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Churras con Meninas

Dietas milagro para la cultura

Publicado: 04/05/2026 · 06:00
Actualizado: 04/05/2026 · 06:00
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VALÈNCIA. Hay tareas más agradecidas que otras, aquellas que te reportan una satisfacción inmediata y otras que, aunque el camino pueda ser difícil y hasta desesperante, dan sus frutos en el largo plazo. Lo que no existe, y cuanto antes lo asumamos mejor, son las dietas milagro, los atajos para solventar problemas complejos. Que sí, que vale, que cerrar el pico durante una semana te puede ayudar a entrar en ese traje que te quieres poner sí o sí para la boda de tu prima, pero nadie en su sano juicio diría que esto es el equivalente a un modo de vida saludable. 

Lo mismito pasa en la gestión cultural. Lo hablaba en esta columna hace algunas semanas a propósito de la próxima edición de Cinema Jove, marcada por la falta de previsión del Institut Valencià de Cultura (IVC) para solventar en tiempo y forma nada menos que la dirección del festival, a sabiendas de que el contrato del anterior director tenía fecha de caducidad. También este diario informaba recientemente sobre la amonestación al exdirector del IVC por varios contratos temporales que tenían por objetivo, ojo al dato, poder sacar adelante las ayudas del audiovisual. Podríamos seguir con el anecdotario, que cada año se engrosa con distintas historias para no dormir, pero no quiero aburrirles.

Lo de ir como pollo sin cabeza, me temo, no es un caso aislado. Ni ahora, ni antes. Que la ubicación de grandes festivales de forma habitual en la Ciutat de les Arts i les Ciències, convertido como quien no quiere la cosa en el festivalódromo de València, iba a acabar siendo un quebradero de cabeza era algo conocido por las partes, máxime cuando el conflicto acabó en el juzgado, que ha dictado sentencia en favor de los vecinos. Por lo que sea, la cuestión parece haber llegado como una auténtica sorpresa tanto para los organizadores de los festivales como para la administración pública. “¿Cómo puede ser?”, que diría Noemí Argüelles en Paquita Salas

Y ahora, en apenas unas semanas, todos buscan a la desesperada una dieta milagro que salve los muebles. También es cierto que la sentencia ha llegado en el peor momento, dejándoles un margen de acción limitadísimo, todo hay que decirlo. Ahora toca reubicar, reorganizar y repensar en tiempo récord, incluso si ello conlleva bajar la música hasta el punto de que las bandas que allí tocan sea un runrún de fondo. Una cosa que, por otra parte y a juzgar por los carteles clónicos y perezosos de los últimos años, parece que estaba asumido. Pero ese es otro tema. Como también parece ser otro tema las miles y miles de personas que tienen su entrada y que siguen sin tener una comunicación oficial sobre si escucharán a sus grupos favoritos en València o en Torrent; con la música alta, media, baja o con auriculares a modo de silent disco.

Seguimos para bingo.

También ha recurrido a dietas y hasta ha puesto velitas al santo que le corresponda la Generalitat para desenmarañar el lío de la llegada de los Sorolla de la Hispanic Society of America, el gran proyecto cultural de la legislatura. Una sede temporal ante el retraso del ‘plan A’, el Palau de les Comunicacions, o un cambio de ley ad hoc para agilizar el traslado de los cuadros son algunos de los pasos que se van dando con un claro objetivo: cortar la cinta inaugural antes de las elecciones. Desde luego, si hay voluntad (política), sí se puede. 

Entre tanto lío, en el Palau de les Arts todavía están esperando que la Conselleria de Cultura responda sobre el futuro de su director artístico, Jesús Iglesias Noriega, al que se le acaba el contrato a final de año y que sigue trabajando a la espera de que el equipo de gobierno ponga las cartas sobre la mesa. Ya va tarde.

Y, por cierto, hablando de previsión -o falta de ella-, ¿se acuerdan del caos en el transporte de las pasadas Fallas, del rifirrafe tuitero entre Óscar Puente y María José Catalá? Ahora que vamos con tiempo, a ver si no nos vuelve a pillar el toro, aunque visto lo visto no las tengo todas conmigo. 

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