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policía local de valència

Ciento veinte años montando a caballo

La Local, que se fundó en 1870, creó esta Unidad de Caballería, la primera del cuerpo, en 1901. Actualmente hay siete agentes y doce caballos pura raza española. «Tienen que ser bonitos y tener buen carácter», advierte un veterano

26/04/2021 - 

VALÈNCIA.- Los caballos de la Policía Local de València están entrenados para no ponerse nerviosos ante estímulos externos que puedan encontrarse por la calle. Tienen que ser dóciles y se les prepara para no asustarse con el ladrido de un perro o la mano inocente de un niño que se estira para acariciarles. «Por eso Índalo, un veterano de 22 años, agacha la cabeza cuando ve venir a un chiquillo», señala José Ramón Dual, un agente, más veterano aún que su equino, sobre su compañero de patrulla. Aunque siempre hay imprevistos, como aquel día de San Antón en el que llevaron a los caballos para que fueran bendecidos y, mientras esperaban su turno, apareció la compañía de un circo con sus elefantes. «Entonces tenía uno que se llamaba Rai y nunca había visto un bicho tan grande, claro, y empezaron todos a espantarse y a moverse de un lado a otro. Ellos tienen los sentidos más desarrollados. El olfato, la vista, notan las vibraciones en el suelo… Tenías que verles las caras, eran de pánico. La verdad es que nos costó calmarlos».

Dual está en las caballerizas que la Policía Local tiene en la Yeguada Roig en Poble Nou. Allí, rodeados de huerta, de campos de cebollas y alcachofas que maduran bajo un sol que inunda toda l’Horta Nord, viven los doce caballos de la Unidad de Caballería, la más antigua del cuerpo desde su creación en 1901 con el marqués de Cáceres como alcalde de València.

Junto a Dual, que ingresó en la unidad en 1995, está Mari Carmen Mas, que llegó en 2009. Ella monta a Cobre, un alazán color canela mucho más joven que Índalo. Solo tiene dos años, está en proceso de doma y también aparenta tranquilidad. Hasta que el fotógrafo despliega una especie de paraguas blanco sobre un poste para que el flash ilumine la cabeza del equino. Entonces, a cada disparo, el animal pega un respingo y Mari Carmen tiene que sujetar las riendas para que no se escape. Nadie lo ha entrenado para que le peguen un fogonazo de luz en los ojos y se horroriza cada vez. Se horroriza él y dos más que están dentro de su box y que también se sienten incómodos con cada destello.

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Hace un momento han estado cepillando a los animales a conciencia. El aseo forma parte de la rutina matinal. Cada día llegan a las cuadras y revisan que los caballos estén bien, que no tengan restos de comida, que les hayan dado la medicación que tienen que tomar o si hay que hacerles alguna cura… «Después cogemos al nuestro y lo preparamos para salir a la calle», añade Mari Carmen. A veces lo sacan primero a la pista para darle un poco de cuerda o para montarlo unos minutos antes de empezar a patrullar.

* Lea el artículo íntegramente en el número 78 (abril 2021) de la revista Plaza

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