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TEORÍA Y PRÁCTICA DEL HEDONISMO

Hedonismo en Guía Hedonista (y cía.)

¿Qué es el hedonismo? ¿Cómo encontrar el placer? ¿Dónde reside la belleza? Humanos hedonistas de lo más dispar intentan dar respuesta a estos interrogantes

Por | 05/04/2019 | 5 min, 38 seg

Andaba Alejandro Magno (natural de Pela, región de Macedonia, Antigua Grecia. Hijo de Filipo y Olimpia, aunque hay quien dice que no está claro que fuera hijo de quien se dice que era. Que si adulterio y fenómenos paranormales con un rayo y un león) por Corinto con motivo de los Juegos Ístmicos cuando se topó con Diógenes de Sinope, el filósofo que vivía con y como los perros callejeros. El rey de Macedonia, follower declarado del cínico autosuficiente, le espetó con verdadero deseo de complacer: “Diógenes, dime qué puedo hacer por ti” a lo que este le contestó con ironía y mala baba: “apártate de ahí, que me tapas el sol”. Coincido con el de Sinope, me quedo con ese afán por el sol por encima de cualquier hegemón, no tanto con la negación de los placeres terrenales ni con la austeridad rigurosa, aunque sí con una vida despegada de artificios, porque para mí, el hedonismo es arrastrar una butaca al primer haz de luz que se cuela en casa, llegar tarde a trabajar por leer en pijama -móvil en modo avión-, siendo consciente del aromático vapor que se escapa de la taza de café -si es recién molido y de Right Side Coffee, mejor-. El hedonismo es recrearse con la gota de grasa que escapa de unas sardinas a la brasa y que provoca un fogonazo inesperado e instantáneo en la parrilla, es el primer baño en el mar del año, es percibir desde la calma el movimiento continuo de la vida.

Lo del sol también es compartido por el agitador cultural Vicent Molins: “El hedonismo es la tarta de limón que se tomó el sábado Sánchez Ferlosio en el bar El Universal. La última tarta de limón. El último sábado. El último bar. Como si nada. El hedonismo en realidad es la promesa de ser lo primero. El hedonismo es no pretenderlo. El hedonismo es renunciar a la ambición mecánica, tirarla por la borda a cambio del sol, la sonrisa, la seducción, la risa. El hedonismo es hacerlo para no contarlo. Comerlo para que no se sepa. Shhh”.

El hedonismo no es ostentación pero sí un lujo: ‘El lujo de disfrutar sin que nadie se entere’ que diría Bárbara Blasco. Almudena Ortuño concuerda: “Vistas a una playa desierta, copa de vino (blanco) y libro de Orwell. Últimamente Beach House de fondo, me lo estoy imaginando con Space Song. Nótese que no hay comida. El hedonismo va más allá de la gastronomía: es una forma de vida, y con buen gusto, no tiene por qué ser frívola”.

“El hedonismo, para mí, es un desayuno abundante y sin prisas a una hora en la que ya no se debe desayunar; unos huevos fritos con patatas, caseros y sin culpa; una cerveza y un libro junto al mar; una habitación de hotel con una cama grande y muchas horas por delante para dormir (sin niños, por favor)”. Este es el hedonismo de Paula Pons. ¿Y el de Jesús Terrés? “Hedonismo, difícil encapsular así a bote pronto lo que se esconde tras la mirada sobre el placer pero yo lo tengo (muy) claro: el hedonismo es consciente o no es. Me explico: no me sirven los “¿te acuerdas de aquel verano?” ni mucho menos ese tristísimo “qué viaje estamos planificando para el año que viene…” —porque el hedonismo solo puede ser presente y solo puede ser desde la absoluta consciencia de placer. El hedonismo es pellizco, veneno y calambre; el plan de esta noche, el café sin prisa y cada uno de los minutos que le robas a esta vida de urgencias; los nigiris de Nuria, la gamba roja del Faralló y el ajoarriero de Gabi en la barra del Maipi. ¿Cuándo? Ahora”.

Le preguntamos a Guillermo Arazo -otro de los nombres de la cultura de esta ciudad- por su definición de hedonismo: “De aquellos polvos de Aristóteles desencadenando una revolución sobre la felicidad llegan las arenas movedizas del hedonismo. Con su ‘Ética a Nicómaco’ originó la búsqueda del placer sensual como propósito vital. Y en esas estamos: intentando vivir de una manera que cumpla este propósito. Oigan, y no es tan fácil. No. Pero intentarlo, se intenta. Y tanto que se intenta. Uno que creció escuchando a Ramón Trecet en sus ‘Diálogos 3’ y aquella frase lapidaria e icónica de “Buscad la belleza. Es lo único que merece la pena en este asqueroso mundo”, se pone manos a la obra. Devoción por la belleza, ese es el double-check de todo hedonista. Sentir curiosidad por lo nuevo, por las nuevas sensaciones y los puntos de vistas insólitos que detonen el pensamiento único. No limitarse a una pauta establecida de pensamiento ni a un modo estrábico de mirar las cosas. Cambiar. No temer al cambio constante. A la mutación de pensamiento. Y es que la coherencia está muy sobrevalorada. No ser esclavo de las propias opiniones ni tomarse (demasiado) en serio”.

Sobre ese alejamiento de la seriedad nos habla Manolo Mata, portavoz del PSPV en Les Corts: La política no es estreñida como la gente cree, la combinamos con tertulias, apreciamos ir a buenos restaurantes, con vinos. Al final, disfrutamos la vida como otro cualquiera, porque sin ese disfrute, ese placer, ¿qué sentido tiene? Para mí, el hedonismo para mí es ir a Anyora o Casa Montaña en el Cabanyal, pedir una botella, cenar y hablar, hablar y hablar… 

Sin alejarnos del hedonismo del frente marítimo damos con Sais (sintetizadores, voces y programación en Jupiter Lion, cuyo último disco está siendo la BSO de este artículo). “Antes el hedonismo iba por explayarme a base de música, drogas, bebida y sexo sin medida. Ahora mismo, en lo que percibo como un mundo más acelerado todavía, encuentro ese mismo placer en seguir teniendo la capacidad de ser dueño de mi tiempo. De gestionar mis ciclos internos sin presión externa. El hedonismo es poder planear, preparar y degustar tu comida diaria sin presión, da igual que sea desde los pocos minutos de una tabla de salazones, a las horas de un buen caldo y su correspondiente arròs rossejat”. 

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