MEMORIAS DE ANTICUARIO

Situación de los museos de València y su futuro. Entre lo realista y lo utópico

8/04/2018 - 

VALÈNCIA. Después de tantos años y tantas vicisitudes, tengo la sensación de que el estado de la cuestión museística en València todavía es un asunto no resuelto. Este artículo no pretende entrar en una crítica política ni en la gestión actual de los centros sino dar una visión personal del tema. Pienso que es un tema más estructural fruto de una sucesión de gobiernos centrales, autonómicos y municipales que no han cogido el toro por los cuernos de una forma definitiva. Ya no es una cuestión únicamente, que también, de tipo económico sino de una planificación de las colecciones e incluso su emplazamiento. Se trata también de un tema de concepto, de definición. Comenzando por el IVAM no es del todo un museo, aunque tenga fondos sobrados para serlo, puesto que la mayoría de estos que son relevantes (obra original de gran formato etc), los que deberían estar de forma permanente a la vista de los ciudadanos y visitantes, (obviamente hay muchos que no se pueden exponer, como sucede en todos los museos), salen y regresan a los almacenes periódicamente. La ampliación es necesaria por no decir, urgente.

El Museo Nacional de Cerámica tiene un problema evidente de espacio que repercute en lo que se expone y o que no. También se está a la espera de una ampliación que nunca llega puesto que en cajas hay miles de piezas que están a la espera de ver la luz.  Es indudable el atractivo que reviste el edificio del Palacio del Marqués de Dos Aguas, pero lo que se expone hoy día es poco más que un ejemplo de cada época. No se trata, por tanto, de un museo nacional de cerámica que pueda emplearse por estudiosos en la materia o coleccionistas y así me lo han transmitido en alguna ocasión. Por poner un ejemplo, difícilmente puede estudiarse en profundidad la azulejería gótica valenciana o las piezas de reflejo, únicamente por lo que hay expuesto en las vitrinas. Más difícil todavía si nos referimos a cerámica de otras regiones de España, cuando, no debemos olvidar, este museo es se supone que es el centro de referencia nacional en esta materia. Se han adquirido piezas, a través del Ministerio, puesto que es un museo de titularidad estatal, en los últimos años que no se exponen por imposibilidad física. Hace poco me comentaba una persona, a modo de idea, que el museo debería trasladarse al hoy cerrado edificio de hacienda en la calle Guillen De Castro. En un primer momento me pareció una idea un tanto extraña, pero pensándolo bien me pareció una bastante inteligente: mucho más espacio, salas grandes y bien iluminadas, donde colocar grandes y modernas vitrinas y exponer la gran colección que permanece inédita para muchos. Seamos sinceros, yo cuando voy al actual museo veo a los visitantes más pendientes de la exuberante decoración del palacio, la carroza del Marqués de Hipólito Rovira o la sillería realizada en porcelana, que de las vitrinas. 

Museo de Bellas Artes

La política de los gobiernos centrales con la pinacoteca valenciana nunca ha sido global sino que se ha ido realizando a trancas y barrancas. Ha sido financiado como quien va entregando limosna a plazos anuales. Como sucede con los anteriores casos, la importancia en cantidad y calidad de sus colecciones hace que una parte importante de estas no puedan exhibirse por falta de espacio. A ello se le podría poner solución de una forma realista y otra más utópica. La realista es ampliar el museo uniendo al conjunto el Real Monasterio de la Trinidad al que se accedería a través de una pasarela o subterráneamente, como se ha propuesto en más de una ocasión. En este espacio gótico se podría exhibir, idóneamente, la pintura de dicho período. La solución utópica hoy irrealizable es trasladar toda la pinacoteca. La pregunta es ¿qué conjunto de edificios por su tamaño y emplazamiento podrían albergar la práctica totalidad de la obra depositada en el Museo de Bellas Artes?. Respuesta: los cuarteles situados en la Alameda. Tampoco es una idea inicial mía, pero una vez reflexionada no me parece en absoluto descabellada. Vale, utópica quizás sí. Y es que, hay que afrontar el problema que existe con el período que abarca desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Una vasta producción perteneciente a decenas de importantes artistas valencianos que excede al Museo de Bellas Artes que sólo puede exponer una pequeña parte y que no entra en la “filosofía” del IVAM.

 
Un museo Sorolla o ¿porqué no mejor uno para el siglo XIX?

En los últimos días han aparecido informaciones que sitúan un museo dedicado a Joaquín Sorolla en el popularmente conocido como Edificio del Reloj situado en la antigua dársena del puerto de València. El emplazamiento es excelente en ese afrancesado edificio, junto al mar, por diversas razones. Buena parte de la obra del artista ha estado vinculada al medio marítimo. Lo que sucede es que, quizás, Valencia no cuente obras disponibles de esta temática salvo algunas excepciones como el célebre cuadro Pescadoras Valencianas en manos de la Diputación. Otras obras se hallan en manos privadas y no es seguro que estas accedieran a su cesión. No veo claro, por tanto, un museo dedicado al pintor valenciano compuesto en su mayoría por retratos, algunos paisajes menores o piezas de pequeño formato, dejando en evidencia que en su ciudad natal no existe un corpus digno de obras de entidad, como sí sucede en otros lugares como Madrid o en el Museo Nacional de la Habana. Personalmente pienso que la idea en su día lanzada al aire, pero poco más, de crear un museo del siglo XIX es mucho más interesante. En instituciones valencianas tanto museísticas como institucionales existe una importante muestra de obra perteneciente a este período. Un período dorado que es mucho más que Sorolla y que corremos el riesgo que de no se valore en su justa medida. 

Museo de la Ciudad-Museo Municipal y un museo de artes decorativas. Por pedir que no quede

Situado uno en el palacio de los condes Berbedel y otro en el edificio del Ayuntamiento, nunca me ha parecido del todo lógica la separación de ambos. Un único, y más importante museo, daría mayor visibilidad que los actuales y el consiguiente ahorro en el mantenimiento de ambos por separado. El problema, de nuevo, es de ubicarlo y de espacio. Por otro lado, la producción en València de artes decorativas y suntuarias ha sido muy importante desde época musulmana hasta prácticamente la actualidad. Si me dieran a elegir un museo que creo que falta en nuestra ciudad, no lo dudaría: un museo de artes decorativas que valore, y sobre todo que explique al visitante cómo se llevaba a cabo la producción artística artesanal de este tipo, a través de los gremios: mobiliario, orfebrería y joyería, tallas, cerámica o artes gráficas. El lugar idóneo, pienso que es el Palacio del Marqués de Dos Aguas, puesto que se trata de un edificio en el que esa clase de artes de tipo sunturario han tomado cuerpo in situ desde su construcción.

 

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