CRÍTICA

Una de cal y otra de arena

18/02/2024 - 

VALÈNCIA. 

Desequilibrios dinámicos

No fue el del viernes uno de los mejores conciertos de abono de nuestra Orquesta de Valencia. El problema quedaba detectado desde la primera obra: compareció este viernes una cuerda apagada, de indolente ligereza, sin el peso requerido por Albiach, pocas veces audible salvo en sus intervenciones en solitario. Una cuerda que tuvo que enfrentarse a unos metales que imponían su fuerza, resultando aquella derrotada en el combate. También la percusión diversas ocasiones impuso su ley sonora, creando un desequilibrio dinámico general. No sólo se tapa a las voces en esto de la música orquestal, también en una orquesta se pueden tapar unos a otros como en un combate. Entre los atriles más cercanos al público, los de la cuerda y los metales al fondo existía un mundo hueco e interconectado. La de la Iturbi es una gran acústica, sin duda, pero es preciso para aprovechar todas sus cualidades que la cuerda tenga un peso sobre el que descansa todo el sonido de lo contrario la acústica no perdona: la sala no eleva el sonido donde no lo hay, como si de un ecualizador se tratara. Pienso que quizás sea esta una de las razones por las que las orquestas alemanas, que basan su arquitectura en una cuerda densa y con peso, suenan tan bien en esta sala, de primeras, y sin que directores y músicos conozcan los secretos del espacio.

Albiach un maestro solvente y conocedor del repertorio, pero cada concierto es un mundo y, si en otras ocasiones hemos disfrutado con su buen hacer, en esta ocasión percibimos más deseos que realidades que se pudieran llevar a término felizmente. 

Abrió un impresionista programa, Hemeroscopium del turolense Antón García Abril uno de los grandes compositores de las últimas décadas, fallecido hace apenas un par de años, homenaje evocador a la ciudad de Denia, ya se interpretó en 1974 bajo las órdenes del maestro García Asensio. Sin ánimo de ser reiterativo, en esta ocasión se echó en falta la suntuosidad de la cuerda que en determinados pasajes se demanda como fundamento de la compleja trama orquestal que la circunda. Eso sí, los primeros atriles de la formación estuvieron a la altura: flauta, oboe, clarinete,,,. No cambió demasiado el paisaje en la primera interpretación para la OV del concierto para clarinete y quinteto de percusión. Juan Antonio Fenollar lució un bonito y cálido sonido y los cinco percusionistas consiguieron urdir una trama rítmica y tímbrica muy atractiva. Una obra de una más que correcta escritura, riqueza en los timbres derivada del empleo de una amplia orquesta y una nutrida familia de instrumentos de percusión de texturas muy distintas.

Fue quizás la Fantasía coreográfica de Joaquín Turina, obra que abordaba por primera vez la OV, lo mejor de la tarde, luciendo un sonido brillante la precisión rítmica que demanda esta obra. Es en estos pasajes más “espectaculares” donde orquesta y maestro se desenvolvieron mejor a lo largo del programa.

Con Iberia no disfrutamos del todo de la inmensa paleta de colores, de las evocadoras transparencias, pero tampoco del ritmo interno de esta magistral y ensoñadora partitura debussyniana. Las partes más brillantes, tal como sucedió con Turina, sí que fueron expuestas en plenitud sonora y con el cuerpo que se le exige a una orquesta de este nivel, pero globalmente resultó una lectura tediosa.

Ficha técnica:

16 de febrero de 2024

Obras de García Abril, José Alamá-Gil, Joaquín Turina y Claude Debussy

Juan Antonio Fenollar, clarinete

Raúl Benavent, Javier Eguillor, Josep Furió, José Luís González y Lluís Osca, percusión

Alvaro Albiach, director musical

Lujoso sonido alemán con dos sensacionales lecturas 

Nadie quiso perderse el pasado martes la visita de una orquesta como la SWR de Stuttgart  (resultado de la fusión en 2016 con la Orquesta sinfónica de Baden-Baden y Friburgo) en su gira española, y Andrés Orozco-Estrada; el colombiano es una de las grandes batutas del momento y que, en los últimos años, nos ha visitado con su anterior formación la Orquesta de la Radio de Frankfurt y este mismo año, poniéndose al frente de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, cosechando un fenomenal éxito en ambos casos. 

En esta ocasión se volvió a repetir el triunfo, con un repertorio que si se defiende con calidad resulta imbatible. La dimensión de la Pastoral de Beethoven es inabarcable: la sucesión de ideas geniales es desbordante, y con la Heroica agiganta la figura del Beethoven sinfónico hasta límites quizás nunca superados. Orozco Estrada y los profesores de la formación condujeron la música por la excelencia que merece esta partitura patrimonio de la humanidad, desde un sonido rotundo, profundamente alemán con una cuerda sobre la que se sostiene todo el edificio, lo que es, ni más ni menos, la clave de bóveda de toda interpretación de música sinfónica prácticamente sin excepción. 

Quizás haya lecturas más transparentes y fluidas aromatizadas por cierto historicismo, pero no puede discutirse el nivel sensacional de la lectura ofrecida. Extraordinaria fue la forma en que Orozco-Estrada fue desgajando cada hallazgo temático, culminando en una tormenta absolutamente memorable. Se aprecia una labor de conjunto sin fisuras, pero merece la pena citar los primeros atriles de las maderas absolutamente sensacionales, con un fagot en el allegro de una imaginación desbordante. Como curiosidad, Orozco-Estrada se atrevió a pedir a los profesores que intervinieran zapateando la danza del allegro y cantar, a boca cerrada, un breve pasaje en compañía de la cuerda. No quedó mal, pero es algo que, salvo que exista tradición de ello, lo cual yo desconocía, no sé, exactamente, como valorar.

La segunda parte estuvo ocupada por otra obra dedicada a la naturaleza pero en esta ocasión la naturaleza más violenta y salvaje. No hace falta que volvamos a relatar lo que sucedió en el estreno de esta obra fundamental allá por el año 1913 en el Teatro de los Campos Elíseos, pero puede entenderse, pues el choque en las mentes de esos pobres asistentes fuel brutal. Escuchada tantas veces por el que escribe, y siendo ya un clásico en el imaginario cultural del sinfonismo, no deja de impresionar toda la brutalidad que desprende esta música y más en una lectura sin concesiones como la llevada a cabo por el de Medellín y sus músicos. 

Esplendor sonoro desde el inicio, con unos metales demoledores y un sonido global apabullante sin llegar nunca a la estridencia. Parece el ejercicio propio de un demiurgo lograr semejante magma de sonido orquestal y sin embargo poder diseccionar cada elemento y aislarlo. Una portentosa lectura por parte de Orozco-Estrada que además supo gestualmente transmitir la complejidad rítmica que encierran estos pentagramas y demostrando un conocimiento profundo de la intrincada arquitectura con sus numerosas alteraciones del compás. Sensacionales el fagot, timbales, trompetas y, en definitiva, todos los músicos.

El éxito incontestable culminó con una estremecedora, por bella, lectura de la novena variación Enigma de Edward Elgar, “Nimrod”, habitual en propinas sinfónicas. Lo que no es tan habitual es percibir el sonido alemán de la cuerda, con esta física majestuosidad y esplendor, literalmente ante nosotros. Extraordinario.

Ficha técnica: 

13 de febrero de 2024

Palau de la Música de Valencia

Obras de L. V. Beethoven e Igor Stranvinsky

Orquesta Sinfónica SWR Stuttgart

Andrés Orozco-Estrada, director musical