Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Política de Cookies Aceptar

GRUPO PLAZA

cuando había uhf

Superagente 86: elogio del espía idiota

Torpe. Necio. Incompetente. Maxwell Smart era capaz de acabar con la paz mundial él solito. La sangre nunca llegó al río pero, durante cinco años, hizo reír a millones de telespectadores

20/04/2020 - 

VALÈNCIA. Entre 1963 y 1964, James Bond hizo volar la taquilla con dos películas que batieron récords: Desde Rusia con amor y Goldfinger. La NBC vio claro el filón y puso en marcha The Man From U.N.C.L.E. (El agente de CIPOL en España), una ficción de espionaje que alcanzó una enorme popularidad. Los espías estaban de moda. Ellos, sus coches, sus trajes, su actitud. El magnetismo sexual que desprendían Bond o los agentes Napoleón Solo e Illya Kuriakin (protagonistas de la citada serie) dieron pie a un fenómeno comercial que debía ser explotado a fondo. Alguien tuvo entonces una gran idea: crear un agente secreto que fuese lo opuesto a los estereotipos en boga. Es decir: un perfecto imbécil.

La idea fue de Mel Brooks, que daba entonces sus primeros pasos en televisión como guionista. Alguien les sugirió a él y a su compañero Buck Henry que escribieran una serie satírica. «Nadie había hecho antes un programa sobre un idiota», declararía Brooks después, hablando sobre el origen de Superagente 86. Así fue como nació Maxwell Smart, un agente secreto que no tenía ni una pizca de inteligencia y era un patoso. Smart era el héroe que tenía que salvar al mundo libre de los viles planes de una organización terrorista, KAOS, pero viéndole actuar daba la impresión de que el terrorista era él.

Plaza ofrece gratis todos los números de sus tres ediciones en formato digital, para iOS o Android

Es cierto que el inspector Clouseau, que llegó a los cines en 1963 con el estreno de La pantera rosa, había sentado un precedente inmediato en cuanto a este modelo de antihéroe. Pero Smart superaba con creces su torpeza. Nótese la mala leche de apellidarle Smart (Listo). De hecho, el título original de la serie era Get Smart!, que en inglés puede significar «¡Traigánme a Smart!» o «¡Espabila!». Encarnar con éxito a un personaje así no era sencillo pero el elegido, Don Adams, bordó el papel.

Comediante curtido en la televisión, aportó el físico perfecto para dar vida al despistado agente que ya en los títulos de crédito dejaba muy claro quién era. Aparcaba su coche deportivo y bajaba de él, elegantemente vestido. Lo veíamos meterse en un edificio, cruzar una serie de compuertas de seguridad y, finalmente, introducirse en una cabina telefónica que se lo tragaba. De esta manera, Smart llegaba a las secretas dependencias de CONTROL, la organización gubernamental diseñada para luchar contra el mal. Y de este modo, se encontraba con su superior, magistralmente encarnado por Edward Platt, un actor que empezó siendo cantante de ópera y se hizo famoso encarnando al mejor amigo de James Dean en Rebelde sin causa. El sufrido Jefe sin nombre sudaba la gota gorda cada vez que 86 tenía que solucionar un caso; es más, alucinaba en colores cada vez que Smart lo conseguía.

* Lea el artículo completo en el número de abril de la revista Plaza

Noticias relacionadas

next

Conecta con nosotros

Valencia Plaza, desde cualquier medio

Suscríbete al boletín VP

Todos los días a primera hora en tu email