Ausiàs Signes y Felicia Guerra emprendieron los dos proyectos más relevantes de su vida (hasta el momento) con un mes de diferencia. Abrieron Ausiàs, su restaurante en Pedreguer, en diciembre de 2023. Su hija Valentina nació en enero de 2024. Hablamos de paternidad, maternidad y hostelería.
“Fue una locura”, confiesa Feli cuando le pregunto por aquellos meses. Su intención era abrir el restaurante en octubre, pero el proyecto se retrasó. Contaban con tener unas semanas de margen para organizar todo antes de que naciera Valentina. Ahora que lo ven con perspectiva, porque ya han pasado dos años de todo aquello, charlamos con el valenciano Ausiàs Signes y con la nicaragüense Felicia Guerra para invitar a la reflexión, empatizar con ellos y comprender cómo la paternidad y la maternidad lo cambian todo.
Se conocieron en 2018 en Le Cordon Bleu Madrid. Ambos son cocineros y pasteleros, aunque Feli previamente había estudiado Administración de Empresas. Antes de volver a la terreta, que fue un cambio buscado, vivían en Huesca porque Ausiàs trabajaba en el Restaurante Tatau. Feli estaba teletrabajando para una empresa americana.
Dicen que Pedreguer les eligió a ellos, y no al revés. Plantearon otros posibles escenarios, como Jávea o Dénia. Venían con frecuencia a ver locales y encontraron uno que les encajó en la Vall de la Gallinera, pero finalmente eso no fructificó. El destino hizo de las suyas y fue Cristóbal, propietario del ahora desaparecido Brou, quien les contactó para ofrecerles el local que iba a dejar. “Fue un milagro”, dice Feli.
“Por la exigencia de los restaurantes en los que yo había trabajado, tenía claro que si íbamos a tener una hija yo no podía trabajar para otra persona, porque eso supondría pasar 15 horas fuera de casa. La única forma en la que veía viable tener hijos, hacer lo que yo quiero y lo que a mí me gusta, era abriendo un negocio. Aunque en poco tiempo ese tema también ha cambiado mucho, ahora quizá sí que sería compatible”, explica Ausiàs a Guía Hedonista.
Reformaron el local de Pedreguer y en diciembre de 2023 abrieron el restaurante. Un mes después, Feli dio a luz. “Por la necesidad económica, las ganas y el momento de euforia, el día que nació Valentina estaba el restaurante abierto y me tuve que escapar para ir al hospital. Ahora mismo me gustaría no haber tenido que hacer eso, ojalá hubiera podido cerrar”. Ausiàs dice que, si volviera hacia atrás, cambiaría algunas cosas. Él viene de una familia hostelera. “Tengo una foto de mi madre embarazada de mí con 8 meses y medio, cocinando en el restaurante de mis abuelos”, nos cuenta. “A mí no me gustaría tener otro hijo con el restaurante abierto, me parece una chaladura”.

Feli reconoce que ella no tenía ni idea de lo que era trabajar en hostelería con ese nivel de exigencia ni en pareja. Hasta entonces había ayudado a Ausiás en proyectos, pero de forma puntual. “Desde que nació Valentina, mi prioridad ha sido ella”.
Feli le dio el pecho durante diez meses. “La lactancia es algo muy duro”, confiesa. “Al principio, con todo el estrés de la apertura, tenía poca leche y me sentía culpable. No le quería dar leche de fórmula, pero hasta los cuatro meses tuve que hacerlo para complementar. Después cuando le daba el mixto estaba más tranquila y tenía más leche. Lo recuerdo como algo incómodo, tenía que irme del servicio porque tenía el pecho muy hinchado. Me hubiera gustado darle pecho sin tener el restaurante. En aquella época pensábamos que podíamos con todo”. También recuerdan las noches en urgencias.
Ausiás, Feli y Valentina viven en una casa de pueblo que está a diez metros del restaurante, lo que ha facilitado mucho las cosas. “Yo le daba de mamar en casa o en el restaurante e iba y venía de un sitio a otro unas 20 veces al día”, nos cuenta Felicia. Al principio no tenían claro cuál iba a ser su rol en el restaurante. Comenzó realizando tareas administrativas y planchando los manteles, porque en sala contaban con una persona con experiencia. Pero a los cinco meses de dar a luz comenzó a trabajar en la sala los servicios de fin de semana. “Era verano, empezábamos a llenar. Yo pensaba incorporarme en septiembre, pero no me quedó otra porque dos personas de sala se fueron. Fue un shock, acababa de parir”.
Cuando recuerdan el inicio, reconocen que fue muy retante. “Se generó una gran expectativa alrededor del restaurante de forma natural. Eso hizo que recién abiertos ya estuviéramos llenos todos los días desde mayo, durante todo el verano. Parece bonito, pero no teníamos ni la gente ni la infraestructura para llevarlo a cabo”. Y encontrar a personal en verano en aquella zona es misión imposible. Hacían 20 comensales a mediodía y 20 por la noche, con dos personas en cocina y dos en sala. Con un nivel de un restaurante gastronómico de menú degustación. También sienten que el comensal les exigía mucho, en ocasiones se quejaban del servicio. Acababan de abrir y la clientela ya esperaba encontrarse un restaurante de alto nivel. Por aquel entonces ofrecían un menú degustación de 55 euros. “Yo había abierto botellas en casa y mal, tenía miedo de abrirlas delante del cliente, pero Ausiás me decía que tenía que hacerlo. A mí me comieron viva”, confiesa Feli.
También se encontraron con los hándicaps propios de una zona que les gustaba pero que no conocían: “vive del turismo pero no tiene los recursos necesarios que ayuden a sostener la hostelería”, explica Ausiás a Guía Hedonista. La lavandería, por ejemplo, es un problema para ellos. Han tenido que comprar una lavadora semiindustrial y la tienen en casa. “Sé que en dos años vamos a tener más sistemas implementados”, dice Feli.
En el restaurante, recurrieron al apoyo de su amigo Carlos, que les ayudó mucho en sala y a quien están muy agradecidos. En casa y con la niña, les apoyó la madre de Ausiàs. Ambos vivían con ellos. Recuerdan que por aquel entonces dormían 3 horas y trabajan 16. “Lo pienso ahora y me duele todo”, cuenta Ausiàs. “Ahora me doy cuenta de que hubo personas a las que quemamos y nosotros también nos quemamos”, reconoce. En septiembre, la madre de Ausiás se tuvo que reincorporar al instituto, ya que es profesora. “La ayuda externa es la clave”, coinciden. “No podemos hacerlo todo nosotros solos, no hay horas en el día”.
En cocina tuvieron bajas y cambios rápidos en muy poco tiempo. Pero Dani ya lleva dos años con ellos y Mauro, que llegó de prácticas, algo más de un año. Yanexi, que empezó encargándose de la sala y la mantelería, ahora está también en cocina. Ausiàs también menciona a su hermana, Betlem Signes, que estuvo en la sala durante un tiempo: “hizo un trabajo muy bueno, nos dio mucha paz y estabilidad”.
En nuestra charla hablan de la importancia de las palabras “liderazgo” y “gestión de equipos”. Este año están intentando analizarse mucho a sí mismos como gestores para reparar errores y seguir creciendo. “Si pasa algo en el restaurante es porque nosotros hemos hecho algo mal. Si un restaurante no gestiona bien su personal, tiene que acabar cerrando”, reflexiona Ausiàs. Ahora se dan cuenta de que es necesario que el equipo sienta tranquilidad y eso pasa por entregar al personal una hoja con lo que tienen que hacer. Que esté todo por escrito. “Es clave la estandarización, simplificar los procesos”. Ausiàs se había formado en ambientes laborales extremos y eso ha sido un aprendizaje reciente.
Poco a poco, todo se ha ido ordenando. “Ahora Valentina tiene una rutina y es más fácil de gestionar”. Va a la guardería de día y por la noche tienen ayuda en casa, una persona de confianza que cuida a Valentina desde que tiene ocho meses. Su actual reto es “aprender a trabajar juntos y mejorar”, en palabras de Ausiàs. “Hay que hacer un trabajo personal muy grande, yo pensaba que iba a ser algo orgánico, pero tenemos que pararnos a poner normas, límites y mecanismos que nos ayuden a estar mejor”.
Desde hace dos semanas, el padre de Ausiàs está trabajando en la sala del restaurante. “Creo que nos va a ayudar mucho, yo siempre he tenido mucha ansiedad por si se iban las personas de sala y cuando estoy relajada pienso que algo malo va a pasar. Ahora me siento menos agobiada porque mi suegro es una persona a la que respetamos los dos y nos ayuda a pacificar el ambiente en el servicio”, explica Feli. “Y lamentablemente, el cliente no trata igual a una camarera joven y latina que a un hombre más mayor”, visibiliza Ausiàs.
Éste es un proyecto de familia, de arrimar el hombro, de ir haciendo frente a lo que vaya surgiendo. Ausiàs y Feli han demostrado unión en la adversidad, madurez a pesar de su juventud y unas ganas infinitas de conciliar su vida personal con la profesional.