentado cambios mínimos. Se sigue trabajando con una carta de tapas frías muy pequeña a base de tablas de quesos y embutidos, gildas y conservas de Portugal y España, con la novedad de que, lógicamente, ahora la oferta se ha enriquecido con productos franceses. Además, ahora también venden botellas de vino para llevar tanto de Francia como nacionales, entre los que se ha dado especial protagonismo a los valencianos y alicantinos, con una horquilla de precios entre los 17 y los 50 euros. El nivel de los vinos ha escalado ligeramente, pero todavía puedes pedir una copa por 3,60 euros.

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Sueño andaluz
Hace cuatro años hablábamos en Guía Hedonista de la apertura de una taberna andaluza, y muy flamenca, en la plaza de Vicent Iborra del barrio del Carmen. De nuevo, y aunque tienen terraza, aquí lo que manda es la vida de barra, el compadreo y los encuentros inesperados. Del mismo modo que Tasca Ángel tiene las sardinas como bandera, en Sueño Andaluz el plato estrella es el jamón asado al estilo granadino. Está buenísimo y yo al menos no conozco ningún otro lugar de la ciudad donde lo preparen.
Se trata de una paleta de cerdo (hembra), que ensartan en una espada rotatoria que gira lentamente en un asador de piezas grandes. La exudación de los jugos, mezclados con el recubrimiento de orégano, tomillo, pimienta, sal y ajo, caen sobre una bandeja. Una vez la carne está tierna y sabrosa, empiezan a servirse las raciones de jamón asado, previamente bañadas en su propia salsa, y montadas encima de pan tostado.

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Boucan
A medio camino entre una taberna y un winebar de corte contemporáneo, pero sin moderneces absurdas, Boucan (Calle Baja, 43) sigue siendo uno de los rincones más queridos del barrio del Carmen. Edu y Julia llevan ya muchos años al pie del cañón, defendiendo una cocina de mercado super bien elaborada y a precios más que razonables, así como una propuesta de vinos muy personal que Julia cambia constantemente para que nunca te aburras. Aquí tenemos donde elegir, siempre que hayas reservado con antelación: además de la barra, hay contrabarra, mesas altas y mesas convencionales. Además, y no es ninguna fruslería, Boucan se distingue especialmente por el buen rollo que se respira siempre en el ambiente; es un lugar donde siempre te lo pasas bien.
