VALÈNCIA. Las obras del Palau de la Música vuelven a ser una piedra en el zapato del Ayuntamiento de València. Después de una primera fase agónica, que se alargó durante cuatro años y mantuvo cerrado el principal centro cultural municipal, el segundo paquete de actuaciones no está resultando tampoco fácil y ya de manera inevitable irá más allá de la legislatura.
El ejemplo paradigmático es, de hecho, la única obra que se ha licitado hasta ahora. Se trata del acceso de los trabajadores y algunas dependencias como el archivo, ubicadas todas en el edificio anexo. Era la actuación más urgente porque padecía de serias goteras cada vez que llegaba un temporal.
La cronología de las obras es la siguiente: en mayo de 2024 el Palau de la Música presenta la batería de actuaciones que formarán esta segunda fase con un cronograma y un coste estimado. Y ya presentan esta primera urgencia, que pretendían que se pudiera abordar ese mismo verano —se quería hacer en un periodo vacacional para que afectara lo mínimo al día a día del edificio—. Se retrasó una primera, y luego una segunda.
Finalmente, a las puertas de verano de 2025, una licitación al toque de campana acaba recayendo en la empresa Vilor Infraestructuras por unos 300.000 euros y un periodo de ejecución de 3 meses. Aunque la promesa era que la empresa aprovechara el periodo vacacional, no empezó hasta finales de agosto. A mediados de septiembre, en una nota de prensa oficial, el Ayuntamiento de València informaba del “correcto desarrollo de estas actuaciones” y ponía como fecha de entrega de las obras el 20 de noviembre.
La realidad es que, a 19 de febrero, las obras no se han entregado. En apenas cinco días se doblará el plazo previsto, que ya acumulaba una serie de retrasos. ¿El motivo? Preguntado en distinta ocasiones por este diario, el Ayuntamiento de València se ha negado a dar una explicación al respecto. Con todo, fuentes internas del Palau consultadas por Culturplaza apuntan que, desde hace tiempo, aunque la infraestructura de la obra sigue instalada, no hay gran movimiento. La carpa sigue instalada y el plan de acceso alternativo para la plantilla no ha variado.
Cabe destacar que la licitación, formalizada el 16 de julio sí dice explícitamente que el plazo de ejecución es de tres meses. No ha trascendido ninguna petición expresa de ampliación de este plazo.
Un dominó que llevará el resto de las actuaciones más allá de 2027
El informe que se presentó en 2024 ya dibujaba un camino largo: las actuaciones se harían de manera escalonada, no afectarían a la programación, pero no acabarían hasta 2027 (cuando, en principio, solo se esperaba que quedara la adecuación total del entorno tras el grueso de las obras).
Aunque no se ha presentado aún una rectificación de ese cronograma, se esperaba que 2024 sirviera para “ir diseñando los pliegos más complejos, administrativamente hablando” y que el grueso de las actuaciones se desarrollaran entre 2025 y 2026. A mediados de febrero de este 2026, no ha trascendido más licitaciones ni procesos que esta primera actuación.
Tal y como se está dilatando el proceso, 2027 (año en el que habrá elecciones municipales, y por tanto, una frontera temporal, la de la legislatura, en la que se intentan encajar los grandes proyectos) no parece que sea ya un plazo realista.
Por otra parte, el pasado verano, un inesperado desprendimiento en el techo de la Sala Iturbi alteró el plan de obras y mantuvo en vilo al Palau de la Música hasta el mismo día de inicio de la temporada 2025/2026. Aunque finalmente se certificó la seguridad para reabrir al público, no se han descartado posibles actuaciones, lo que alteraría el tiempo y el dinero que necesitará el edificio para estar plenamente funcional.
El presupuesto aprobado para este 2026 del Palau de la Música ha estimado, provisionalmente, una cifra simbólica de tan solo seis euros al capítulo de inversiones reales. Lo hicieron, según una nota del propio Ayuntamiento, a la espera de “futuras aportaciones de capital destinadas a inversiones, coordinadas con los Servicios Centrales Técnicos municipales para asegurar el máximo control técnico y la eficiencia en la gestión de obras de gran envergadura”.