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El incierto futuro de la pesca de arrastre

La pesca de arrastre en el Mediterráneo encara un momento crítico tras la drástica reducción de días de faena impuesta por Bruselas. El sector lucha por sobrevivir mientras se intenta alcanzar el equilibrio entre sostenibilidad y viabilidad socioeconómica.

  • El Cao Prim II
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El Cap Prim II zarpa del puerto de Xàbia a las cinco de la madrugada y vuelve a casa las cuatro de la tarde –11 horas de faena– cargado con gamba roja unos días, y otros con gamba blanca, rape o merluza, dependiendo de lo que la ley diga. Navegan dos horas mar adentro hasta llegar a los caladeros donde sueltan la red que se arrastra cerca del lecho marino. En 2025, la embarcación salió a pescar 135 días en total. Es lo que dicta la normativa europea. Es decir, el Cap Prim II –una de las cinco barcas de arrastre que quedan en Xábia– se ha pasado más días amarrado que trabajando en los últimos doce meses. Una situación que ha puesto contra las cuerdas al sector y hace muy difícil la viabilidad de los pesqueros y la continuidad del oficio de pescador. 

La embarcación es propiedad de Amadeu Ros, armador, patrón y pescador jubilado desde hace cuatro años. El Cap Prim II, donde Amadeu ha pasado buena parte de los casi 40 años que le ha dedicado al mar, lo capitanea hoy su hijo Marc, y es uno de los 481 buques que componen la flota pesquera de la Comunidad Valenciana, según datos de la Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de 2024. De ellos, 199 son embarcaciones de arrastre, una de las modalidades de pesca más representativa, sobre todo en la provincia de Alicante. El 45,3% del volumen total de capturas en territorio valenciano corresponde a este tipo de pesca. La Comunitat Valenciana conserva un peso estratégico dentro del sector pesquero español. Actualmente el conjunto de la región sigue conservando aproximadamente un 20% de la actividad pesquera de España, según señala  el ‘Estudio socioeconómico del sector pesquero de la Comunidad Valenciana’ publicado por la Universidad de Alicante. 
 

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Cada vez menos días de pesca

Las embarcaciones de arrastre del Mediterráneo han pasado en cinco años de faenar 240 días al año a solo 133 de media, una medida justificada desde Bruselas para «preservar el desarrollo económico y sostenible de las especies de la zona». La idea de elaborar un plan para la sostenibilidad de la pesca en el Mediterráneo parte de los países de la Unión Europea (UE) en 2013, cuando se detectó que había una sobreexplotación de las especies en el Mediterráneo Occidental. En 2019 el plan entró en vigor, con un periodo de transición hasta 2024, durante el cual se han ido implementado reducciones en los días de faena. 

En noviembre de 2024, la Comisión Europea propuso reducir los días de pesca de arrastre en el Mediterráneo un 79%, hasta 27 días al año. Esto significaba poder salir a faenar menos de tres días al mes. Algo completamente inviable.  Finalmente, a finales de diciembre de 2024, los ministros de Pesca de la UE llegaron a un acuerdo para moderar ese recorte y permitir mecanismos de compensación si los pescadores adoptaban medidas de sostenibilidad como redes de malla más grande, vedas o la instalación de las llamadas puertas voladoras. Si las embarcaciones implementaban estas medidas, podrían mantener los mismos días de faena que en 2024, es decir, 130 días. Esto se traduce en que las embarcaciones pueden salir a pescar menos de 11 días al mes. Las cuentas no salen. 

Las embarcaciones de arrastre del Mediterráneo han pasado en cinco años de faenar 240 días al año a solo 133 de media

«Esos 27 días son una burla. Y las medidas compensatorias que aumentan hasta 130 días son otra burla. Hay incertidumbre, desasosiego, malestar, intranquilidad… Desde la Unión Europea hacen las cosas lo peor posible para los marineros», afirma Amadeu Ros. El pescador reconoce que para la barcas de arrastre es imposible sobrevivir económicamente con tan pocos días de actividad. «Si no te subvencionan, no se puede. Existen subvenciones, 24.000 euros al año, más las paradas biológicas y las paradas por esfuerzo –pasar amarrado más de díez días seguidos en lugar de hacerlo días sueltos–.  Nosotros preferimos trabajar 180 días y no tener que acudir a las subvenciones», explica.

 

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Menos pescado local y más pescado de fuera

Las consecuencias del llamado Plan Multianual son obvias. Al reducirse el volumen de capturas, las lonjas disponen de menos producto local, aumentan los precios por la escasez de la oferta, además de entrar más pescado de fuera, sobre todo de Marruecos, Túnez y Turquía –con estándares y trazabilidad diferentes a los nuestros–. «La gamba ha subido muchísimo, cuando septiembre y octubre son meses en los que se puede comprar marisco bastante bien de precio. Este año está intocable. En la merluza, el precio se ha doblado. El año pasado por estas fechas teníamos merluza sobre 11 euros y este año está a 20. Es una barbaridad», cuenta Vicky Vañó desde su parada en Rojas Clemente, que teme que si el precio del pescado y el marisco se pone por las nubes provoque una estampida del consumidor.  Afecta al cliente final y le afecta también a las pescaderías que se ven obligadas a reducir sus márgenes, como indica Vicky. Ante la incertidumbre de cara a la pasada Navidad, Vicky se adelantó preguntando a sus clientes lo que iban a necesitar y cuando lo encontraba a buen precio, lo congelaba y se lo guardaba de cara a las fiestas. Respecto a las especies donde más lo ha notado es en el rape, la gamba y la cigala.  «Han volado», afirma. 

Pepe Catalá es el propietario de Japofish, empresa valenciana con más de 40 años de historia que distribuye pescado y marisco a hostelería, mayoristas, pescaderías y grandes superficies. Ellos compran en todas las lonjas de España –y en todas partes del mundo–, no solo en el Mediterráneo. «La pesca es algo ancestral, somos cazadores recolectores. Lo que esta claro es que si cazamos todo no hay reproducciones. Necesitamos que la ciencia ayude a la industria para, con datos científicos, regular las cosas», apunta. Catalá reconoce que la solución no es sencilla. «Para llegar a ese equilibrio hace falta tiempo y dinero, unas políticas de adecuación para el mantenimiento hacia una presión sostenible en el tiempo. Hacen falta inversiones, ayudar a las empresas en esa transición y que no se queden sin trabajo», señala. El empresario es partidario de que la pesca se regule pero siempre basándose en evidencias científicas y ofreciendo alternativas a los pescadores: «No es justo, ellos se han dedicado a un oficio que antes se podía desarrollar sin problema. Han comprado redes, han hecho inversiones grandes en embarcaciones, han pagado sus impuestos… No puedes prohibir la actividad sin dar soluciones». 

 

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¿Sobreexplotación o recuperación?

A la pesca de arrastre se le ha acusado de tener un alto impacto ambiental y contribuir a la disminución de la biodiversidad al capturar especies que no se aprovechan. La práctica de la pesca de arrastre, sin embargo, ha evolucionado y ha incorporado mejoras tecnológicas que buscan minimizar los efectos adversos sobre el medio ambiente: redes más selectivas, sistemas de escape para especies que no son objetivo y la implementación de prácticas de pesca que reducen el contacto con el lecho marino –las denominadas “puertas voladoras” que no entran en contacto con el fondo y reducen significativamente los impactos–, en un esfuerzo por equilibrar la eficacia productiva con la responsabilidad ecológica.

Para José Luis Sánchez Lizaso, catedrático de la Universidad de Alicante, presidente del Foro Científico para la Pesca Española en el Mediterráneo y Director Científico del Máster en gestión pesquera sostenible, desde el punto de vista científico la pesca de arrastre sí que puede ser sostenible si se regula de manera adecuada. «Lo mas importante es no pescar sobre ecosistemas marinos vulnerables», expone. Para él, la decisión de limitar la pesca a 27 días «no tiene sentido considerando la evolución de las poblaciones y el esfuerzo realizado por el sector en años anteriores. En el Mediterráneo siempre hemos defendido que la gestión debería ser mediante reducción del esfuerzo. Es mejor reducir días que reducir barcos, pero no todo el ajuste se debe hacer reduciendo días de pesca. No se ha valorado lo suficiente el cambio de selectividad y los cierres espaciales».  El catedrático cree que para equilibrar sostenibilidad y viabilidad socioeconómica, la Unión Europea debería «valorar los impactos a corto plazo y que el sector sea capaz de asumirlos. Cualquier medida que sea positiva a largo plazo va a provocar efectos negativos a corto plazo. Si se quiere ir muy rápido, aunque sea en la buena dirección, los impactos a corto plazo van a ser inasumibles por las empresas y muchas desaparecerán. Las empresas pesqueras en el Mediterráneo son pequeñas y tienen escasa capacidad para resistir periodos de vacas flacas». Respecto a si la comunidad científica está siendo tomada en cuenta a la hora de diseñar las políticas europeas, Sánchez Lizaso asegura que formalmente sí, «pero falta mucha transparencia en los mecanismos por los que finalmente se adoptan las decisiones».

 

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Para Amadeu Ros, la flota que está actualmente operativa «es adecuada a los caladeros que tenemos, lo que hay que hacer es que ciertos caladeros no se toquen. Los de gamba roja, por ejemplo, están salvajes. No hay barcos porque están lejos», afirma. El armador asegura que hoy se pesca el doble en volumen que hace un año, lo que demuestra que las especies se han recuperado. Si desde Europa no se afloja un poco el pedal, Ros cree que el daño «será muy grande, a nivel económico pero también social. La gente no gana lo suficiente con la pesca. Afectará a las cofradías, a los posits, que son cooperativas pesqueras y que redundan en la parte social de los marineros y los armadores, en las oficinas, en las pescaderías de las cofradías, en las reparaciones de las lonjas…». Si no se produce un cambio en la política pesqueras, el sector correría serio peligro, y con el desmembramiento de la pesca tambien cambiaría el paisaje y la identidad del litoral valenciano. La decisión de la Comisión Europea respecto a los días de pesca en 2026 ha sido la de mantener los mismos días que en 2025, una media de 143 días, algo claramente insuficiente para el sector que ve cómo así se condena al arrastre, que además comienza el año con una nueva normativa de control pesquero aprobado por la Unión Europea, que refuerza las exigencias a la pesca comunitaria con medidas difícilmente asumibles para la flota. Dos nuevas normas  –preaviso de llegada y registro y pessaje de capturas– que los pescadores consideran inviables.  El próximo lunes 19 de enero, habrá un paro generalizado de la actividad pesquera para protestar por estas medidas. «Yo padezco de optimismo y pienso que las cosas se arreglarán, nos escucharán y dejarán que pesquemos 180 días al año», comentaba Amadeu Ros antes de que Europa anunciase las cuotas de este años.  Y si no, «la pesca de arrastre no desaparecerá, puede que ser desaparezcan las cofradías y un gran número de embarcaciones. Y los peces acabarán saliéndose de la mar».

 

Artículo publicado en la revista Plaza del mes de diciembre

 

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