crítica

El extraordinario huracán Lise, procedente del norte de Europa, azota Les Arts

27/10/2020 - 
Palau de Les Arts Reina Sofía. 25/10/2020
Recital de lied
Obras de Johannes Brahms, Robert Schumann, Edvard Grieg, y Richard Strauss
Lise Davidsen, soprano
James Baillieu, piano

VALÈNCIA. Con un grandioso recital de la soprano Lise Davidsen, -de esos para no olvidar-, se abrió el ciclo Les Arts es lied, que traerá a nuestro Reina Sofía a grandes solistas del panorama lírico internacional hasta el mes de mayo. Pero quizá este era el más esperado de todos, porque del descarado ascenso la tiple noruega se viene avisando, así de que es una auténtica privilegiada, y de que posee un instrumento de esos que no existen. La joven y laureada cantante, -Operalia de Plácido Domingo, Reina Sonja de Oslo-, ha pisado ya los más importantes teatros del mundo. Y faltaba estar aquí. Y el público valenciano estaba, lógicamente, deseando escucharla.

Desde la primera nota, la voz de la Davidsen impactó en los oídos del aficionado, quien de inmediato se percató de estar asistiendo a un evento de extraordinaria dimensión, de estar delante de una de las sopranos más completas del mundo, a pesar de estar en el inicio de su carrera artística. La voz de la escandinava es todo frescura y brillo. Una frescura y un brillo capaces de dejar asombrados a unos aficionados sometidos y extasiados por la belleza de la fuerza vikinga.

Lise Davidsen es una soprano lirico spinto dramática explosiva, -si se me permite la expresión-, de tronco vocal compacto, de timbre brillante y esmaltado, de emisión segura y natural, proyección extraordinaria, afinación excelente, sutil pronunciación, y fuerza arrolladora. Con facilidad pasmosa, su voz es emitida como un huracán, que azota con extraordinaria delicadeza los oídos de los que tienen la suerte de escucharla. Si lo anterior no es poco, destaca la tiple por tres asuntos: el control del fiato y la respiración, que le permite el progreso seguro y fácil en la dinámica del piano al forte; el dibujo y ejecución acertada de las frases; y la homogeneidad del color vocal desde sus notas más graves a las más agudas, dando la sensación de que para ella no hay registros ni pasaje. Ahí es nada.

Para la poderosa Davidson no hay problemas ni en el centro, ni en agudos. Ni en los graves. Se la compara con la Nilsson, la Flagstad, y la Stemme, y es que Lise Davidsen es una soprano de la escuela escandinava, y de altas cualidades para la ópera como aquellas, y especialmente para papeles de la entidad como los de Strauss y Wagner. No obstante, demostró en su recital de canciones del romanticismo, que sus condiciones de fuerza vocal son compatibles con la musicalidad y la dulzura que también aportó, y que consiguieron crear el clima final intimista que la especialidad requiere, gracias a la versatilidad, técnica, y recursos expresivos de los que va sobrada.

Del acero al susurro

Efectivamente, eligió la soprano, para su presentación en Les Arts, canciones del romanticismo alemán del XIX, de Johannes Brahms, Robert Schumann, y Richard Strauss, además del ciclo de Cinco Poemas de su compatriota Edvard Grieg. La difícil expresión contenida, poética, y sutil que el estilo lederístico requiere fue indicada por el excelente y refinado pianista James Baillieu, quien hizo gala siempre de su enorme profesionalidad, trayendo lo mejor de la riqueza de las piezas. Con especial serenidad y sensibilidad fue cómplice seguro de la soprano, a quien indicó pauta y estilo.

Para el lied de Les Arts, en la voz de la soprano se fusionaron la potencia con la calidez y la suavidad, pasando tantas veces del acero al susurro. Acometió Brahms firmando un ’Da unten im Tale’, donde la infalible soprano lució la textura aterciopelada de su voz y su timbre de brillo constante. En ’Liebestreu’ demostró Davidsen todas sus habilidades en la combinación de los recursos y matices para el contraste de sentimientos entre madre e hija. En los ’Poemas de la Reina Maria Stuart’ de Schumann, la noruega demostró ser precisamente la reina de las frases y de la homogeneidad del color vocal. Cantó ’Nach der Geburt ihres Sohnes’ aportando unos piano de lujo, e hizo un ’Abschied von der Welt’ lleno de sentimiento y sensibilidad.  

Lise Davidsen se sintió más que cómoda con Grieg. Estaba en su salsa, abordando con exquisitez los frescos y descriptivos Cinco poemas. La soprano dio en ’Der Gynger en Bad pa Bolge’ buena cuenta de lo robusto de su instrumento, que lució ahí lleno de armónicos y brillo. En el ’Adios a la madre’ regaló un canto sereno repleto de equilibrados e infalibles piano, haciendo gala de su inagotable fiato. En ’Dromme’ encandiló la noruega con el colorido de su voz, y el uso fácil y efectivo de los resonadores. 

Con Strauss, demostró la tiple nórdica que es poseedora de un gusto musical exquisito. En el ‘Zueignung’ estuvo cálida, luminosa, y rotunda; y hasta fulgurante en el ‘Allerseelen’. Con la ‘Canción de cuna’ dio un recital de canto ligado, y por si faltaba algo en el ‘Befreit’ regaló las mejores regulaciones, ejecutadas con una seguridad pasmosa. Sin freno y enorme proyección apostó por ‘Cecilia’. Fuera de programa se ofrecieron tres piezas, con un ’Morgen’ otra vez de Strauss de especial belleza y ternura, ya al final, con un público entre entusiasmado e incrédulo, situado como en otra dimensión.

Hacía falta un regalo

El recital fue un regalo para el aficionado, -ya hacía falta-, que pudo escuchar uno de esos intérpretes que oyes pocas veces en la vida. Lise Davidsen, de futuro extraordinario, es ya una soprano poderosa de voz carnosa y plena, pero también de expresión medida, lo que la convierte en una de las mejores, que sabe aunar potencia con delicadeza. Posee además una belleza y elegancia personal a la altura de su sólida musicalidad y soberbia profesionalidad. Eso aportó también un toque de distinción justo en el día internacional de la ópera. Ojalá podamos verla aquí pronto de nuevo, y ¡claro!, cantando una ópera.

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