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LA LIBRERÍA

El retorno de los búfalos: Dan O'Brien y el milagro del rancho Broken Heart

Errata Naturae publica la sorprendente historia de un hombre cautivado por el bisonte -o búfalo- que lo arriesgó todo convencido de que este majestuoso animal debía volver a su hogar ancestral

30/05/2016 - 

VALENCIA. Es difícil imaginar un exterminio de tal magnitud. Es difícil entender cómo nadie fue capaz de pisar el freno a tiempo, cómo fue posible que en unos pocos años sesenta millones de bisontes fuesen erradicados de la faz de la tierra en la que habían vivido desde tiempos inmemoriales y de cuyos ciclos eran un pieza indispensable sin la cual era imposible el equilibrio. Sesenta millones de animales fueron masacrados en un terrible frenesí que alcanzó sus cotas máximas de sangre entre 1872 y 1884. No mucha gente lo sabe, pero el pistoletazo de salida que inició esta masacre tuvo lugar un poco más abajo, en la pampa argentina que los españoles llenamos con nuestro ganado hasta un punto absolutamente insostenible que acabó por destruir el hábitat. Era tal el número de animales que a nadie le importaba despellejar una vaca y dejarla pudriéndose al sol. Lo único que importaba era la piel, el cuero experimentaba una gran demanda y la maquinaria económica global necesitaba combustible permanente. Por supuesto se llegó a un punto en el que el ganado comenzó a menguar, pero no lo hizo así la fiebre de quienes vivían de él, que simplemente ubicó en otra especie su punto de mira: el bisonte, mal llamado búfalo por una confusión de los primeros europeos que llegaron a América.

Tras esto, no quedaron de ellos ni los huesos. No es una exageración. Cuando el negoció de las pieles y lenguas de bisonte tocó a su fin, muchos trabajadores cayeron en la desesperación y se aferraron a lo último que este magnífico ser podía ofrecerles. Así, las Grandes Llanuras fueron peinadas de arriba a abajo y los huesos de aquellos bisontes a los que se disparaba, se despellejaba y se dejaba para gozo de unos exultantes carroñeros que nunca habían tenido la vida tan fácil, fueron recolectados y mandados en tren a San Luis, Pittsburgh y Detroit, donde se utilizaban para hacer pegamento, mangos, botones y para refinar azúcar. De esta manera se consumó la macabra maniobra que borró a los bisontes del mapa en el que siempre habían figurado, y a través del que se movían en gigantescas y majestuosas manadas cuyos movimientos hacían temblar la tierra como si de un terremoto viviente se tratase.

Mucho tiempo después de todo aquello, un niño del noroeste de Ohio recorre la desolación de las Grandes Llanuras en un Chevrolet del 55. Asomado a la ventanilla, queda fascinado por la inmensidad de un paisaje que parece no tener límites y se promete a sí mismo volver algún día y establecerse allí. Treinta años después, el niño, que ahora tiene varios títulos universitarios, una gran biblioteca y un halcón que representa su pasión por la naturaleza salvaje, regresa y se compra un rancho. El niño en cuestión se llama Dan O'Brien (Ohio, 1947), y es el autor de Los búfalos de Broken Heart. La aventura de recobrar una vida noble y salvaje, un maravilloso libro biográfico y de divulgación; uno de los mejores exponentes actuales de esa corriente a la que llamamos nature writing, y en la que a juicio del que escribe, podríamos incluir también, por ejemplo, a Miguel Delibes.

La historia que nos atañe empieza con un doble fracaso matrimonial y empresarial que lleva a O'Brien a buscar nuevos horizontes. Tras veinte años criando reses en un territorio en el que muchos sueñan con prosperar durante un tiempo hasta que la realidad los hunde en el fango y se marchan, O'Brien tiene una revelación en forma de bisonte/búfalo tendido en un camino. Estos animales eran reliquias casi prehistóricas a los que pocos prestaban atención, pero allí, cara a cara con ese espíritu de la tierra al que admiraron y respetaron los sioux y otros grandes pueblos nativos, entendió. Poco a poco fue aprendiendo que las reses eran turistas que habían devastado los pastos y que sufrían al llegar el invierno porque no estaban adaptadas a un lugar tan hostil como las llanuras, donde se pasaba de unos gélidos veinte grados bajo cero a picos de treinta y ocho grados de calor abrasador. Dar con aquella verdad no tendría que haber sido muy difícil, especialmente para alguien con su formación como biólogo y su experiencia como cetrero, dado que no estaba escondida sino estampada en la cara de todas esas vacas extranjeras que había criado durante años. Pese a todo, le llevó décadas encontrarla. El búfalo sí era un producto de aquel terreno vasto, inhóspito y letal. ¿Por qué no criar búfalos entonces y devolverle de esta manera al continente una de sus señas vivas de identidad?

La respuesta a esta pregunta es un recorrido lleno de dificultades económicas, técnicas y culturales con un final sensacional que agradecerán todos esos lectoras y lectoras erosionados por aquello de que las mejores historias siempre se destilan a partir de hechos trágicos. De Los búfalos de Broken Heart salimos con energía, con ganas de ir a dar una vuelta por el campo o la montaña para pensar sobre nuestra vida y nuestra posición en el ecosistema, ya sea este contemplado desde una perspectiva local o global. Es posible que nos entren una terribles ganas de dejarlo todo y empezar en algún sitio donde el estrés, la velocidad y la ansiedad propias de nuestras vidas puedan ser sustituidos por un trabajo duro pero reconfortante, uno en el que los resultados puedan crecer con la lluvia o tener descendencia.

¿Difícil? ¿Romántico? No menos que salvar a doce crías de búfalo con varios préstamos y acabar siendo el fundador de una prestigiosa y respetada compañía que ha contribuido a recuperar una de las zonas más bellas del planeta mediante novedosas ideas procedentes del pasado. Porque Wild Idea se rige por un pensamiento muy elemental: sigamos el plan preexistente de la naturaleza. La reintroducción de los búfalos en enormes extensiones de pastos ha hecho que estos se regeneren -puesto que la hierba autóctona, por ejemplo, se había adaptado a las pezuñas y la pisada de los búfalos y no de las reses- y junto a ellos han vuelto los humedales, las charcas y una gran cantidad de especies desplazadas por la acción del ser humano. Si te preguntas cómo puede ser, puedes echarle un vistazo a esta noticia que explica cómo la reintroducción de lobos en Yellowstone llegó incluso a cambiar el curso de un ríoy luego, ir corriendo a tu librería más cercana a por este título de Dan O'Brien publicado por Errata Naturae.

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