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PELAYO, DEL 1 AL 50 | Nº15

Tian Tian, entre parras y churros

¿Dónde está el factor sorpresa?

Por | 08/02/2019 | 4 min, 50 seg

En entregas anteriores... 

Nº 8 - INFRAGANTEA, o como el azúcar hace 'pop' en Asia

Nº 11 - FELISANO, el templo de la masa frita 

Nº 9 - WEI WEI, ahora para llevar

Y a lo que vamos

VALÈNCIA. En esta ruta desordenada por Pelayo, donde los números bailan de manera frenética, nos hemos acostumbrado a improvisar. No hay otro chip para recorrer Chinatown. Que si persianas echadas, que si desayunaremos la semana que viene en la pastelería Tiramisú, y el orden se vuelve imposible de seguir. Esta vez damos el salto a la cocina de Tian Tian Da Rou Bao. O lo que es igual, ”el gran pan chino relleno de carne de todos los días”. Nos queda claro que sirven los típicos baozis (esas bolas de masa, rellenas de carne o verdura, que se cuecen al vapor hasta quedar esponjosas), pero deseamos que haya sorpresa.

Felisano sería el equivalente de Frenazo y Tian Tian Da Rou Bao se equipara a Min Dou”. La frase de Eugenio Viñas, en referencia al nivel de hostilidad y a lo autóctono del público, había elevado las expectativas. Porque sí, porque Min Dou mola, y hay infinidad de platos. En este caso no encontramos ninguna carta, pero nos acercamos al pintoresco mostrador y preguntamos por la enigmática comida, con la esperanza de cazar alguna rara avis. Palabras sueltas en español nos ayudan a configurar una bandeja digna de un adolescente famélico. Pero cuanto más la miramos, más nos recuerda a todo lo probado en otros restaurantes.

Quizá el mayor hándicap de la calle Pelayo, que nos gusta tanto como para haberle dedicado esta sección, sea la poca variedad en la oferta. Los inmigrantes chinos de València suelen proceder del Sur del país, por lo que el recetario se asemeja irremediablemente. Además trabajan platos comunes, que se alejan de la singularidad de cada región.

Cuánto nos estamos perdiendo. Y aún así, con alguna cosita dimos...

Cómo lo vivimos

Almu: "Vale, voy. Primero una aclaración. Ese día había almorzado. Yo nunca almuerzo. El caso es que al acercarme al mostrador, no sé si por las limitaciones de mi estómago, no sé si por el aspecto de los platos, nada me despertaba el apetito. Total, que intentamos pedir lo más exótico: el xiaolongbao, aquí sobre una vaporera muy mona; el zongzi, que es arroz glutinoso recubierto de hoja de bambú; y alguna fritada más de cuyo nombre no quiero acordarme. Como principal, un cuenco de arroz de la casa, especialmente gelatinoso, al que añaden carne cocida y topping de cebolla frita. No me cambió la vida, pero tenía un pase. 

De la frase se infiere que el resto de propuestas... pues no.

No es que la comida esté mala, sencillamente resulta repetitiva. Fíjate que me flipan los dolmades (dolmas) griegos, hojas de parra rellenas de arroz con carne y especias, muy parecidas al mentado zongzi. Pero quizá porque a continuación viene la moussaka y el yogur. Y el paladar siente que su existencia tiene sentido, que ha nacido para algo. 

Nos dejamos por pedir dos especialidades de la casa, generalmente reservadas para los desayunos, donde Viñas decía que la sala se petaba (espero que sea cierto). Por un lado, están los huevos cocidos en salsa de soja, azúcar y agua; y por otro (¡atención!), el youtiao, que no es ni más ni menos que un churro. Sí, churro, así alargado y frito. Por lo visto les gusta zampárselo de buena mañana y mojándolo en un cuenco de arroz congee".


Raisa: "Oro parece, plata no es.

Parece que habrá verdura pero... nein

Yo ese día también había almorzado duro, y menos mal, porque sino me habría quedado famélica allí dentro. La perspectiva entre alguien que coma carne a la de alguien que no la come, aquí, cambia mucho. Y que conste que ya voy preparada para acabar comiéndome lo más simple, pero es que aquí ni eso.

Vi el mostrador, pregunté, y como ya os contaba Almudena, más de lo mismo. Había alguna novedad, así que todas ellas al mismo plato. Con el churro no me atreví, me decía a gritos "ardores". Entre las novedades, la hoja de parra rellena de arroz que tenía muchas ganas de probar, hasta que mi gozo se fue al pozo, cuando la vi rellena de carne. Añadimos una verdura que no supieron decirme cuál era, rebozada y frita, un poco sospechosa. Y finalmente, suma una bola de masa verde rellena de espinacas, cebolla, tofu y pollo (¿por qué?).

Me habría encantado tomarme una buena sopa, calentita; unas verduras en salsa; bambú; tofu; arroz especiado; incluso los baozis rellenos de verdura que parece que no están muy de moda por la calle Pelayo. Que a ver, está claro que son precios muy modestos para las cantidades que te sirven, pero en este caso, no me compensa". 

Con muchas ganas del siguiente. Por ahora, mi primer puesto se lo lleva Wei Wei. 



LA CUENTA

Precio: 6'50 euros. La media.

Nivel de autóctonos: 9. Eran las 16 horas y había dos parejas orientales comiendo.

Sabor: 5. Pasable.

Servicio: 5. Al menos nadie salió a prohibirnos que hiciésemos fotos.

Hostilidad: 8. No esperes que hablen en español y date prisa al pedir los platos.

Horario: De 9 hasta que se tercie. Nonstop.

Nota final: 5. Aprobadito por los pelos.


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