Continuamos adentrándonos en las cocinas y en las salas para mirar más allá del plato, porque los cocineros, los camareros y el resto de profesionales del sector también son personas. Después de narrar la historia de maternidad y paternidad de María José y Juanjo del Restaurante Lienzo (Valencia), hoy es el turno del Restaurante Tula, una de esas joyas gastronómicas que es a la vez un proyecto muy personal: el de Clara -sumiller y jefa de sala- y Borja -jefe de cocina-, dos personas tremendamente inspiradoras que en agosto de 2023 se convirtieron en padres.
“Cuando me quedé embarazada pensaba que iba a ser imposible conciliarlo con nuestro trabajo, pero tuvimos nueve meses para organizarnos”, explica Clara a Guía Hedonista. En su caso, la baja era obligatoria, por lo que no había duda, pero Borja podía cogerse solamente las seis primeras semanas. “Somos autónomos y tenemos un negocio muy personal que requería que cerráramos un tiempo el restaurante para poder vivir este momento”, explican. Fue Borja quien insistió en cerrar los meses de agosto y septiembre, lo que supuso una sorpresa para el sector y para sus clientes, sobre todo porque era plena temporada alta. Ahora Clara lo agradece: “yo no sabía lo que representaba dar a luz y todo lo que viene después. Ahora creo que esos primeros momentos sin Borja probablemente me hubieran generado una depresión posparto”, reconoce. Fue una decisión de vida de la que no se arrepienten. Borja incluso quería cerrar más tiempo: “yo estaba dispuesto a coger alguna asesoría que me hubiera permitido estar más en casa, yo me hubiera planteado incluso cerrar 6 meses. En mi caso pesó mucho el hecho de que mi padre muriera con 44 años y yo tenía muy claro que no quería ser un padre ausente”. ¿La otra cara de la moneda? Cerrar durante dos meses supone renunciar a ese extra que representa el verano en términos económicos. Aunque afortunadamente ellos llenan todos los días, en el periodo estival tienen dos mesas más en la terraza.
Borja a menudo afirma que moriría con el mandil puesto, pero ahora sus prioridades han cambiado. “Para poder criar a mi hijo sería capaz de dejar la gastronomía y dedicarme a lo que fuera necesario para poder pasar más tiempo con él”, reconoce. “Cuando estábamos en casa con el restaurante cerrado sentí que me daba igual Tula. Creo que no solamente hay que hablar de la conciliación, sino también de cómo cambia la vocación cuando se modifica tu situación personal. Ser padre es un vuelco de realidad. A mí no solo me ha cambiado como persona sino también como cocinero, me ha hecho comprender que la cocina es mi trabajo y tengo la suerte de dedicarme a ello, pero que no es mi vida la que tiene que adaptarse a la cocina”.
Su último servicio antes del nacimiento de Pablo fue el 30 de julio. Clara trabajó hasta ese día, porque se encontraba bien. “Un embarazo activo es esencial porque te hace sentir mejor y te prepara para el parto”. Reabrieron Tula en octubre. “En nuestro caso el sacrificio inicial indudablemente fue por mi parte. Por mucho que queramos es difícil cambiarlo, porque hay una demanda de la madre en ciertos momentos que forma parte de la naturaleza humana”, explica Clara a Guía Hedonista. “Es algo físico”, añade Borja. “En mi caso se redujo mucho mi productividad profesional, aunque no mi implicación en Tula en términos diarios. Yo pasaba mucho tiempo con Pablo, lo traía al restaurante y Margarita lo recogía a las 12 y media de la mañana, antes de que comenzáramos el servicio”.
Margarita es una pieza fundamental en su ecuación. “Es la cuidadora de Pablo y es un privilegio, una bendición y una maravilla”, explican. Solamente tienen elogios para ella, porque reconocen que si ella no se hubiera ofrecido, habrían tenido que recurrir a la abuela materna más de la cuenta “y nosotros no queríamos cargar de esa responsabilidad a los abuelos, porque para ellos la jubilación debería ser un momento de descanso, no para criar a un bebé”. Borja habla de Margarita como parte de la familia. “Yo tampoco quería que otra persona criara a Pablo, ella tiene tiempo y se adapta a nuestras circunstancias, que no son las normales”. Pablo empezó a ir a la guardería con 18 meses.
Les pregunto si cambiarían algo, si hubieran hecho algo diferente. “Ahora que lo veo con perspectiva, me hubiera gustado tener más tiempo para recuperarme, quizá con una incorporación más gradual o no trabajar las noches. Sobre todo por un tema mental, porque es un momento de mucho baile hormonal, de afrontar muchos miedos, de no dormir… No es un cóctel propicio para pretender recuperarte y volver de 0 a 100 como fue mi caso”. Dos años y medio después de ser madre, Clara asegura que se va restableciendo, pero que el cansancio crónico no se va.
Clara asegura que se va restableciendo, pero que el cansancio crónico no se va
Desde que nació Pablo, ambos confiesan que les pesa trabajar por las noches. “Una vez que duermes al niño, la idea de volver a irte a trabajar es dura”. Desde hace unos meses, Pablo ya va siendo consciente y, cuando le bañan por la tarde, les dice: “a Tula no”. Sabe que Tula es un lugar en el que sus padres “desaparecen”. A la vez, entienden que eso forma parte de la vida, que todos nos hemos criado con padres trabajando, aunque la mayoría vuelven a casa a media tarde. “Este ritmo a contracorriente del resto del mundo, según en qué etapas de la vida, te supone replantearte muchas cosas. Yo también soy hija de padres que han estado trabajando mucho y tengo pocos recuerdos jugando con ellos”, explica Clara, que acaba de cumplir 38 años. “La maternidad te remueve muchas prioridades y te cambia mucho el chip”.
Les pregunto qué se plantean de cara al futuro. “Tula es un restaurante muy personal, no sería lo mismo sin Borja y sin Clara”. Ellos son el alma. “Yo me quedaría muy a gusto por las noches cuidando de Pablo y que diera el servicio otra persona del equipo de cocina, pero Tula a día de hoy no nos permite esa posibilidad. Hemos decidido ir paso a paso y año a año, porque a las bravas supondría cerrar Tula y es algo que ahora no queremos”, justifica Borja. Tampoco se plantean cerrar por la noche, ya que es un grueso importante de su facturación, “aunque serían sustituibles si tuviéramos más espacio en la sala”. Fuera de temporada, en Jávea el mediodía está más castigado que las noches, cuando tienen una clientela de extranjero residente o vacacional. Ellos cierran tres días a la semana (de domingo a martes) y saben que es la manera que tienen de ser competitivos por el tema de la contratación del personal.
Todo está cambiando, hasta los horarios en la hostelería. “Ya estamos viendo cómo se van redefiniendo los conceptos: va a haber restaurantes que se van a posicionar más en la mañana, ya que estamos en una buena zona en la que explorar y desdibujar la estrechez de la cocina más gastronómica. Es posible abrir a las 9 de la mañana y cerrar a las 5 de la tarde, en Jávea hay varios ejemplos”, nos explica Borja.
“Entre colegas de profesión escucho cada vez más la opción de cambiar de oficio cuando llega la maternidad o la paternidad. Aunque quienes ya tenemos nuestro propio negocio no nos planteamos la opción de volver a trabajar por cuenta ajena”, reconocen. “La hostelería es muy sacrificada de cara a tener familia. Afortunadamente nosotros trabajamos juntos, porque si estuviéramos en restaurantes distintos, esto sería imposible”. Borja nos recuerda el caso de Comparte Bistró, el restaurante madrileño que cerró sus puertas en 2025 porque Charlotte y Mario decidieron ser padres. “Tus sueños cambian cuando llega otra persona a tu vida. Sientes algo tan profundo que te afecta de una manera tan fuerte que si no varías lo conductual, te puede generar una insatisfacción terrible”, reconoce Borja. “De repente aparece un área en tu vida en la que quieres ser el mejor: el mejor padre, la mejor madre. Las energías que antes enfocabas en encontrar el último cuchillo ahora las inviertes en encontrar el mejor libro de crianza. Si me das a elegir, yo ahora mismo prefiero ser el mejor padre que el mejor profesional”.