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LOS RECUERDOS NO PUEDEN ESPERAR

Aquellas noches valencianas en las que bacalao todavía se escribía sin “k”

11/12/2016 - 

VALENCIA. El próximo día 14, Contra publica ¡Bacalao! Historia oral de la música de baile en Valencia, 1980-1995. Un libro que explica por primera vez el fenómeno musical que tuvo lugar en la Comunidad Valenciana, y que, antes de derivar en el fenómeno llamado bakalao, tuvo una vida musical digna de ser contada. El día 16 se presenta en Valencia con la presencia de Carlos Simó, Luis Bonías, Juanito Torpedo y otras voces protagonistas presentes en el libro.

Hubo una época en la que Valencia fue una ciudad muy divertida. Esa diversión se fraguó al margen de lo establecido y evolucionó a su aire. Toda esa explosión hedonista generó un episodio que quedaría sepultado por el tramo final de su propia historia. Sí, Valencia fue un sitio muy divertido en la década de 1980, y para mí dejó de serlo más o menos cuando ésta finalizó, momento que coincide con el asentamiento del bakalao. El bakalao y sus locales se convirtieron en una fuerza dominante que en su momento me produjeron rechazo. Pero no fue un agente determinante en mi cambio de costumbres. La franja temporal que va de mis 17 a mis 27 en 1990, es la década por excelencia para mí. Los años dorados. La edad de la inocencia que se acaba, por el motivo que sea, en 1991. Dos años más tarde ya no vivía aquí. Atrás quedaban diez años brutales. Y ahora, en parte me reencuentro con su rastro al leer ¡Bacalao! Historia oral de la música de baile en Valencia, 1980-1995, de Luis Costa.

Aquella eclosión

Una parte de la historia que se cuenta en este libro la tengo bastante fresca. La memoria suele ser muy caprichosa. Supongo que se debe al hecho de que en los últimos años he escrito con cierta regularidad sobre algunos de los personajes y situaciones que las voces elegidas van describiendo. La historia de Glamour, el verano new romantic que vivió Valencia en 1981, el descubrimiento de Barraca, la aparición de locales como Pyjamarama. La interacción con artistas de la movida, como Alaska y los Pegamoides, Parálisis Permanente, Derribos Arias y empezar a escribir haciendo mi propio fanzine. Toda esa parte de la historia y de la mía propia la he ido reconstruyendo mejor que peor gracias a mi trabajo. Hay otra parte semisepultada bajo los escombros de la memoria. Me olvidé de muchos detalles, historias y anécdotas cuando hablé con Luis. Ahora que lo estoy leyendo empiezo a recordar algunas.

Digresión sobre los ciclos y pausa publicitaria

Los ciclos poseen una importancia especial. Los ciclos marcan nuestras vidas y en la mía definen un parámetro importante. Me tranquiliza saber que he concluido un ciclo y me anima pensar que he comenzado otro. Salvo escribir, que es una constante, todo lo demás en mi vida funciona por ciclos. Fumar, conducir, hacer ejercicio, vivir en una zona determinada, echarme a perder, cuidarme. Este verano inicié el ciclo jardinero, que consiste en llenar mi terraza de plantas y aprender a cuidarlas. Veremos por qué me inclino en el futuro pero a veces me siento como si fuera a convertirme un relato de Paco Inclán, del cual, ya que hablamos de libros,  aprovecho para recomendar encarecidamente  Tantas Mentiras e Incertidumbre. Hoy reconozco que trasnochar, beber y drogarme son cosas que me dan bastante igual, ya sé lo que son y no me interesan demasiado aplicadas a mi contexto actual (salvo en esas honrosas excepciones que suelen confirmar las reglas). La época en la que salí con asiduidad y exploré la noche a fondo, etc., etc., etc., fue en el ciclo comprendido entre 1980 y 1990. 

Inventario musical, vital y recreacional

De las noches y los días que recuerdo con cierta nitidez de ese periodo he escrito en esta misma sección en varias ocasiones. Las experiencias con Glamour. Publicar Estricnina. Hacer radio con Jorge Albi bajo los auspicios de Esteban Leivas, que fue quien apostó por él trayéndolo a Valencia. Las noches en Brillante. Los primeros conciertos de Ramones, Alan Vega y Pixies en la ciudad. Buscando en mis archivos (por llamarlos de una manera amable, porque ahí no hay manera humana de dar con nada) material para poder contribuir con precisión al libro de Luis aparecieron fotos, pases de prensa, flyers, recortes, papeles. De repente me veo en la parte superior de Pachá, después de un concierto de The Lords Of The New Church. Albi y yo, rodeando a Stiv Bators, que parece mucho más inofensivo que nosotros dos; de fondo, un ramillete de looks siniestros. Aparece un miniflyer de la que debió ser la primera macrofiesta –o el primer minifestival- organizado por Jorge. Ocurrió en la primavera de 1985 y supongo que debía estar vinculado al programa de radio que tenía entonces en Intervalencia, La conjura de las danzas. El acontecimiento tuvo lugar en Barraca. Solamente recuerdo que actuó el grupo de performers  Putreplastix y juraría que esa noche fue el debut de El Discreto Encanto, que es como se llamaba el proyecto musical que tenía entonces Rafa Villalba y que más tarde se convertiría en Bongos Atómicos. Me parece que en esa actuación yo formé parte del line-up pero no logro acordarme en condición de qué.

Miniflyer de la primera macrofiesta de Jorge Albi

Alan McGee flipando en Sueca

En el citado miniflyer estamos dibujados Albi, Carlos Simó, alma de Barraca y futuro fundador de Barracabar y yo, así que imagino que alguna vinculación tendría la fiesta con Los bailes de Marte, el espacio radiofónico que conducíamos Albi, Quique Serrano y yo. Todo es nebuloso, tanto que ni siquiera los auténticos protagonistas de semejantes epopeyas parecen recordarlo. También son nebulosas las noches en Barracabar, con Jorge convertido ya en estrella nocturna, estatus que se alimentaba, además de su capacidad para hacer de sí mismo un espectáculo, de su reputación como locutor. Vicente Esteve le  dio cobijo radiofónico en Radio Color –la emisora de Luis Suñer, magnate de Avidesa- tras la debacle de InterValencia. Albi habla en ¡Bacalao! de un showcase del sello Creation organizado en Barraca allá por 1986. Gracia a eso he podido recordar por qué narices entrevisté yo a Alan McGee en el hall del Hotel Oltra de la Plaza del Ayuntamiento.

Ziz Zac…

Mi primera visita a Zic Zac, fue en primavera de 1983, poco antes de irme al servicio militar. Situada cerca de la Plaza de España, era la tienda que abastecía de novedades discográficas calentitas a los dj’s alternativos del circuito local. Me compré Big Science, de Laurie Anderson. Cuando regresé después de perder el tiempo vestido de militar y empecé a trabajar en InterValencia, Zic Zac colaboraba con la emisora canjeando discos a cambio de publicidad. Jorge y yo nos poníamos las botas con tanta novedad llegada con total puntualidad desde Londres. The Jazz Butcher fue uno de esos descubrimientos comunes. Un par de años más tarde estaba echándole un cable a Miguel Jiménez en las labores promocionales de Plataforma, el sello discográfico vinculado a la tienda. Publicaron disco del mentado Jazz Butcher, Anne Clark, The Essence, Sad Lovers & Giants y Robyn Hitchcock & The Egyptians. Pero sobre todo, Plataforma creyó en las posibilidades de una banda cuya carrera, en 1986, parecía varada en Valencia a pesar de su energía: Seguridad Social.

…y Radical

Con Juan Santamaría, dj pionero en la ciudad, cofundador con Jiménez de Zic Zac y posteriormente creador de Radical Records, también colaboré años después. Ellos fueron los impulsores de Las Máquinas, el único grupo valenciano que supo conectar el espíritu hedonista local con la idiosincrasia indie.  Un orgullo pues haber servido en su día de conexión entre Radical y Sony para que comenzaran las negociaciones que concluyeron con el fichaje del grupo por parte de dicha multinacional. Todo eso debió ser alrededor de  1991, cuando la electrónica oscura ya empezaba a comerse el colorido indie sembrado durante la segunda mitad de la década anterior. La época en la que Jorge montó aquellas celebraciones en Barraca trayendo a grupos tan dispares como Happy Mondays y Los Coyotes, invitando a personajes tan dispares como Juan de Pablos y Rafa Abitbol. La época en la que, entre 1987 y 1990, estuve al frente de Deplástico, tienda de discos estratégicamente situada junto al pub Brillante. Discos no vendimos muchos, pero las juergas fueron inenarrables; y el orgullo de haber recomendado discos que dejaron huella en sus compradores pesa más que cualquier otra cosa. A medida que avanzo redactando estas líneas voy recordando más cosas. Creo que fui muy optimista cuando bauticé esta sección. Mis recuerdos necesitan disciplina inglesa, me parece a mí.

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