MANISES. Nadie que no haya vivido en la calle Rafael Valls de Manises puede imaginar el infierno que ha supuesto residir allí hasta hace apenas unos días. Así lo describen sus propios vecinos, quienes no terminan de creer que asfaltar cerca de 200 metros y reorganizar el tráfico haya bastado para poner fin a más de 30 años de sufrimiento. Desde el pasado 23 de febrero, esta vía ha dejado de ser una arteria saturada de vehículos para convertirse en una calle de un único sentido —siempre había sido de dos— y de salida hacia Paterna, con una señalización renovada, separadores físicos y que ha ganado un mínimo de espacio peatonal.
Rafael Valls es una calle estrecha, con aceras que apenas superan el metro de ancho en algunos puntos y viviendas prácticamente pegadas a la calzada. Está catalogada como parte del casco antiguo de Manises y, según recuerdan los vecinos, "legalmente debería ser peatonal", al menos por sus dimensiones. Sin embargo, durante décadas fue uno de los principales accesos al municipio. Por ella circulaban a diario turismos, autobuses, ambulancias y, sobre todo, camiones de gran tonelaje que se dirigían, principalmente, al polígono El Barranquet.

- La calle Rafael Valls de Manises.- Foto: MARGA FERRER
Cabe recordar que la ordenanza municipal prohíbe la circulación de este tipo de vehículos por el interior de la localidad, pero la inexistencia de un acceso alternativo convertía la prohibición en papel mojado. "El tráfico pesado es un problema de siempre", explica Toni, que reside en el número 20 de Rafael Valls desde el año 2007. Su vecino, José, del número 9, matiza que la circulación de vehículos se incrementó "muchísimo" cuando en 2021 comenzaron las obras en los accesos al aeropuerto, a la altura de la N-220.
"Ahí el problema se multiplicó", reconoce este vecino, que vive en la calle desde 2005. El concejal de Urbanismo, Guillermo Martínez, coincide en ese mismo diagnóstico: "Es uno de los principales accesos a Manises, pero es una calle muy antigua que se quedó pequeña. Cuando comenzaron las obras de la N-220, parte del tráfico se desvió hacia esta zona y el problema se agravó". La combinación, por tanto, era explosiva. Una vía de doble sentido sin espacio suficiente para que dos camiones se cruzaran y un flujo constante de vehículos pesados obligados a invadir las aceras para maniobrar.

- El concejal de Urbanismo de Manises, Guillermo Martínez, en la calle Rafael Valls.- Foto: MARGA FERRER
Estado de alerta permanente
"Vivir aquí era un infierno", afirma Toni. No se refiere solo al ruido o al humo de los vehículos, sino a los impactos contra las viviendas. "Reparaba la fachada y al poco tiempo un camión volvía a darle. Llegó un momento en que el seguro ya no quería hacerse cargo", explica este vecino, quien contabiliza "ocho o diez golpes" en su inmueble. De hecho, Toni asegura que "en un solo verano, tuve tres camiones estampados contra la fachada".
Las dimensiones de la calle obligaban a que, cuando dos vehículos pesados coincidían, uno de ellos invadiera la acera, por lo que los balcones de las viviendas pasaban a ser el punto más vulnerable. Por poner como ejemplo una de las tantas incidencias que acumula la vía, un camión que circulaba en noviembre del año pasado por Rafael Valls arrancó de cuajo la reja de un balcón, destrozó la fachada y dejó cascotes sobre la acera y la calzada que, con su desprendimiento, pusieron en riesgo la seguridad de peatones y también de los coches que pasaban por allí.
Según José, los bomberos tuvieron que apuntalar la estructura. "Lo raro es que no haya pasado nunca una desgracia mayor", apunta. La situación afectaba también a la vida cotidiana. "Yo llevaba un carro gemelar por estas aceras. Tenía que pegarme a la pared y esperar a que pasaran los coches para caminar", recuerda Toni, quien admite que los vecinos de Rafael Valls vivían en un estado de alerta permanente.
Antes de abrir la puerta, comprobaban si venía algún vehículo; antes de cruzar, calculaban si habría espacio suficiente. Durante meses, algunos vecinos optaron por denunciar cada paso de camiones por la calle. Pero la respuesta no residía en interponer más sanciones a los vehículos, ya que el problema no estaba en un conductor concreto, sino en el diseño de la movilidad urbana del municipio.

- Toni, vecino de Rafael Valls en Manises, señala una fachada afectada en la calle.- Foto: MARGA FERRER
En ese sentido, la solución pasaba por culminar las obras de la Ronda Norte, una infraestructura prevista desde hacía años en el planeamiento municipal como prolongación de la Ronda Jaume I, ejecutada durante el mandato del ex alcalde popular, Enrique Crespo. Aquella primera fase se enmarcó en una etapa de fuerte expansión urbanística en Manises, en la que también se impulsaron equipamientos como el Auditorio Pepe Sancho y desarrollos vinculados al PAI Gran Manises, que quedaron obsoletos.
Parte de ese modelo generó posteriormente conflictos administrativos y judiciales que condicionaron la capacidad económica del Ayuntamiento durante años. "La segunda fase de la ronda estaba prevista desde entonces, pero había cuestiones técnicas y administrativas que resolver", explica el edil de Urbanismo. Entre ellas, Martínez se refiere a afecciones ambientales por la proximidad al entorno del río Túria y trámites pendientes de expropiación. El resultado fue que la ronda quedó incompleta y el tráfico siguió atravesando el casco antiguo del municipio.

- La Ronda Norte de Manises.- Foto: MARGA FERRER
Una obra de 1,8 millones para desviar el tráfico pesado
La actual corporación, formada por el tripartito PSPV, APM-Compromís y Podemos, decidió retomar el proyecto y ejecutar la segunda fase de la Ronda Norte, con una inversión de 1,8 millones de euros. La nueva vía conecta la rotonda del puente entre Paterna y Manises con la calle Constitución, en el barrio de Socusa y proporciona un acceso directo al polígono El Barranquet sin necesidad de atravesar Rafael Valls. "Es un nuevo acceso principal y una nueva salida de la ciudad", detalla Martínez. "Ha permitido desviar el tráfico pesado y redistribuir los flujos de entrada y salida", añade.

- El concejal de Urbanismo de Manises, Guillermo Martínez.- Foto: MARGA FERRER
Las obras han incluido la urbanización completa del tramo. Se ha dotado a la zona de un nuevo asfaltado y una nueva señalización; además de que se han creado más plazas de aparcamiento, aceras más amplias y zonas ajardinadas. Con su puesta en marcha el pasado 20 de febrero, el Ayuntamiento de Manises activó de forma inmediata las actuaciones de mejora en Rafael Valls. Un lavado de cara que se ha ejecutado mediante señalización vertical y horizontal, pintura vial y la instalación de separadores físicos para proteger las fachadas. Desde el 23 de febrero, la circulación es de un único sentido de salida.
"Hemos optado por esta solución porque el puente tiene dos carriles en dirección de salida y encajaba mejor con la configuración actual", explica el concejal. Martínez insiste en que se trata de una actuación provisional, susceptible de modificarse cuando finalicen las obras de la N-220 y se redefina el esquema global de movilidad. En paralelo, el Ayuntamiento de Manises ha encargado un estudio de accesibilidad a la entidad coordinadora de la Red de Ciudades que Caminan.

- La calle Rafael Valls de Manises.- Foto: MARGA FERRER
El objetivo, según el edil de Urbanismo, es analizar las entradas y salidas del municipio con criterios de seguridad vial, accesibilidad universal y reducción del tráfico en el casco urbano. Además, ese informe deberá determinar cuál es el encaje definitivo de Rafael Valls: mantener el sentido único, transformar la calle en una plataforma sin diferenciar entre la acera y la calzada o incluso avanzar hacia su peatonalización, una posibilidad que los vecinos consideran coherente con las dimensiones de la vía.
La presión de los vecinos
Cabe recordar que la reivindicación de Rafael Valls por un entorno más seguro y accesible no surgió de un día para otro. Los vecinos se organizaron, crearon una asociación específica y colgaron pancartas en los balcones con el lema "Ronda Nord, ja!" para visibilizar el problema con la esperanza de trasladar el mensaje más allá del ámbito local. "Era la manera de que se hablara del tema", explica Toni, ya que "individualmente no conseguíamos nada". Esa presión, unida a la ejecución de la ronda, ha desembocado en el escenario actual.

- Toni y José, vecinos de la calle Rafael Valls de Manises.- Foto: MARGA FERRER
"Nos ha cambiado la vida", asegura José. "Ahora puedes andar por la acera sin vigilar el paso de los coches y dejar a los niños salir a la calle para que jueguen", añade. Si bien es cierto que los cambios en Rafael Valls no han resuelto todas las carencias de la calle, que sigue necesitando una renovación integral del alcantarillado y alumbrado público, sí han eliminado el elemento que durante décadas condicionó la convivencia. Rafael Valls ha dejado de ser el atajo obligado hacia el polígono para comenzar a recuperar su función residencial. Por primera vez en años, sus vecinos hablan de normalidad.
