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CHURRAS CON MENINAS

El IVAM se queda pequeño

Publicado: 22/06/2026 · 06:00
Actualizado: 22/06/2026 · 06:00
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VALÈNCIA. El Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) ha ejecutado el que es, con toda probabilidad, el movimiento reciente más importante en su recorrido expositivo: la apertura de su espacio de colección permanente. Medio millar de obras, 266 artistas, 1.500 metros cuadrados y diez salas son algunos de los números que envuelven un proyecto que por su dimensión y contenido impresiona.

Josep Renau, Joan Miró, Henri Matisse o Carmen Calvo, por nombrar algunos —perdonen que no me detenga en cada uno de ellos, pero aquí y aquí tienen algunas pistas del recorrido—, protagonizan una ambiciosa apuesta que es todo un acierto para el museo, pues permitirá a propios y extraños bucear por las joyas de la gran colección de arte moderno y contemporáneo de la Comunitat Valenciana y, por qué no decirlo, una de las más destacadas del Estado español. 

Su inauguración es un éxito para el museo y para los visitantes, sí, pero también pone de relieve una realidad: el IVAM se queda pequeño. El museo no es el mismo que el que abrió sus puertas en 1989, con una colección que ha crecido notablemente —pasando de unas 1.600 obras a las más de 12.300 que componen hoy sus fondos propios, que suman otras 2.500 piezas en depósito— pero también con un programa de actividades que, de acuerdo con las dinámicas culturales del presente, hacen del espacio cada vez más un lugar en el que la contemplación es solo el principio de la experiencia.

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La cuestión del tamaño en el IVAM no es una novedad. Ya en su origen contó con el Centre del Carme como sede, años en los que su destino fue acoger sus propuestas más contemporáneas antes de independizarse y convertirse en hogar del Consorci de Museus. Más tarde llegaría la sonada propuesta de ampliación a cargo del equipo de arquitectos japoneses SANAA, que acabó en un cajón —aunque no son pocos los que hoy sueñan con recuperar el proyecto—, y una atropellada renovación del patio trasero, que ambicionaba ser una extensión del museo como “jardín de las esculturas” y que ha terminado siendo un fracaso absoluto.

La idea de ensanchar el IVAM ha continuado en el tiempo con planes más o menos aterrizados que han pasado por el tonteo con Bombas Gens, una sede en Alcoy cerrada desde hace años o el conato de matrimonio con uno de los muelles del Parc Central, para el que se llegó a desarrollar un proyecto de subsede que terminó siendo descartado por la Generalitat, siendo el Ayuntamiento de València quien ha cogido el testigo y transformará la nave en el futuro Espai Valdés. Minipunto para el consistorio.

Y aquí andamos en 2026, con un museo que quiere ser fuerte dentro y fuera, un referente y que debe ser un orgullo valenciano, nacional y europeo, como se encargó de subrayar la secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso, durante la presentación de las nuevas salas, pero que no podrá avanzar mucho más si no apuesta por una ampliación que es absolutamente necesaria. 

Con la creación de las nuevas salas de colección permanente y los espacios dedicados a Julio González y Pinazo, que en la práctica actúan como ‘semi’ permanentes, el museo gana músculo en discurso y cumple uno de sus grandes cometidos, el de difundir su rica colección, pero le falta espacio físico para ser verdaderamente el gran referente que todos quieren y prometen pero por el que no se acaba apostando. A ver si después de la millonada para traer los Sorolla de Nueva York queda algo para hacer un apaño en Guillem de Castro.
 

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